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Letras | Festival Hispanoamericano de Escritores

El fotógrafo que mira a los escritores

El argentino Daniel Mordzinski retrata a los invitados de la cita palmera y repasa su carrera

El fotógrafo que mira a los escritores

Maestro del retrato y corazón de letraherido, el fotógrafo argentino Daniel Mordzinski (Buenos Aires, 1960), rebautizado a escala global como el "fotógrafo de los escritores", deshoja en su mirada las páginas de cada retratado antes del disparo. Y el resultado visual es su alma cristalizada en el encuadre como un libro abierto y enigmático.

En el espejo de sus más de cuatro décadas de trayectoria se han mirado los grandes nombres de la literatura universal de punta a punta, donde el listado es tan interminable como la historia: Gabriel García Márquez, Manuel Vázquez Montalbán, Ernesto Sábato, Juan Gelman, Ida Vitale, Ricardo Piglia, Roberto Bolaño, Leonardo Padura o Elena Poniatowska, entre cientos más.

Su presencia como invitado de la tercera edición del Festival Hispanoamericano de Escritores se ha desdoblado en dos direcciones: por una parte, los participantes han podido escuchar en su propia voz las vivencias y anécdotas del mayor álbum de fotos de los mejores literatos del mundo; y por otra, muchos de los invitados del encuentro han posado ante la cámara del artista bonaerense en distintos paisajes naturales de la isla bonita.

Esta maratón de retratos apodados fotinskis, memoria gráfica de esta tercera entrega junto al gran archivo perpetrado por el palmero Juancho García, fotógrafo oficial del festival, y la alemana Stefania Mucci, becada por el Centro de Fotografía Isla Bonita y la Escuela de Fotografía de Los Llanos de Aridane, culminó ayer con el Encuentro con Mordzinski ante un público conformado por escolares, invitados y vecinos, donde el artista desandó una laureada carrera que despegó en 1978, en plena dictadura militar, con un primer retrato al insigne Jorge Luis Borges, para entonces imponente poeta ciego, con una cámara prestada de su padre.

Su comparecencia ayer fue su primera aparición pública desde el paréntesis del confinamiento y quiso dedicársela a "mi hermano Luis Sepúlveda", el célebre escritor chileno radicado en Gijón, "fallecido ese terrible 16 de abril por un maldito virus". Cuenta el fotógrafo bonaerense que hasta donde alcanza su memoria "siempre estuve vinculado a la creación de las palabras". "Poesía, novela y cuento eran los territorios de mi fantasía", expuso. "Y he aprendido a ver en cada autor un mundo, más allá de su obra y su bibliografía. En ese sentido, creo que mi trabajo tiene el espíritu de los cuentos de Chéjov, donde cada personaje, por secundario que pudiera parecer en la sociedad, tiene una vida que contar".

“He aprendido a ver en cada autor un mundo, más allá de su obra”, declara el artista argentino

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Apenas contaba 18 años cuando sus ojos se cruzaron con un Borges ciego en la luz oblicua de la Biblioteca Nacional y rubricó el primer retrato de un archivo literario que ya es leyenda. Aquel 1978, la dictadura militar había cerrado las puertas de la Universidad de Cine de la Plata y de la Facultad de Letras de Buenos Aires, primeras apuestas formativas de Mordzinski, lo que hizo girar sus pasos hacia la Escuela Panamericana de Arte, donde trabó amistad con un profesor, el realizador Ricardo Wullicher. "A ambos nos unía la pasión por la lectura y el cine", reveló el fotógrafo sobre quien le embarcara entonces como segundo ayudante para la dirección del documental Borges para Millones. En su primer encuentro, el diálogo íntimo que trenzó con el autor de El Aleph, uno de sus referentes literarios, mientras buscaba el encuadre preciso, inauguró una manera de encarar el proceso creativo que se alarga hasta el presente. "Borges me preguntó mucho sobre mis impresiones sobre su genial obra y yo empecé a sentirme cómodo en las conversaciones con escritores", expuso Mordzinski. "Pero después de ese día, anoté en mi diario la primera lección que aprendí en este trabajo: que la humildad es un rasgo fundamental del artista, que fue lo primero que me transmitió Borges".

Sin embargo, un año después, el fotógrafo supo que para desplegar las alas tenía que surcar otros cielos, y aduce que "yo pertenecí a una generación que no sabía si quería ser astronauta, escritor o artista, pero soñaba con que cualquiera de esas profesiones fuera en París". Sus comienzos en la efervescencia parisina resultaron "difíciles y solitarios", sin referentes familiares ni amistades, más allá del sueño de la Maga y Oliveira en las arterias de la ciudad donde se dedicaba a fotografiar mendigos, en lugar de escritores, para costear su exiguo apartamento.

Cuando llegó su primera exposición fotográfica en París, saltó al vacío e invitó a Julio Cortázar a través de un mensaje breve en su buzón de voz. Y el autor de los cronopios y famas, sin conocerlo, acudió; segundo rostro de una sucesión continua de rostros para la eternidad, que aloja detrás decenas de maravillosas historias como esta, hasta hoy. Al final del encuentro, un estudiante le preguntó: “Pero al final, entre cine y literatura, ¿por qué la fotografía?”, a lo que Mordzinski respondió: “La respuesta está en las imágenes”.

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