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El darwinismo es un fake

Me gusta preguntar a los jóvenes: ¿Sabes que Darwin estaba equivocado con su teoría de la evolución? Me miran, se ríen, y mascullan: ¿Y entonces? La misma cara que cuando le digo a un comunista: ¿Sabes que el marxismo no es científico? Los factores de la teoría de la evolución son las mutaciones genéticas accidentales, y la selección natural del más apto. El filósofo Karl Popper se reía un poco así: "No parece haber mucha diferencia -si es que la hay- entre decir 'los que sobreviven son los más aptos' y la tautología 'los que sobreviven son los que sobreviven'." (Popper , Conocimiento objetivo: un enfoque evolucionista).

Las teorías tautológicas tienen nulo poder explicativo, y Popper, al que le gusta, no obstante, la teoría darwinista, la termina calificando de "programa metafísico de investigación". Pero en el darwinismo no hay un falsador potencial respecto al éxito del superviviente (puede sobrevivir un fuerte tanto como un débil), o sea, la teoría no es contrastable. Ante la evidencia de la evolución, no obstante, Popper, que es antivitalista, sospecha que la evolución de las especies no es pasiva, sino que además es activa, el ser vivo procura adaptar el medio a sus intereses, programa científico que, con la tesis del fenotipo extendido, ha perfeccionado el neodarwinista Richard Dawkins. Popper se ve obligado a dar una solución compleja y, diríamos, igual de tautológica: "Es el organismo el que elige, el que está activo. Puede decirse que ambas interpretaciones son ideologías, interpretaciones ideológicas del mismo contenido objetivo. Podemos preguntarnos: ¿hay algo que una de las dos interpretaciones permita explicar mejor que la otra? Creo que sí existe. Yo la describiría brevemente como la victoria de la vida sobre su entorno inanimado" (Popper, Knowledge and the shaping of reality. The search for a better world).

Permítanme que me ría de los esfuerzos de Popper de salvar una teoría que, antes que nada, es evitacionista de todo aquello que no sea el azar, la disculpa perfecta del científico gandul. Ya estamos en el siglo XXI, y las incógnitas aumentan febrilmente. Ya desde un punto de vista social, historicista, vemos que detrás de la teoría darwiniana está Darwin como una marioneta al servicio de una comunidad científica, Huxley, Dalton Hooker, Herbert Spencer, John Tindall, de la Royal Society y fundadores del X-Club y la revista Nature, una poderosa confluencia de intereses de principios de siglo XX, cuando la eugenesia avanzaba y precisaba de una teoría como la darwinista. Darwin veía estados evolutivos inferiores en los pueblos salvajes, los negros y las mujeres (este entuerto evolutivamente demeritador de lo femenino lo deshizo una discípula de Darwin, Antoinette Brown Blackwell).

Darwin proponía la eliminación de los inadecuados entendiendo que "en la cría de animales domésticos es elemento muy importante de buenos resultados la eliminación de aquellos individuos que, aunque sea en corto número, presenten cualidades inferiores". Leer a Darwin es como leer la Biblia (o libros religiosos mucho peores), en la que creemos que está descrito Dios todopoderoso y benevolente, y encontramos a Yavéh, un despiadado asesino de masas que ordenar lapidar mujeres y matar a hombres que yazcan con hombres. A lo largo de los años, en el siglo XX, se tuvo que construir la Teoría Sintética Moderna (la evolución es un proceso gradual de sustitución de alelos, y el genoma sólo es la materia prima), y la Genética de Poblaciones salió en defensa de la Selección Natural darwiniana. Han surgido varios problemas inconclusos: la ley ontogenética, con campos morfogenéticos que interaccionan a un nivel celular, pero con "algo" que tiene en cuenta el lugar del organismo en el que están; o el dilema de Haldane que hacía cálculos sobre la sustitución de alelos y el tiempo de sustitución era tan grande que llevaba a la extinción de la especie; o la indefinición de las transiciones de los procesos graduales, que realmente se presentan como saltos cuánticos. Máximo Sandín, Doctor en Bioantropología, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, en la revista Arbor (Noviembre 1997) decía: "cada vez son más los mecanismos y procesos biológicos que tienen difícil encuadre en la Teoría Sintética. Los elementos móviles, las secuencias repetidas, los genes homeóticos, las secuencias reguladoras... Todo esto, sometido a nivel celular, a un complejísimo control de proteínas que revisan y reparan los errores de duplicación, que controlan el correcto funcionamiento celular y que se autoregulan entre sí. A nivel de desarrollo embrionario, por campos morfogenéticos que controlan con increíble precisión el proceso espacial y temporal de la formación de tejidos y órganos y que son capaces de corregir accidentes y reconducir el proceso. Y a nivel orgánico, por sistemas neuroendocrinos de regulación que relacionan los tejidos y órganos entre sí, bajo la protección de un complejo sistema inmunitario con una sorprendente capacidad de respuesta a agentes extraños".

Y todo esto se quiere explicar con el azar de las mutaciones, algo parecido a pretender que si hoy diseñamos un robot éste evoluciona enfrentándose al medio porque los rayos cósmicos van modificando su diseño original. Hace unas pocas semanas oí a un ingeniero francés, enfrentado académicamente a los oficialistas, que como siempre contestan con risa (nerviosa) pero sin argumentos más que su creencia en un paradigma inamovible: el ingeniero decía que sólo hay que esperar treinta años para que los científicos de la comunidad oficialista se vayan muriendo, y ya los nuevos ven las novedades sin que les parezca haber estado entregados toda una vida a algo que terminó siendo falsado o sustituido.

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