Arte

La cultura pop, a examen

Varios libros analizan las culturas derivadas del rock y su asimilación por el mercado

Una operaria traslada retratos de Marilyn Monroe en una exposición de Andy Warhol.

Una operaria traslada retratos de Marilyn Monroe en una exposición de Andy Warhol. / DANI CARDONA

Francisco R. Pastoriza

Una de las identidades con las que se recordará al siglo XX será la música derivada del primitivo rock and roll que, con nombres diversos (pop, rock, underground), recorrió su última mitad y se prolonga aún en estas primeras décadas del XXI. Sobre el fenómeno se han escrito numerosos libros desde distintos puntos de vista, del musical y artístico al político y sociológico. Un reciente ensayo de Juan Carlos Fernández Serrato, “Hacia una teoría del pop” (Cátedra), trata de aunarlos para llegar a una serie de conclusiones sobre las relaciones del pop con los movimientos sociales, las culturas de vanguardia y el mercado. Para el autor, las músicas pop, que aspiran a ser reconocidas como arte, representan un determinado modo de vida y una actitud inconformista frente al mundo, de ahí su identificación con movimientos políticos reivindicativos y alternativos, como los relacionados con los derechos civiles, el antirracismo, las protestas contra la guerra de Vietnam, el feminismo...

Desde sus inicios fueron los jóvenes los que canalizaron esta actitud de oposición al orden dominante y a las culturas surgidas en la posguerra porque los intérpretes de la nueva música eran de la misma edad que su público y representaban su modo de vida: un enfrentamiento con lo prohibido por los adultos que se manifestaba en expresiones como la forma de vestir, la libertad sexual, la diversión y el entretenimiento, con nuevas expresiones corporales al ritmo de la música y de los conciertos en directo de artistas previamente promocionados por las discográficas y los medios. Unas actuaciones cada vez más espectacularizadas por efectos sonoros y lumínicos que confirman que el pop es una música también para ser vista.

  • Hacia una teoría del pop

    Juan Carlos Fernández Serrato
    Ediciones Cátedra

Desde sus orígenes hasta hoy el pop ha conocido innumerables géneros y formatos que hacen cada vez más difícil su clasificación. Obedecen a varios factores, desde los cambios generacionales y las relaciones con los modos de vida en los que surgen y las hibridaciones con campos culturales ajenos a la música, hasta los intereses comerciales y de mercado. Al haber nacido en los Estados Unidos, el pop formó parte de un modo de producción y de consumo integrado en la cultura de masas y mediatizado por las industrias de la comunicación, con un modelo de promoción identificado con el star system hollywoodiense y las estrategias de la publicidad. Su producción se inspiró en la cadena de montaje fordista en la que el músico no es siempre el elemento más importante y donde la tecnología desempeña un papel fundamental. Aquí se analiza la importancia de los músicos (con ejemplos que van de Elvis Presley a Alice Cooper), pero también la de los productores (George Martin, Phil Spector), los managers (Brian Epstein, el coronel Parker), los compositores, arreglistas, técnicos de sonido, departamentos de promoción... que forman parte de esa cadena cuyo producto final es el disco.

Se dedica un especial espacio a los medios de comunicación, que han tenido un papel importante para la difusión del rock and roll desde sus inicios en los años cincuenta. La radio, el cine musical, las revistas especializadas, los programas de televisión, el video… hasta las actuales modalidades a la carta (YouTube) y las plataformas (Spotify), que contribuyen a la expansión del pop y a su mercantilización a través de engranajes como las listas de ventas, creadas para promocionar los productos musicales, cada vez más efímeros.

Nacido, pues, como un enfrentamiento incluso subversivo al orden dominante, el mercado se ocupó históricamente de canalizar cada una de las propuestas del pop y convertirlas en productos de consumo. Cada nueva capitulación daba lugar a la aparición de una nueva forma de protesta con nuevas propuestas temáticas y estéticas. El rock and roll, el underground, la sicodelia, el punk, el glam, el heavy metal, el hard rock, el rock progresivo y el sinfónico, la new wave, el gangsta rap... formas sucesivas de manifestar esa oposición al sistema dominante, que fueron asimiladas por el mercado y transformadas en materiales mainstream, convirtiendo sucesivamente cada cultura alternativa o contracultura en una nueva industria de consumo.

La era dorada del pop. Una historia

Cuando en 1956 Bill Haley y los Comets pusieron patas arriba el panorama de la música con “Rock around the clock”, en España lo más cercano a aquella música que se escuchaba eran las canciones de Enrique Guzmán y los Ten Tops. Antonio Machín y Lucho Gatica eran los ídolos de aquellos momentos, con Marifé de Triana y Antonio Molina. La canción francesa y la italiana, con los corridos mexicanos, estaban también entre los gustos populares. Aquel año nacía TVE, se celebraba por primera vez la Copa de Europa de Fútbol, los tanques soviéticos invadían Hungría y se presentaba el primer Seat 600.

El rock and roll no prendió con mucha fuerza entonces en España, que prefirió canalizar la nueva música en lo que más tarde se llamaría el pop, en la línea de “Diana”, un tema que triunfó al año siguiente cantado por un joven de 16 años llamado Paul Anka.

Desde entonces, a lo largo de las décadas de los 50 y los 60, España fue poco a poco poniéndose al día hasta situarse en algún momento, con éxitos internacionales como el de Los Bravos y Miguel Ríos, entre los países con un activo mercado musical. Un libro de Ignacio Faulín, “¡¡Hola, Mr. Pop!!”, publicado por Silex Ediciones, recoge en dos volúmenes (más de mil páginas) la historia de este proceso. Se trata de un trabajo monumental que recorre año a año cómo fue evolucionando la música en España y en el panorama internacional, con una información que abarca todos los géneros, con muchos datos, un anecdotario riquísimo y con un conocimiento del tema profundo, riguroso y exhaustivo. Aquí está el pop, pero también el rock, el flamenco, el cine musical, los festivales, los ritmos de aquellos años, los temas que ocupaban el interés de toda una generación que creció escuchando aquella música, tanto la española como la internacional. Su lectura me ha resultado ilustrativa y muy gratificante y la obra constituye uno de los trabajos más extraordinarios que se hayan escrito sobre la música popular. Será este uno de los libros de consulta imprescindibles para futuras investigaciones sobre el tema.