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Arte
José Riquelme Pintor

José Riquelme: «En algunos de mis cuadros hay algo de la lava líquida que llegó a Tirimaga»

JEl pontor palmero osé Riquelme junto a dos de sus cuadros de la exposición ‘Escala en negro’ de la sala S/T Espacio Cultural. | | LP/DLP

El palmero José Riquelme expone en el S/T Espacio Cultural la muestra ‘Escala en negro’ en la que utiliza la materia para dar forma a unas obras de claro estilo informalista e influidas por Tapies o Millares. Curiosamente, en algunos de los cuadros, Riquelme se inspira en el volcán de San Juan de La Palma, surgido también en la dorsal de Cumbre Vieja en 1949, cuya lava llegó hasta la villa de Mazo, donde nació el artista.

¿Cómo ha sido el proceso de elaboración de estas obras que aluden a formas de la tierra?

He intentado trasladar a las obras la sensación que me transmite la materia. Sus textura, forma y, manchas, que son muchas veces caprichosas, pero para mí son muy inspiradoras. Me gusta la materia también por la transformación ecléctica que tiene que en algunas cosas, porque es inesperada y sorprendente en algunos casos. Me gusta jugar a transformarla mientras se deje, ya que es un proceso de amasado, de extenderla sobre el lienzo, de intentar moldearla hasta que adopta unas formas determinadas que, después del proceso de secado , se transforma. Y, a partir de ahí, hago incisiones, marco partes, etc.

¿Y qué materiales utiliza?

Yeso, látex, para dar plasticidad a toda la materia y añado cosas. Y cada cuadro es diferente. No es como la repostería, que tienes tantos gramos de harina, azúcar o huevos, le das un tiempo y te sale un queque. Y si lo vuelves a hacer con esas mismas cantidades y ese mismo tiempo de horneado, te sale otro igual. Aquí yo no trabajo con medidas exactas, sino con lo que necesito para lo que quiero hacer en la obra. La materia la hago más o menos líquida para poderla manejar en los cuadros. Algunos tienen más y otros menos volúmenes, pero todos están trabajados con materia. Tras el secado, esas grietas y textura, varían. Y eso nos da un resultado de una pieza única e irrepetible, y por mucho que yo quiera hacer lo mismo no va a funcionar, sino que siempre va a salir algo diferente.

¿Por qué no hay títulos?

Porque no me gusta ya predeterminadamente sugerir o cosificar al espectador. La obra no está terminada hasta que el ojo lo interprete. Cuando empiezo un cuadro no sé nunca cómo lo voy a terminar. El cuadro y yo mantenemos un diálogo y, según vayamos avanzando los dos, nos vamos encaminando por un sitio u otro. En algunas, que destacan por un fondo negro, utilizo ese color para dar una profundidad y para aislar el elemento de lo que es el fondo. Y puede sugerir tanto un paisaje visto desde lo alto como el sentido de soledad de esas formas. Los colores sirven para resaltar esos pliegues, arrugas y texturas que crea la materia. Empleo el color de una determinada forma porque simplemente la materia, en blanco, ya me gusta, me transmite, y ya no actúo sobre ella como ha sucedido con la serie blanca.

¿Cómo definiría más específicamente su tipo de pintura?

He bebido mucho de la pintura abstracta, pero con referencias al informalismo de mitad del siglo pasado, donde se utilizaban materiales para pegar en las obras la tierra. Referencias a Tapies, Millares y a toda esa época en la que se empleaba la materia.

Y me imagino que algo de la actual actividad volcánica habrá en su obra. Y más en su caso, que usted es de La Palma.

Hay algo del penúltimo volcán de La Palma, de 1949, el volcán de San Juan , que dio una colada de lava en Las Manchas, El Paso, La Laguna y Los Llanos. Era una lava un poco más densa, que se ve en la textura muy picuda. Pero hubo un poco de lava que corrió por Tirimaga que era mucho más líquida. Y eso se refleja en algunos blancos de mis cuadros donde los pliegues pueden sugerirte la lava.

¿Está presente La Palma en sus cuadros?

Por supuesto. Soy de un barrio de La Palma, situado en la villa de Mazo, y llamado Tirimaga. Empecé a pinta allí en los años 70, con ocho o nueve años. Es un barrio frío donde llueve mucho. Me regalaron una caja de acuarelas y, desde los diez años, empecé con la afición de la pintura, que siempre la he mantenido. Y a principios de los noventa entré en la Escuela Luján Pérez como alumno formándome en su filosofía y hoy soy profesor de esta Escuela.

¿Sus obras se mueven entre intervenciones y pinturas?

Sí porque los collages están tratados con barnices o betún de Judea. La textura que pueden sugerirte cuadros expresionistas, pero en el momento en que lo estoy haciendo, noto lo que le falta, lo que le sobra, y dónde me sugiere meter una mancha más oscura, donde tengo que rallar, y voy componiendo ese cuadro. Puedo estar con música, sin música, como si estuviera tocando ese instrumento. Empiezo con un cuadro en blanco y se me pueden pasar cuarenta cosas por la cabeza. Pero una vez que empiezo a meter la materia, empiezo a plasmar esas ideas. Puede ser una inspiración de fuego o de día lluvioso, pero estoy sobre un lienzo en blanco sobre cartón gris y cuando empiezo a usar la materia empieza ese diálogo.

¿Cuánto tiempo le lleva normalmente componer una obra?

Lleva un proceso primero de preparación de la materia, de extenderla, darle forma, e intentar moldearla. Después un proceso de secado que puede ser uno o dos días. A algunos los dejo más o menos tiempo secándose por la necesidad que tengo de actuar encima o porque me atrae por la impronta de trabajarlo. La actuación puede ser de un día o de semanas. Pero es un trabajo muy laborioso, en el sentido de que, cuando te pones, muchas de las ideas predeterminadas que traías, van variando. Pero la pintura figurativa tiene que interpretar la realidad.

También incluye miniaturas en la exposición.

Simbolizan cómo empiezo. Me gusta mucho hacer líneas y formas, más finas, más gruesas, que pesan más o menos. Pero es lo mismo que los otros cuadros en cuanto a relieve, porque todo esto se refleja en el tema de la materia.

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