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La penúltima palabra

Futuro necesario

Chris Marker, ‘La Jetée’ (1962).

Chris Marker, ‘La Jetée’ (1962).

Futuro necesario

Futuro necesario

“Habrá tiempo, habrá tiempo de preparar una cara para encontrar las caras que encuentres”

T. S. Eliot

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No se entiende muy bien la insistencia recurrente de tantos representantes de la doxa, opinadores, periodistas, expertos, en calificar el futuro de incierto. Menudo pleonasmo: si es futuro, entonces es incierto, obvio, y si no es incierto es presente.

Desde hace algunas décadas se habla de regímenes de historicidad para hablar de la relación de la Historia con el tiempo y últimamente ha sido dominante el denominado presentismo, bajo la hegemonía del presente. Como en Las Confesiones de Agustín de Hipona, en donde se habla de presente del pasado (memoria), presente del presente (atención) y presente del futuro (espera). Presente es el tiempo de la lengua que permite definir yo como la persona que dice yo, aquí y ahora. Presente es el tiempo de la moda, que siempre considera el pasado horrible y el futuro, muerte. Moda es hermana de Muerte, ambas hijas de Caducidad (Leopardi).

Lejos, muy lejos, queda aquel grito punk de los Sex Pistols No future, que ha sido sustituido por los de Greta, nueva Tiresias, que, en cambio, declina un futuro perfecto (que denota una acción futura ocurrida con anterioridad) dando la impresión que viene del más allá.

Ya todos hablan de futuro, o mejor de futuros, y las tendencias miran al mañana pergeñando anticipaciones. Futuros plausibles, futuros probables pero también figurados, figurativizados, preferibles y soñados. Como sabe la semiótica, la ignorancia del futuro permite atribuir un significado a todo. Si casualmente acaece algo, es visto como lo único que podía acontecer; la imprevisibilidad es sustituida en la conciencia del observador como regularidad y lo sucedido es proclamado lo único posible, fundamentalmente, históricamente predeterminado (Lotman). Lo no sucedido, entonces, deviene imposible.

Hay quien dice que tras la modernidad y la posmodernidad viene el Antropoceno (Latour). Para algunos, sin embargo, su origen coincide con las nocivas emisiones CO2, aunque para otros cuando aparece el Homo Sapiens tan destructor él.

Cuando el pasado no acaba jamás, el futuro está en condiciones de renacer.

Fuere perfecto o imperfecto el futuro se nos presenta necesario.

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