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Azaña, visto por su cuñado y amigo

Una obra trascendente para conocer más a fondo al presidente de la Segunda República

Azaña, visto por su cuñado y amigo | La Provincia

Corría 1914 cuando un imprudente Cipriano de Rivas Cherif criticó de castizas maneras la decoración del Ateneo de Madrid: «¿Quién ha puesto esto tan feo?», sentenció. A pocos metros le oía el nuevo secretario de la institución, Manuel Azaña, por lo que Pedro Salinas, amigo del imprudente, le llamó la atención. El destino quiso que, a finales de la década siguiente, De Rivas y Azaña se convirtieran en cuñados, al casarse don Manuel con la hermana, Dolores de Rivas. En realidad, con esta metedura de pata se iniciaba una amistad fraternal que, tras la muerte de Azaña, convertiría a Cipriano de Rivas en biógrafo de su amigo.

Reino de Cordelia acaba de reeditar, con incorporaciones y correcciones, Retrato de un desconocido. Vida de Manuel Azaña, la biografía que el cuñado del presidente de la II República escribió mientras penaba en los años 40 por cárceles españolas. Publicada originalmente en 1961 en México, con la intención de servir de complemento a las memorias redactadas por el propio Azaña, en España la obra estuvo prohibida y no vio la luz hasta 1980, de la mano de la editorial Grijalbo.

La nueva edición de Reino de Cordelia, con prólogo del expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, sigue la pauta del hijo del biógrafo y sobrino de Azaña, Enrique de Rivas Ibáñez, que se hizo cargo de la edición de 1980 y al que está dedicada la obra, pues falleció en enero de este año. La obra incluye, como en la edición de 41 años atrás, un apéndice con las cartas que se enviaron los dos amigos entre 1921 y 1937. En total son casi 850 páginas con gran profusión de fotografías y caricaturas, a la vez que crece el número de notas de la edición de 1980, al cotejar el texto con las obras completas de Azaña, en la edición de 2007 del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. La nueva edición permite además dilucidar un «enigma» del pasado de Manuel Azaña, al que ambos cuñados se refieren de manera tangencial en sus respetivas obras, omitiendo el nombre. Se trata de la relación sentimental de tiempos de estudiante que mantuvo con Consuelo Portela, la Chelito, famosa por su número musical de «La pulga». Enigmas biográficos aparte, qué duda cabe que esta obra no es ninguna semblanza imparcial.

En estas páginas hay admiración y reivindicación, pero al mismo tiempo hay que calibrar la valía de un testimonio histórico tan extenso de uno de sus más íntimos allegados, que buscó complementar las memorias escritas por Azaña y alumbrar los años menos conocidos del político. Hay que resaltar también la elegante prosa de Cipriano de Rivas Cherif, un dramaturgo y director de escena de gran renombre, que comparte con su cuñado el gusto por la pulla literaria: «En Francia estaba también el exministro liberal Santiago Alba, víctima de los primeros tiros morales del jacarandoso general». Obra crucial para conocer más a fondo a Manuel Azaña.

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