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Exposiciones

Ángel Sánchez y las alas del poema

El CAAM inaugura una muestra retrospectiva que engloba un centenar de obras de poesía visual del Premio Canarias de Literatura 2018, creadas entre 1974 y 2019

El poeta, narrador, traductor y antropólogo Ángel Sánchez, en la inauguración de su muestra retrospectiva en el CAAM.

El poeta, narrador, traductor y antropólogo Ángel Sánchez, en la inauguración de su muestra retrospectiva en el CAAM.

El origen etimológico de la palabra poesía nace del término griego poēsis, que significa “creación o construcción de la nada”, y que el diálogo de Platón en El Banquete define como un proceso creativo o de transformación de no-ser a ser. Y esta es la raíz de la poética del escritor, poeta, traductor y antropólogo Ángel Sánchez (Gáldar, 1943), distinguido con el Premio Canarias de Literatura en 2018 y referente nacional en el género de la poesía visual, donde pulveriza el abecedario entero para recortar en el vacío nuevas formas con las letras, mientras recuerda que “la huella del ser fue el primer poema visual que se imprimió en el mundo”.

El Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM) inauguró la pasada semana la gran exposición homónima Ángel Sánchez, dedicada a su trayectoria por los senderos de esta disciplina milenaria y, a un tiempo, desconocida, que el autor cultiva en múltiples formatos desde hace más de medio siglo. Esta muestra retrospectiva engloba una selección de un centenar de obras, que resulta de una criba de alrededor de 700 piezas fraguadas desde 1974 hasta 2019, bajo el comisariado del historiador, crítico y director de la Casa-Museo León y Castillo de Telde, Franck González.

Ángel Sánchez y las alas del poema

Profundo conocedor de su trayectoria creativa, González capitaneó la primera exposición retrospectiva del artista en este campo junto a Mari Carmen Vila en 1992, titulada Ángel Sánchez: Poesía Visual (1971-1991) y exhibida en el desaparecido Centro Insular de Cultura (CIC), en la capital grancanaria, que descubría por vez primera su colección de poemas-objeto y cachivaches de visualizaciones poemáticas, expuesta en vitrinas de metacrilato o bandejas blancas. Ahora, esta nueva antología artística, que inunda la primera planta del edificio principal del CAAM a partir de “un trabajo extraordinario de selección”, en palabras de Sánchez, incorpora los casi 30 años sucesivos de creación en las coordenadas de este género literario-artístico, con sus distintas fórmulas combinatorias y experimentales. “La poesía visual es un género mestizo, porque es una mixtura de escritura e imagen, pero no es una cosa nueva, sino que ya se practicaba desde la antigua Grecia”, apuntó Sánchez en la puesta de largo de su exposición en el museo de Vegueta.

Ángel Sánchez y las alas del poema

Y es que la poesía acontece en el lenguaje, pero sus formas son siempre líquidas, múltiples, poliédricas, oblicuas y rítmicas. Por tanto, su potencialidad expresiva también es espacial y plástica, que es donde radica el sustrato de la poesía visual. El también poeta visual Fernando Millán destaca sobre esta disciplina su “utilización imprescindible de las ideas y la plasticidad como un conjunto o un todo, donde cada parte adquiere una nueva significación”, toda vez que “supera las diferencias culturales, sociales y lingüísticas” para alumbrar “un verdadero y único arte global”.

El cantautor Joaquín Sabina dedicó una canción al poeta Ángel González en su álbum Vinagre y rosas (2009), donde cantaba que “González era un Ángel menos dos alas”. Y en este sentido, podría decirse que Sánchez es un Ángel que abre las alas en distintas direcciones, no solo por imbuirse de corrientes de otras latitudes y vanguardias europeas -sobre todo, de París y Alemania-, y que proyecta en territorios creativos e intelectuales diversos, sino también por el vuelo de una obra poético-visual que funde lo conceptual con lo estético a través de los canales expresivos que brindan las manualidades. Sin embargo, Sánchez, por su parte, resume esta naturaleza transversal por medio de otra palabra de origen griego: “Yo es que tengo una cosa que se llama polimatía, que es una curiosidad insaciable por todo”, afirma.

Ángel Sánchez y las alas del poema

Caligrafía propia

Así, los mundos poético-visuales de Ángel Sánchez conforman una caligrafía artística propia a partir de deconstrucciones alfabéticas y bailes geométricos de grafemas, signos, puntos, colores, barcos, plumas o cuadrados. Sus distintas series de ensamblajes y recortes, perpetradas sobre el triple soporte de la palabra, el dibujo y su libre albedrío, toman forma a partir de distintas herramientas y materiales como el rotring, pinceles, tinta, lápices, fotocopias, impresiones sobre tejidos, fotografías, linóleos, estampas o collages.

Cuenta el poeta que su amor por la poesía visual despertó a sus 16 o 17 años con el descubrimiento de los caligramas del poeta francés Guillaume Apollinaire y, en concreto, de la secuencia vertical de su poema Il pleut. Sin embargo, su germen también podría retrotraerse a sus primeras prácticas caligráficas como encuentro iniciático con las letras.

