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Canarismos

¡Dios nos coja confesados!

¡Dios nos coja confesados!

¡Dios nos coja confesados!

De entre los dichos que forman parte del acervo popular isleño, buena parte de ellos poseen una marcada influencia religiosa o recogen las creencias de la comunidad que los construye o asume como propios, cuando estos tienen un origen foráneo o universal. Es el caso de los proverbios con enunciados de inspiración bíblica, portadores de un mensaje adoctrinante y que tienen casi siempre a Dios como protagonista o simplemente guardan la intención de transmitir una enseñanza general; otras veces nos encontramos frente a simples modismos o expresiones al uso que, sin vocación pedagógica, tienen encaje en situaciones ordinarias. Es el caso de la exclamación: ¡Qué Dios nos coja confesados!

Aunque de uso general en castellano, se ha integrado con naturalidad en el repertorio fraseológico isleño. Se trata de una oración exclamativa a la que se recurre cuando se advierte o espera una amenaza o amonestación en respuesta a una actuación del hablante. O bien cuando se está ante un acontecimiento o situación de negativas e inevitables consecuencias. Es, pues, una expresión que denota impotencia y resignación por una circunstancia dada de la que solo podríamos “escapar de milagro” (o “escapar de manganilla”). En tal sentido puede ser intercambiable o acompañar a las locuciones: “¡Qué sea lo que Dios quiera!” o “¡Dios nos libre!”. En determinados ambientes y entre personas creyentes no resulta extraño que el uso de cualquiera de estas pueda ir acompañado con el gesto de santiguarse o de hacer ademán de la señal de la cruz. La frase recurre al nombre de Dios como advertencia de lo que está por venir de manera inminente, es decir: “la que nos puede caer encima”. En sentido figurado se recurre a la invocación del divino y la necesidad de “confesión” vaticinando un mal de extrema gravedad. Una construcción hiperbólica en sumo grado, sobre todo si se considera que se suele hacer uso de ella ante situaciones más o menos triviales, entonándose con cierta ironía; o cuando se pronuncia en ocasiones de mayor gravedad y rigor, pero sin llegar al fatal desenlace que puede deducirse de la imagen metafórica sobre la que se construye. Esto es, el escenario del fin de los días en el que irremediablemente –según la cristiana creencia– tendremos que comparecer y rendir cuentas ante el Padre eterno. De ahí la imperiosa necesidad –conforme al Catecismo de la iglesia católica– de que acudamos a este encuentro con el Altísimo libre de pecados, libre de culpas («nos coja confesados»). Ya que la invocación a este sacramento se relaciona con el arrepentimiento, la misericordia, la absolución de los pecados y la expiación o penitencia como acto retributivo. Así las cosas, se planea la duda de si el fundado o infundado temor que simbólicamente expresa la literalidad de la frase tiene más que ver con la severa reprimenda o punición inminente que con la comparecencia ante el Creador (el mismo Dios que, conforme a los cánones: «premia a los buenos con el cielo y castiga a los malos con el infierno»). Pero más allá del sentido recto utilizado, el recurso a esta expresión se justifica hoy sobre todo cuando por el hablante se augura o se vislumbra una situación de dificultad inminente que con carácter general nos amenaza.

Entre las expresiones que se sitúan en los linderos semánticos de la comentada se registran algunos que aluden a la misma figura divina. “¡Dios nos libre y guarde!”, que expresa temor por una situación incierta o algún mal que pueda suceder; “¡Quiera Dios, madrina!”, que manifiesta el deseo de que las cosas salgan tan bien como se esperan. O cuasisinónimos tales como: “¡Más vale que te embarques!”, que se pronuncia en tono grave y de advertencia y previene a quien ha hecho algo malo o se ha metido en problemas a “que se prepare” porque “le va a caer una buena” o invitándole a que “desaparezca” (“¡Piérdete del mapa!”). “¡Amárrate/agárrate los calzones!”, que se usa en las islas como advertencia o admonición frente a un castigo o reprimenda inminente, y es intercambiable por las formas abreviadas “¡agárrate!” o “¡prepárate!” (“¡Porque se te va a caer el pelo!”).

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