Suscríbete

La Provincia - Diario de Las Palmas

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Festival de cine

La 'inadaptable' novela 'Ruido de fondo' se hace por fin película en la Mostra de Venecia

La versión de la obra de Don DeLillo firmada por Noah Baumbach quizá habría requerido más atrevimiento formal

Adam Driver y el director Noah Baumbach, en la presentación de la película ’Ruido de fondo’, en la Mostra de Venecia, este miércoles. AFP

Cuatro largometrajes marcados con el sello de Netflix, nada menos, compiten este año en Venecia. Y en esa abrumadora presencia del gigante del ‘streaming’ en el certamen -estrechamente relacionada con el veto que, por motivos tanto de lógica industrial como de arrogante testarudez, lleva años imponiéndole el Festival de Cannes- puede verse una estrategia conservadora por parte de los programadores de la Mostra o, dicho de otro modo, una voluntad de ir a lo fácil. Pero lo cierto es que 'Ruido de fondo', la película de Netflix dirigida por Noah Baumbach y protagonizada por Adam Driver y Greta Gerwig que este miércoles se ha encargado de inaugurar la muestra, no tiene nada de fácil. Y para probarlo no hay más que fijarse en el modelo literario que la inspira: la novela homónima que supuso la consagración de Don DeLillo, y en la que el a menudo citado como "Gran Escritor Estadounidense" meditó con implacable ferocidad sobre el lamentable estado de la América moderna.

De hecho, la mera existencia de la película bastaría para respetarla y admirarla, considerando todos los esfuerzos vanos que se han sucedido a lo largo de las dos últimas décadas para llevar a la pantalla un libro, a partes iguales venerado y temido por su profundidad y su envergadura, que hasta ahora muchos consideraban inadaptable al cine a causa tanto de la personalísima prosa de DeLillo -envuelta de monólogos interiores y abstracciones posmodernas- como de la carga filosófica que sus personajes y su historia acarrean. En ese sentido, conviene recordar las dificultades a las que Baumbach tuvo que enfrentarse durante el rodaje -las sucesivas muertes de tres miembros del equipo de filmación por enfermedad, sobredosis y suicidio, respectivamente, un presupuesto que se disparó hasta los 140 millones de dólares-, y que llevaron a algunos a temer que el proyecto estuviera condenado a no hacerse realidad.

Múltiples géneros

Protagonizada por un profesor universitario especializado en Hitler cuya vida y la de su numerosa familia suburbana se ven empujadas al borde del colapso cuando un accidente provoca un escape tóxico a la atmósfera, ‘Ruido de fondo’ funciona a la vez como sátira, ‘thriller’, relato de terror, distopía apocalíptica, ‘sitcom’ familiar y disquisición metafísica. Y mientras alterna esos géneros retrata una sociedad cuyos miembros permanecen distraídos y sometidos por los productos que se les ofrecen en los supermercados, por la saturación mediática, por las drogas de las que son dependientes y, en general, por todo cuanto compone la falacia del Sueño Americano; un mundo en el que permanentemente suenan el rugir del tráfico y el rumor de gente que habla y habla principalmente para generar desinformación y escuchar el sonido de su propia voz, y que entretanto tratan sin éxito de olvidar su paralizante miedo a la muerte.

Poco radical

La actitud de la nueva película frente a su modelo trasciende el mero respeto para situarse cerca de la reverencia. Igual que hizo David Cronenberg al adaptar a la pantalla otra de las ficciones señeras de DeLillo, ‘Cosmopolis’, Baumbach reproduce prácticamente intactos buena parte de los diálogos de la novela, porque su precisión es tal que cualquier alteración conllevaría un perjuicio y porque el alud de aforismos que el escritor pone en boca de sus personajes son un vehículo esencial para los constantes cambios tonales del relato. En buena medida gracias a esa fidelidad, ‘Ruido de fondo’ logra ser absurda, y trágica, y caricaturesca, e inquietante, e hilarante, y a menudo se las arregla para pasar de una de esas facetas a la siguiente en apenas unos segundos de metraje.

Y, sin embargo, al verla resulta inevitable sentir que Baumbach no es el director más naturalmente adecuado para adaptar un trabajo literario como ese, a pesar de que en su filmografía previa ya ha mostrado su habilidad única para retratar a hombres neuróticos, hiperarticulados y narcisistas; para hacer justicia al heterodoxo método narrativo de DeLillo, en el que se detecta la influencia de algunas de las películas de Jean-Luc Godard de finales de los 60 -el escritor es un cinéfilo voraz-, habría hecho falta un director más inclinado que él a la radicalidad formal. Por otra parte, ¿habría dispuesto una versión más radical de esta película del considerable apoyo financiero que le ha proporcionado Netflix?

Compartir el artículo

stats