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Teatro

La humanidad a la deriva

Teatro La República celebra su 25º aniversario con la adaptación de 'San Juan', de Max Aub, un relato del exilio y las minorías, en la reapertura del Cuyás los días 25 y 26

La humanidad a la deriva JUANI RODRÍGUEZ

"Nosotros hacemos teatro político y social, y en el histórico de los textos que hemos trabajado está nuestra marca". Teatro La República es caso aparte en la escena canaria, y la reflexión de su director, Nacho Cabrera, tiene que ver con el nuevo envite escénico, San Juan, de Max Aub, que se estrena en el 25º anivesarsario de la compañía grancanaria. Un billete para subir a un barco carguero que antaño transportaba animales, y que se presenta como contenedor de las miserias del ser humano.

Estamos en 1938, y un grupo de judios que ha sido expulsado de distintos países navega a la deriva en este buque de nombre San Juan, sin puerto de destino porque nadie quiere dar abrigo a la embarcación y a sus tripulantes. Con este argumento, el escritor Max Aub (París, 1903-Ciudad de México, 1972) publicaba en 1943 la pieza teatral San Juan, una metáfora sobre las minorías focalizada en la comunidad judía, alegoría sobre el exilio que La República pone en escena el 25 y 26 de septiembre en el Teatro Cuyás, en la reapertura de temporada.

"La obra fue un empeño entre el Teatro Cuyás, a través de su director artístico, Gonzalo Ubani, y nosotros, porque coincidían dos aniversarios estupendos: el 20º aniversario del Cuyás y el 25º de La República. Nos pusimos con la idea hacer algo grande, y siempre había estado en nuestra agenda trabajar con Max Aub", explica Nacho Cabrera, director de la compañía y responsable de la adaptación que se estrena el Cuyás.

Un elenco de actores y actrices como Miguel Ángel Maciel, Efraím Martín, Toni Báez, Abián de la Cruz, Idaira Lermo, Sara Álvarez y Saulo Valerón; además de un coro que, con dirección de Maite Robaina, cuenta con el concurso de Mariola Rodríguez, Daniel Molina, Eduardo Purriños, Héctor Rodríguez de Armas, Jennibel Hernández, Esther Suárez y Victor Batista, participan en esta produccción que el Teatro Cuyás había programado los pasados 29 y 30 de mayo, y que abortó la pandemia.

Un revés que dejaba casi huérfana a La República de cara al estreno. "Nos coge la pandemia y nos parte por la mitad. Todo quedó en el aire, el barco a medio construir en unas naves,...", lamenta Nacho Cabrera. Pero el confinamiento fue también una oportunidad para "ir refrescando el texto" hasta que llegó la invitación del Cuyás para inaugurar la temporada. "El parón nos sirvió para hacer otra lectura del texto porque en el fondo estamos hablando de un barco en el que viajan hacinados judios, y durante casi dos meses estuvimos todos hacinados en casa", reflexiona el director. La obra tiene su proyección en la actualidad, no solo por el confinamiento, sino por otra crisis, la migratoria, y en este caso a cuenta de un barco que navega sin un puerto de destino que reciba a sus ocupantes.

"Es una historia que sucede en 1938 pero la queremos contar desde hoy, desde el Mediterráneo y el Atlántico", subraya Cabrera. La condición de judio es la que marca el destino de los tripulantes del San Juan, pero tal como apunta Nacho Cabrera, "cuando Max Aub escribió el texto hablaba de las minorías perseguidas, pero también cómo esa minoría es capaz de masacrar a los suyos. Y es algo que acabamos descubriendo, cómo por escapar de ese barco son capaces de cualquier cosa, jugar con las mismas armas que los nazis usaban contra ellos, y que hoy estamos viendo contra Palestina".

"Lo peor del ser humano"

En el texto de Max Aub "aflora lo peor del ser humano", y no ha resultado fácil llevarlo a escena. Recuerda Nacho Cabrera que "esta obra solo se había representado con anterioridad por el Centro Dramático Nacional hace más de veinte años con dirección de Juan Carlos Pérez de la Fuente", y en esta versión el peso del montaje recae en los actores. "Se desdoblan en tres o cuatro personajes, pasan de ser del abusador al abusado, todo con una facilidad terrible".

Es sin duda, a juicio del director, "uno de los montajes más físicos de los 18 espectáculos que hemos hecho, un esfuerzo en escena brutal". Son ocho actores y actrices en el escenario, "siete más el barco, porque el barco tiene su historia, es un mastodonte de más de 1.000 kilos que lo mueven los actores, son ellos los que bailan con el barco, es hierro contra hierro, y eso lo hemos tenido que aprender".

Trabajar un texto de Max Aub era un asunto pendiente. "No teníamos la fórmula de cómo hacerlo, como antes estuvo Bretch, Jerónimo López Mozo, Yolanda Pallín, Borja Ortiz de Gondra o Juan Mayorga, que es un referente, y en todo ese corpus faltaba una pieza fundamental que era Max Aub", asegura Nacho Cabrera.

Una producción que alumbra un aniversario que cuesta asimilar. "Han sido 25 años que uno no sabe donde los ha metido", bromea Cabrera. "Cuando hicimos Chatarra (1997) sabíamos que el camino iba a ser duro, asi y todo hicimos muchísimas funciones, era un montaje novedoso con un coche encima del escenario y dos tipos que huían del gran hermano, y hemos tenido de todo: montajes que se han quedado en nada por distintas razones y otros con recorrido como Ciudadano Yago (2013)".

Y es que, según el director, "La República tiene su marca, de ahí no nos podemos bajar, y el nombre de la compañía es determinante de lo que somos, y a partir de ahí hay una filosofía de trabajo".

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