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La luz que se abre paso en La Loza

El proyecto de rehabilitación pergeñado por los arquitectos Evelyn Alonso Rohner y José Antonio Sosa se erige en finalista de los prestigiosos premios FAD

La luz que se abre paso en La Loza

La luz que se abre paso en La Loza

La estructura de retícula casi perfecta que conforma el antiguo almacén industrial de La Loza, radicado en Las Palmas de Gran Canaria desde la década de los 60, constituye el corazón del ambicioso proyecto de rehabilitación acometido por los arquitectos Evelyn Alonso Rohner y José Antonio Sosa Díaz-Saavedra, que se erige entre la nómina de finalistas de los prestigiosos premios FAD de Arquitectura e Interiorismo.

Su reconversión en un nuevo espacio contingente de usos múltiples, que desnuda la gran estructura original para crear un espacio hipóstilo, diáfano y abierto por el que se abre paso la luz solar, ha merecido la distinción del jurado de la 68º edición de los FAD, que ha destacado en su fallo «la reconfiguración del edificio y los nuevos elementos introducidos, en la que se enfatiza la claridad y su propia estructura, creando un espacio de calidad».

Su proceso de reforma se basa en los mismos códigos que rubrican el sello del estudio de arquitectos Alonso+Sosa y que imprime en cada solución los principios de sostenibilidad, iluminación y profundidad, transparencia, continuidad espacial y una estética artística que dialoga con el pensamiento contemporáneo a través de la arquitectura. «Además de la alegría por la distinción de los FAD, nos sentimos muy orgullosos del edificio y funciona muy bien», sostiene Sosa.

Reforma

Así, el objetivo primigenio de la reforma de La Loza estribaba en concebir «un edificio genéticamente mixto». «Desde el primer momento hubo voluntad de hacer un edificio de uso mixto que pudiera servir para cualquier cosa, lo cual es, además, un planteamiento necesario en el urbanismo contemporáneo», señala Alonso.

La primera intervención sobre La Loza, que permaneció clausurada durante 30 años, consistió en una «limpieza total del edificio» para desvestir su gran estructura de hormigón reticular a través de la eliminación de subdivisiones, tabiques, enfoscados, dobles alturas y carpinterías de madera de color verde botella.

La luz que se abre paso en La Loza

La luz que se abre paso en La Loza Nora Navarro

El vínculo entre el pensamiento contemporáneo y la arquitectura tiene que ser estrecho

Evelyn Alonso Rohner - Doctora Arquitecta

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Esta operación redujo el edificio a un nuevo punto cero para refundar este inmueble de 9.000 metros cuadrados y dos plantas como un continuo espacial alrededor de la estructura limpia y reforzada, «donde los elementos ocupan una matriz neutra, pero ya no dividen el espacio, sino que lo puntúan, como si fueran las notas en una partitura en blanco», apunta Sosa.

Así, el inmueble se articula en torno a «una organización abierta, no oclusiva» por medio de la incorporación de cortinas onduladas de policarbonato traslúcido, que contrastan con la estructura de hormigón; así como de boxes y cajas de madera y vidrio que recercan las entradas al espacio reticulado del edificio.

«El resultado es un espacio puntuado, con una organización más algebraica que geométrica, como si el edificio fuese una matriz matemática que aloja números en su interior, pero sin conexiones entre esos números», añade el arquitecto, quien destaca que «trabajar con los números tiene la ventaja de dificultar cualquier intento erróneo de ‘componer’ a base de geometrías cerradas que pudieran jerarquizar o dividir el continuo espacial». Además, la vocación de infinito de la retícula se potencia con la instalación de grandes vidrios, de suelo a techo, que favorecen que la luz conquiste todavía más profundidad de planta.

José Antonio Sosa

José Antonio Sosa La Provincia

«La arquitectura se mueve en el umbral entre lo abstracto y lo matérico. Y por eso es preciosa»

José Antonio Sosa - Doctor Arquitecto

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En esta línea, otra de las prioridades de la reforma radicaba en brindar una conexión -antes inexistente- entre las dos plantas en el interior del edificio, para conferirle una mayor continuidad y fluidez a la totalidad del espacio. Para ello, el equipo proyectó una entrada a la que se accede mediante una plataforma-puente desplegada a mitad de altura entre ambas plantas, y que las interconecta en un espacio de doble altura escalonado en gradas. «Por lo tanto, se configura como un espacio habitable: no solo un espacio de tránsito sino también de estancia, donde se han celebrado clases y presentaciones», explica Alonso.

