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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Literatura Espido Freire Escritora

"Hay que seguir insistiendo en el cuidado de la salud mental y en la asignación de recursos"

La escritora Espido Freire.

Este año acaba de lanzar su primer libro original en formato audio, Las crónicas de Villa Diodati, una ficción histórica con revestimientos góticos que sigue los pasos de Mary Shelley y Fletcher, el mayordomo personal de Lord Byron, y que condujeron a la obra maestra Frankenstein. ¿Cuáles fueron los retos de este nuevo formato?

Un original para audiolibro requiere una manera muy concreta de narrar, a medio camino entre el guion y la radio, porque no basta tomar como base una novela convencional y adaptarla. En este caso, las voces de los actores, la producción, todo viste un texto que no debe contar sino mostrar, y que debe prescindir de todo aquello que el oyente pueda imaginarse. Me ha gustado mucho la experiencia, porque ha sido al mismo tiempo un desafío y un juego, y el hecho de tomar como punto de arranque una historia que conozco muy bien ha facilitado mucho el proceso.

¿Qué le atrajo del proyecto de abordar una novela en formato audio?

Es que yo "colecciono" formatos. Es decir, me parece que uno de los privilegios de mi oficio en estos tiempos radica en la posibilidad de narrar historias de formas diferentes, incorporar la tecnología y conocer así mejor a los lectores (en este caso, oyentes-lectores).

Uno de los rasgos del audiolibro es que, al igual que el texto convencional, pone en juego la imaginación. ¿Considera que estos formatos pueden suponer una amenaza para los libros en papel o que, por el contrario, su convivencia abre el campo de posibilidades de la lectura?

No sé si abre las posibilidades de lectura o si, sencillamente, se amplían las de ocio. Muchos de los libros que se adaptan no son literarios, sino que encajan en la autoayuda, el estilo de vida o la no ficción enfocada a temas prácticos. Desde luego, cualquier autor convencional medianamente exitoso sabe que el audio no amenaza el papel, sino que conviven sin problemas, y en España el papel continúa siendo el formato rey. Obviamente, eso puede cambiar en cinco años pero, de momento, creo que es una bonita oportunidad de aprender del formato.

También se ha estrenado en el mundo del podcast con Orgullos y prejuicios, en la plataforma Podimo, donde reflexiona sobre diversas cuestiones sociales o de actualidad. ¿Podría citar un logro o avance social que le resulte motivo de orgullo, así como otro que siga anclado al prejuicio y nos refrene como sociedad?

El logro: la educación universal. El prejuicio: la creencia de que las mujeres vivimos en igualdad plena y que no hay nada ya que reclamar.

Al hilo de los formatos de lectura, ¿cree que nos agotaremos de exhibir y vivir otras vidas a través de las redes sociales y que se producirá un retorno a ciertas formas de medios convencionales?

No, lo cierto es que no lo creo. Ojalá me equivoque. Creo que el desarrollo de lo audivisual, en todas sus formas, resulta imparable, y se incrementará, si salimos de las crisis actuales y sobrevivimos como civilización, con el metaverso y la realidad aumentada. Creo también que hay que defender la permanencia del libro y de la educación de las Humanidades como una manera de contrarrestar ese efecto y de potenciar el pensamiento y la reflexión crítica, que no es la opinión sin fundamentar. Pero creo que, como hasta ahora, esa tendencia será minoritaria. Influyente, pero minoritaria.

Los expertos indican que la pandemia ha disparado los trastornos mentales entre la población joven, entre ellos, los trastornos de la conducta alimentaria (TCA), que usted ha abordado en cuentos y ensayos a lo largo de su trayectoria. ¿Le atrae la idea de seguir explorando esta realidad a tenor de su recrudecimiento?

