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Arte
Valme García Pintora

«El espacio que intento pintar es el que me separa de la tierra»

La pintora Valme García. | La Provincia

La pintora Valme García (Pamplona, 1947), residente en Las Palmas de Gran Canaria desde 1966 y ligada desde entonces a la Escuela de Arte Luján Pérez, inaugura una muestra retrospectiva sobre su obra artística en el Cicca, comisariada por Javier Cabrera, bajo el título ‘El silencio quieto’.

La muestra retrospectiva de su obra en el Cicca engloba más de medio siglo de trayectoria artística. ¿En qué aspectos dialoga la producción que pergeña en los años 60 del pasado siglo con su obra más reciente?

Esta selección revela una continuidad de los temas, que tiene la naturaleza como hilo conductor, pero desde una mirada metafórica sobre el mundo que me rodea. La resumiría en las palabras de Felo Monzón, que se refería a «un mundo de lirismo y fantasía», porque yo sublimo la realidad y la transporto a otra realidad soñada. En otras palabras, la realidad solo es la inspiración de un mundo imaginado más onírico o poético, con figuras inventadas con su raíz en la naturaleza, pero concebidas como ideales de un mundo diferente.

La última remesa de cuadros que he pintado se centra en la ciudad imaginada y casi en aislamiento»

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Su primera exposición en Gran Canaria tuvo lugar, precisamente, en el Cicca, en 1975. ¿Qué distintos estilos y lenguajes destaca en sus diferentes etapas pictóricas desde entonces?

Y aún recuerdo esa exposición, que presentó María Dolores de la Fe y cuyo catálogo corrió a cargo de Felo Monzón. A partir de ahí, seguí avanzando poco a poco. Mis primeras etapas derivaron poco a poco hacia lenguajes más simbolistas y surrealistas, con una fuerte influencia de la Escuela Luján Pérez, donde formé un pensamiento plástico en la estela de pintores como Felo Monzón y Juan Ismael, junto a poetas como Lázaro Santana. En realidad, no me influyó tanto la forma de pintar como ese ideal libre y surrealista. Después, entre los años 80 y 90, empecé con una etapa más geométrica, que, en realidad, he continuado hasta el presente, aunque los símbolos geométricos siempre van cambiando de forma.

Aunque sus raíces son de origen navarro, su recorrido pictórico se incardina en Canarias. ¿Cómo se infiltra el imaginario isleño en su obra?

Lo que más me impresionó cuando llegué a Canarias fue el color de la tierra. Recuerdo cuando la vi por primera vez desde la ventanilla del avión y no poder apartar la mirada. De hecho, ese es el espacio, desde las alturas, que siempre intento pintar: el espacio que me separa de la tierra a otra dimensión. Eso siempre va implícito en mi pintura y lo he plasmado a través de una geometría que separa los espacios para después reunirlos. En cierto modo, mi época más geométrica tiene mucho que ver con Canarias, por sus paisajes volcánicos y casi piramidales, siempre rodeados por el mar.

¿Y qué le atrae, en concreto, de la naturaleza como motor de su búsqueda creativa?

Mi pintura siempre tiene que ver con el lugar que la naturaleza busca para seguir viviendo, como un rincón recóndito al que huyen las mariposas, los loros o los lagartos, porque les invade el ser humano. Pero todo está en mi interior. Recuerdo que, en las primeras etapas, mi marido, el pintor Manolo Ruiz, y Miró Mainou, salíamos mucho a pintar al natural, pero yo me quedaba observando el paisaje porque nunca he sido capaz de pintar al natural: yo quería cambiar el concepto e idealizar ese mundo de otra forma.

Nunca he sido capaz de pintar al natural porque yo quería idealizar ese mundo de otra forma»

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¿El tiempo pasa por su obra?

A mí me gusta pintar siempre el futuro. De hecho, una de mis muestras individuales más recientes, expuse una serie en la Fundación Mapfre sobre el sur, que trataba sobre una ciudad nueva, no desde el surrealismo, pero tampoco desde la figuración, sino desde mi realidad vista por mí. Me gusta mucho la idea de las ciudades nuevas e ideales que se pueden habitar.

¿Y cómo desemboca en la expresión «silencio quieto», que da título a esta muestra?

En esta línea que te contaba, la última remesa de cuadros que he pintado se centra en la ciudad imaginada y casi en aislamiento, con edificios muy altos, algunos con una sola ventana, rodeados de agua y de silencio, como una síntesis muy elaborada del silencio o como si esperases la llegada de alguien. En esta última etapa voy quitando materias y simplificando todas las líneas hasta un silencio quieto. Pero aún me queda por pintar, o eso espero.

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