La luz que se abre paso en La Loza

Asimismo, el principio de sostenibilidad que vertebra el proyecto no se limita a la conservación de la estructura y a la elección de materiales, sino que también responde a un criterio de eficiencia energética que, en este caso, se enfrentaba al reto de obtener una ventilación eficiente, sin recurrir al aire acondicionado. Esto llevó al equipo a resolver cada hueco mediante dos vidrios enormes con una separación de 40 centímetros entre sí, suspendidos como si fuera una gran guillotina, lo cual consigue un gran aireador regulable mediante una clapeta pivotante, cuya entrada de aire natural es absorbida por una potente extracción en el extremo opuesto.

Con todo, la coherencia de la estructura global y sostenible del proyecto de La Loza se redondea con una multiplicidad de pequeños detalles, adscritos a esa búsqueda de la «economía de medios con poco peso, con el fin de reducir los elementos a su condición más esencial». A este respecto, Alonso y Sosa enumeran «los pasamanos como líneas en el aire, las cortinas de policarbonato suspendidas sin peso, los grandes vidrios de fachada, sin carpintería, colgados de vigas suspendidas; los lucernarios, con la geometría triangular del cuarzo, que cuelgan de la cubierta o el recercado de las entradas, que se solventa como un pliegue -como hecho con cartulina- resuelto con palastro de acero de 20 milímetros».

Filosofía

El proyecto de rehabilitación de La Loza se inscribe en el marco de ideas y principios que vertebra el conjunto de los proyectos de Alonso+Sosa, entre cuyos trabajos recientes desfila el de la Parada de tranvía y reordenación de la Zehntenhausplatz, en Zúrich (2021); el Colegio en Saatlen, en Zúrich (2020); el Yacimiento y jardín de San Esteban (2019); o los Juzgados de Puerto del Rosario (2018).

El objetivo del equipo era concebir «un edificio de uso mixto que sirviera para cualquier cosa

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Junto con la mencionada línea de sostenibilidad, ambos destacan la búsqueda de «un diálogo entre arquitectura y arte», así como de un «vínculo con el pensamiento contemporáneo». «Entre el pensamiento contemporáneo y la forma arquitectónica tiene que haber un vínculo muy estrecho», afirma Alonso. Por su parte, Sosa señala que «la ciudad está cambiando como consecuencia de la información, que es la que está modificando la ciudad, cuando antes era a la inversa: era la ciudad la que brindaba la información. Este paradigma va a afectar cada vez más a la ciudad y tenemos que reflejarlo en nuestra arquitectura, permitir que eso suceda en nuestros edificios».

Por otra parte, Alonso señala la importancia de «trasladar esta teoría a lo práctico y a lo construido, porque los dos aspectos son los que construyen las ciudades contemporáneas». «A partir de aquí es fundamental trabajar a fondo el briefing con los clientes para detectar cuáles son los problemas y las necesidades, ya que desde ahí podremos dar siempre una respuesta mejor a los proyectos».

La luz que se abre paso en La Loza

Al respecto del espacio entre las ideas y su materialización, Sosa destaca que «la arquitectura realmente se mueve en el mundo de lo abstracto y lo matérico, entre las ideas y los materiales con los que después tienes que construir y hacer que funcione. Y por eso es preciosa. Ese es el umbral en el que nos tenemos que situar: entre la abstracción y lo matérico».

Selección

Finalmente, la designación del proyecto de La Loza resulta de una criba entre un total de 368 proyectos seleccionados en distintas categorías, de las que 169 trabajos se corresponden con el apartado de Arquitectura, seguido de las categorías de Interiorismo, con 114 obras; Ciudad y Paisaje, con 39 proyectos; e Intervenciones Efímeras, con 46 propuestas.

El jurado destacó «la reconfiguración del edificio y los nuevos elementos introducidos»

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El jurado ha escogido 21 proyectos finalistas y 38 obras seleccionadas de las diferentes categorías, toda vez que, una vez desvelada la selección definitiva, el veredicto del jurado se anunciará a lo largo del próximo mes de junio.

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