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Cine | IX Muestra de Lanzarote

La fortaleza del cine gallego

Algunas de las multigalardonadas producciones gallegas se han convertido, desde hace poco más de una década, en punta de lanza del cine español más innovador y combativo. Y no solo porque en su seno late con fuerza una corriente imparable de modernidad empeñada en encontrar sus propias señas de identidad, sino porque afronta temas particularmente vidriosos en el ámbito político y social, empleándose a fondo en un lenguaje cinematográfico que huye, como del sarampión, de soluciones narrativas fáciles y ajenas por tanto a la gramática fílmica más desleída y convencional.

Sin ir más lejos, el año pasado, en esta misma Muestra, pudimos ver en el apartado competitivo Trote, de Xacio Baño, una de las grandes sorpresas que nos deparó aquella interesante edición, ante cuyas impactantes imágenes volvimos a encontrarnos ante una realidad palmaria: que en Galicia el talento cinematográfico tiene, en efecto, un color especial que lo hace virtualmente diferente al que brilla en otras cinematografías regionales. Tal vez eso explica su presencia cuasi permanente en las grandes citas cinematográficas europeas y el largo rosario de distinciones que sigue cosechando en los grandes festivales europeos.

Pues bien, el estreno hoy en la Muestra de Longa noite, de Eloy Enciso, tras haber obtenido el Premio de la Fipresci (Prensa Extranjera) a la Mejor Dirección en el festival de Locarno y la Mención Especial del Jurado en Mar del Plata, constituye una nueva oportunidad de confirmar la fortaleza actual de la que goza esta cinematografía y la heterodoxia con la que afronta asuntos tan candentes en el contexto político español como el del franquismo. En su segundo largometraje, Enciso vuelve a mostrar la misma tendencia hacia el cine atmosférico, sombrío, crudo y evocativo de Arrianos (2013), su opera prima, un cine que sugiere más que narra un universo constantemente atravesado por el realismo mágico y por la persistente presencia de la Guerra Civil en la memoria colectiva de un pueblo doblemente fustigado por la historia.

Sus personajes viven anclados en la oscura realidad de la posguerra mientras intentan explicarse a sí mismos el porqué de la sinrazón que los ha conducido a un situación sin salida. No hay por tanto respuesta, ni explicación posible, sino una enorme confusión en la que se entremezclan el pasado y el presente con un futuro absolutamente desconcertante. Aunque enormemente triste, Longa noite es una formidable película "histórica" que participa de ese afán colectivo por aportar más luz al oscuro y sombrío paréntesis que marcó el final de la contienda y el largo periodo de silencio, represión y muerte que precedió la llegada de nuestra Transición política.

Wan Mei Xian Zai Shi, de Shengze Zhu, una coproducción de más de dos horas de duración entre Hong Kong y Estados Unidos, completará esta tarde el tándem de películas a concurso, brindándonos la ocasión de confrontar desde una posición entre cáustica y fiscalizadora una realidad que se ha colado como un fenómeno viral en el corazón y el cerebro de nuestra civilización para armonizar nuestras vidas, según unos, y para alienar definitivamente nuestra existencia, según otros. La película refleja, con cierto distanciamiento crítico, cómo pueden influir en los modos de vida del hombre contemporáneo las nuevas plataformas digitales concediéndoles visibilidad a quienes por su condición social, económica o física, nunca la tuvieron.

Muy cercana a la idea del filme-encuesta, Wan Mei Xian Zai Shi es una cinta que busca escarbar en la conciencia individual y en los efectos globales de unos hábitos ampliamente extendidos en el universo tecnológico que, para bien o para mal, nos ha tocado vivir a todos los que podido atravesar el umbral del silo XXI. Posiblemente quede muy lejos de ser la película definitiva sobre el tema, pero aporta, sin embargo, ciertas hipótesis de trabajo que no son nada desdeñables.

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