A ver, no me atrae en absoluto, pero no queda más remedio. Hay que seguir insistiendo en el cuidado de la salud mental, y en la asignación de recursos, ya que la prevención ahora mismo no tiene mucho sentido. Están desbordados, y hay campos en los que la información no previene, solo acelera el paso entre padecer un trastorno y pedir ayuda, que ya es mucho. Yo no soy una profesional sanitaria: mi misión es la divulgación, siempre supervisada por los expertos. Debo hacer lo que puedo hacer, y creo que lo hago hasta el aburrimiento. Pero cada enferma debe vivir su proceso y por desgracia nadie, ni una madre, ni la pareja, ni un libro pueden ahorrarse su propia terapia y su camino.

Al tratarse de un trastorno que afecta, en mayor medida, a las mujeres, ¿cree que la falta de visibilización y recursos para este fenómeno es también reflejo de una sociedad patriarcal?

Sí, sin duda. No me gusta mucho usar el adjetivo "patriarcal": creo que su abuso lo ha desprovisto de significado. Creo que es más correcto hablar de una sociedad misógina. Sea como sea, la presión sobre las mujeres no ha descendido, y eso se refleja en problemas de salud física y mental, a su vez muy relacionados con la pobreza y con la falta de oportunidades.

Y por su paráfrasis Orgullos y prejuicios, el pasado 2021 publicó el ensayo Tras los pasos de Jane Austen, y lo cierto es que la labor de rescate y divulgación de las obras de las escritoras que la precedieron ha sido otra constante en su obra. ¿Fue consciente en sus inicios tempranos [ha sido la ganadora más joven del Premio Planeta, a los 25 años, por Melocotones helados] de la falta de referentes literarios femeninos?

Las escritoras, por suerte, tenemos muchos más referentes femeninos que otro tipo de artistas. Y algunas de ellas tan consolidadas como Jane Austen, que no necesita que yo la rescate (hay biografías y adaptaciones excelentes). Pero dicho eso, a mí me interesa la historia de la literatura, y dentro de los clásicos hay un buen número de mujeres que me fascinan. Por eso hablo de ellas. Por otro lado, desmentir según qué pátina de cursilería, de inspiración divina, de ser elegidas o únicas resulta aún necesario. Pero curiosamente, mi autor predilecto es Shakespeare, del que hablo constantemente aunque no le haya dedicado un libro. Y Pérez Galdós se encuentra también entre los primeros.

Precisamente, esta semana regresa a Las Palmas de Gran Canaria como protagonista del ciclo Escritoras en la Casa-Museo Pérez Galdós. ¿Cuál es el primer pensamiento que le acude a la mente al mencionar a Galdós?

No se puede entender la literatura contemporánea en español sin su figura ni su peso. Se haya leído y estudiado o no, Galdós permea todo el siglo XX y su influencia llega al XXI prácticamente intacta.

¿Cómo valora la progresiva incorporación y visibilización de las escritoras al panorama nacional? ¿Sigue habiendo resistencias?

En el aspecto comercial, no. Numerosas autoras venden muchísimo, son visibles y muy conocidas y queridas. Es cierto que muchas de ellas practican subgéneros literarios, que tienden a pasar rápidamente de moda, pero eso ocurre también con autores superventas. Pero en premios, sobre todo institucionales, reconocimientos, influencia real y peso literario, sí: la resistencia y las diferencias son notables.

A título personal, ¿cómo ha cambiado Espido Freire en los últimos 25 años a la hora de afrontar la vida y la escritura?

Pues esta es una pregunta compleja y extensa, porque un aspecto poco tiene que ver con el otro. Digamos que he pasado de ser una veinteañera a una mujer a las puertas de la madurez, con la particularidad de haberse podido dedicar a leer, escribir, pensar y hablar. Espero haber aprendido algo del proceso y transmitirlo de manera eficiente.

Aunque ya ha transitado múltiples y diversos géneros, medios y formatos, ¿tiene en mente acometer algún proyecto innovador que no haya frecuentado?

En cuanto a proyectos, efectivamente, casi cada semana surge uno nuevo, pero el que me queda es el guion de cine. Quedan también pendientes algunos proyectos televisivos, que ojalá puedan concretarse pronto. Estoy cursando un doctorado en Historia, y espero doctorarme pronto. Y poco más. Los sueños cambian y los deseos también, y eso brinda mucha esperanza de futuro.        

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