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CONTEXTOS DE ARTE

Monerías

Monerías

Cuando a finales de 2019 el cuadro del Parlamento británico de Banksy fue vendido por más de nueve millones de libras, supuso una conmoción. No sólo por el alto precio alcanzado en la subasta, sino también por la identificación de los políticos ingleses como una panda de simios, y por el texto que acompañaba al cuadro en la subasta, donde se indicaba que la obra "ofrece una visión premonitoria de la cada vez más tumultuosa política en el Reino Unido contemporáneo".

La identificación del mono como alter ego del hombre es algo que ya se reconocía desde antiguo. Y la capacidad de estos primates para la emulación, fue tenida como un entretenimiento en la Europa de los siglos XV al XIX, por lo que era habitual encontrarse con estos animales en los hogares acomodados de este momento, donde sus piruetas y ocurrencias eran advertidas con gran simpatía. También es en este momento, en especial en el siglo XVII, cuando diversos pintores asentados en Amberes los tomaron como protagonistas de sus composiciones, poniéndolos en la piel de los humanos. Estas escenas pasaron de ser meras representaciones de la realidad cotidiana a ser sátiras del comportamiento humano. Estas monerías tuvieron mucho éxito y es fácil encontrar escenas donde los monos están en la escuela, ejercen de zapateros, barberos, soldados o están fumando y bebiendo en antiguos mesones, era cuestión de tiempo que traspasaran al ámbito de gobierno como ha hecho Banksy.

La identificación del hombre con animales, o la atribución de cualidades humanas a los animales, es una constante a lo largo de la historia visual y literaria europea. Ahí están las Fábulas de Esopo y de Iriarte; los Caprichos de Goya, donde los asnos asumen las actividades que antaño tenían los monos para estas escenas; Boulle con su Planeta de los simios y posterior adaptación cinematográfica; Andrew Lloyd Weber con Cats; y todos reconocemos al famoso ratón creado por Walt Disney, o sus célebres películas donde los animales son los que actúan como una sociedad civilizada.

La imagen del mono ha ido variando a lo largo de la historia. Para el antiguo Egipto era la representación del dios del inframundo; en la Edad Media se le vinculaba con el pecado al verse como una degradación del ser humano, y es en la Edad Moderna, cuando a través de sus habilidades de imitación, se ven como una parodia del hombre. Aspecto, por otro lado, aprovechado por la prensa escrita desde hace siglos para recrear sus ilustraciones satíricas.

Si Banksy tiene que volver a recurrir a esta metáfora del hombre para recrear en qué se ha convertido uno de los paradigmas occidentales de la democracia como es el parlamento británico, con ese "traspaso de gobierno" (así se denomina el título de la obra en inglés Parliament devolved, aunque en origen, en 2009, cuando fue realizada la obra, el autor había propuesto por título "turno de preguntas" Question Time), me pregunto a qué tipo de animal tendría que recurrir para representar el escenario español. Los precedentes con Goya están claros, cuando en su serie de los Caprichos recurre a las "asnerías" para representar de forma satírica la defectuosa educación de los niños en España a finales del siglo XVIII. Goya buscaba apuntar las consecuencias de una mala educación e instrucción en los niños, la importancia de tener a un buen maestro para superar supersticiones y tener pensamiento crítico, de forma que las nuevas generaciones puedan construir un futuro mejor para ellos y su descendencia. Esto tan vanguardista en el siglo XVIII ha quedado obsoleto en los últimos meses, pues parece que para la sociedad española actual la educación ha pasado a un muy segundo plano. Sí, es verdad que estamos viviendo una situación sanitaria sin precedentes. Es normal que las primeras medidas hayan sido de miedo y se optara por el cierre de colegios, confinamiento, etc., pero ya pasada la gran tormenta, y en el periodo de calma vivido los primero meses de este verano, se echa en falta una coordinación. La educación es un bien de primera necesidad, y en algunas familias la única alternativa que tienen de salir de una dura realidad; pero mientras un país siga viéndola como algo accesorio y sobre la que se puede improvisar cualquier cosa, "al fin y al cabo son niños", me temo que cada vez será más premonitorio el lienzo de Banksy.

Ana Diéguez-Rodríguez. directora del Instituto Moll

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