Ángel Sánchez y las alas del poema

“Este es un trabajo que llevo haciendo desde niño, cuando cogía las tijeras y hacía recortables”, explica Sánchez, “luego, con la llegada de la imprenta pasó a la tipografía, pero entonces yo ya recortaba y pegaba letras para crear formas en el papel”. Desde sus primeros poemas visuales, creados en los primeros años 70 a partir de letras recortadas de publicidades de periódicos, planillas de Letraset y transferibles de la caja Mecanorma, Sánchez se erigió en uno de los pioneros de la palabra dibujada en Canarias, mucho antes de descubrir, de la mano del poeta Aníbal Núñez, que este arte híbrido ya se ahuecaba en estanterías y museos de Europa bajo la denominación de “poesía visual”.

Y si bien las nociones de libertad y de juego son inherentes al ejercicio de la poesía, Sánchez sostiene que el diálogo interdisciplinar entre palabra e imagen conforma el campo de juego que le permite transgredir los cánones o convenciones del género poético. “Yo me he dedicado a la poesía discursiva, la novela, el ensayo, la crítica, las conferencias y la investigación, pero la poesía visual ha sido una constante en mi vida porque ha sido un juego, que me divierte y me libera de la teoría de lo que escribo”, declaró en el CAAM. “Por eso lo sigo haciendo continuamente y, cuando escribo, me sigo planteando la página como una pantalla”.

Ángel Sánchez y las alas del poema

En esta línea, el poeta ahonda en los engranajes de su proceso creativo en el libro-catálogo Ángel Sánchez. La palabra dibujada, editado por el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria bajo la coordinación del poeta Roberto Toledo Palliser, que se presentó al abrigo de la exposición Ángel Sánchez. Poesía Visual, el pasado junio, en la reapertura del Castillo de Mata.

Esta publicación, que incluye textos de Roberto Toledo y Ernesto Suárez junto a los del propio artista, detalla el proceso formativo de un imaginario experimental inspirado en el referente apollinariano hasta consolidar, con el transcurso de los años, un discurso propio que se anticipa en las islas a un marco artístico contemporáneo marcado por el cruce multilingüístico. “Abandoné en adelante la puntuación, la prepotencia de las mayúsculas y, en cuanto al espacio, fui desechando la horizontalidad monótona de los renglones convencionales (…) Estaba ya seducido por una contaminación que llegaría a consolidarse como estilo definitivo en el futuro”, escribe Sánchez en La palabra dibujada.

Ángel Sánchez y las alas del poema

Además, este libro-catálogo no solo reconstruye la trayectoria del poeta y artista hasta el presente, sino que, además, traza un mapa de la evolución del panorama cultural y artístico en el último medio siglo en Gran Canaria. En este inventario de episodios y anécdotas, Sánchez se refiere al papel decisivo que desempeñó entonces el fallecido artista grancanario Juan Hidalgo, quien le envió desde Milán los mesostics [poemas en que una frase vertical intersecciona líneas de texto horizontal] de John Cage, “padre reconocido” de este gran artista y cofundador del mítico grupo Zaj. Junto al “magisterio ejemplar de Juan Hidalgo”, entre los referentes visuales, tipográficos o poéticos de Sánchez desfilan la iconografía del arte pop, El Lissitzky y sus imaginarios formales, las películas de Akira Kurosawa, la obra escultórico-poética de Jorge Oteiza o la poesía en movimiento de Joan Brossa.

Sin embargo, la tradición de este género en Canarias, al igual que en el resto del país, sigue siendo muy minoritaria y apenas se han distinguido unos pocos nombres en este campo junto a Sánchez e Hidalgo, como el artista Luis Sosa o el diseñador gráfico Óscar Valido. “La poesía visual no se estudia en los sistemas educativos y, en general, se desconoce mucho en España”, lamenta el poeta, “por eso quiero que el ejemplo cunda a través de esta exposición en el CAAM y que la gente se anime a jugar con letras e imágenes”.

Así, este año excepcional que languidece culmina con la celebración de dos homenajes expositivos a los laberintos alquimistas de Sánchez: la muestra -ya clausurada- en el Castillo de Mata se basaba en sus dos poemarios Némesis (1980) y Escrito en el cielo (1982), toda vez que la retrospectiva vigente en el CAAM recorre sus distintas etapas e imaginerías en el campo de la poesía visual hasta el presente. Este conjunto plural transpira la impronta de los viajes de ida y vuelta de Sánchez a través de las numerosas escuelas europeas que frecuentó en sus mejores años, así como las infinitas lecturas universales que hoy custodia su gran estudio-biblioteca en Valleseco. Además, cada microcosmos visual aloja una mirada crítica sobre el hecho, la identidad y la iconografía insular, como reflejo consciente de un yo mesturado que ahonda y cuestiona el desorden mundial pero que cristaliza, como reza uno de sus poemas visuales, volviendo al mar.

En pleno siglo XXI, la poesía visual reverdece a escala global en el contexto de la poesía digital, y Sánchez sigue “construyendo poemas como esculturas” desde su compromiso con el lenguaje, el pensamiento y la belleza contra las órdenes angélicas, como reza el poema de Rilke. “La belleza es el principio de lo terrible (…) Todo ángel es terrible”. En definitiva, se trata de escribir como se respira y de jugar como se inventa la poesía, como ilustra este fragmento de su texto ¿No querrás que te enseñe a respirar?: “Admitiendo que es posible -y deseable- un nuevo desorden visual, hágase ello con la decisión que usaron nuestros mayores (recuérdese: golpe a golpe, verso a verso). Eso sí: descártese otra ideología que no sea la intrascendencia, otro valor de uso que no sea el recreo sensorial múltiple (visual/auditivo/táctil)”.

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