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El pacto de la voz y la máquina

El dúo de Minnesota extrema su lenguaje en ‘Heywhat’, un álbum en el que apuesta por la fricción de la pureza vocal y la polución electrónica

El grupo Low, Alan Sparhawk y Mimi Parker.

Los caminos del lenguaje rock siguen abiertos a la evolución y la expansión, y Low sigue demostrándolo, aunque pueda parecer que el suyo es un tránsito opaco o volcado hacia adentro. Heywhat es otra obra quizá apta para oídos abiertos a la ralentización de los tempos y al diálogo de la melodía con la polución sonora, aunque sin dejar nunca de lado la idea de canción. Música de belleza acaso algo retorcida, violentada por soluciones abruptas, pero no hay que tenerle miedo.

El álbum sigue la senda del ovacionado Double negative, con su paso al frente en materia de manipulación sonora digital y sus planos sonoros enrarecidos, allá donde no se sabe muy bien si los sonidos proceden de la guitarra o del laboratorio (o de ambos lugares a la vez). Las líneas melódicas flotan ahora con un plus de pureza, redoblándose así el contraste con las intranquilas soluciones sonoras.

Es la versión de Low surgida de su alianza con el productor B. J. Burton, cómplice del último Bon Iver, acaso un tercer miembro del tándem titular, que ahora, tras la marcha, en 2020, del bajista Steve Garrington se reduce a la pareja formada por Alan Sparhawk y Mimi Parker.

El álbum sigue la senda del ovacionado ‘Double negative’ por sus planos sonoros enrarecidos y la manipulación digital

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Si en su estreno con Burton (el trabajo coproducido Ones and sixes, de 2015) el seminal slowcore de otros tiempos destapó nuevos espacios y escenarios acudiendo a la percusión electrónica, y Double negative tensó la cuerda introduciendo loops contaminantes y capas de zumbidos post-rock, ahora Heywhat suena algo más diáfano al aislar las armonías vocales y dejar que campen con cierta suficiencia, a la espera de que la electricidad se interponga en su camino. Una fórmula que repite en varias de estas canciones, que comienzan de un modo y terminan de otro, transformándose, mutándose, desdibujándose o dejando que el corte seco altere su dinámica musical.

Lo ilustra el par de temas de apertura: White horses, con sus voces de resonancias folk sobre un bucle de ruido que, tras ganar la partida, deriva en una coda minimalista (no es la única del álbum) hasta fundirse en I can wait. Ahí mandan las voces sentidas, muy expresivas, desplegadas sobre una señal robótica repetitiva. El bello canto en procesión configura All night, una vaga épica coral se insinúa en Disappearing y Mimi Parker hace suya la conmovedora Hey. Las voces reinan sin rodeos en la parcela a cappella de Days like this, inyectan humanidad en el desamparo paisajístico de Don’t walk away y se elevan con aplomo entre los cortantes riffs rockeros de More. De todo ello sale una hermosa obra de arte expresionista, con poderes para trascender la negritud de Double negative apelando al diálogo radical de la voz humana.

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