Música | Niño de Elche Músico y artista

Niño de Elche: «Para mí, entender más sobre el flamenco es entender más sobre la vida»

El emblema del cante y la investigación del flamenco aterriza en Canarias con una doble cita en Gran Canaria y Tenerife el próximo diciembre

Niño de Elche.

Niño de Elche.

Nora Navarro

Nora Navarro

Niño de Elche, el nombre artístico de Francisco Contreras Molina (Elche, 1985), emblema del cante y la investigación del flamenco y uno de los artistas interdisciplinares más experimentales del panorama contemporáneo, presenta en Canarias su 13º trabajo discográfico, ‘Flamenco. Mausoleo de celebración, amor y muerte’, que interpretará en directo en dos grandes citas en Gran Canaria y Tenerife el próximo diciembre.

Su nuevo disco, Flamenco. Mausoleo de celebración de amor y muerte, abraza las formas más radicales y, a su vez, clásicas del flamenco. ¿Diría que es su trabajo más total, quizás una coda a sus trabajos anteriores y el que más ha pergeñado a corazón abierto?

Mausoleo

Una tiende a identificar el concepto «radical» con lo extremo o rupturista, pero usted parece asociar lo radical con lo pequeño, lo esencial, lo humilde.

Sí, es que «radical» tiene que ver con «raíz». Entonces, cuando hablamos de lo radical a mí me gusta matizar esa cuestión porque muchas veces, efectivamente, se entiende por otras cuestiones como ir a lo más violento o agresivo, pero no es tanto eso, sino que es ir a la raíz, aunque ir a la raíz siempre tenga algo de violento y agresivo (risas). Pero mi búsqueda tiene que ver con esa profundización de algo, con ese afán de encontrar muchas veces los porqués de una práctica o de un concepto.  

"Mi búsqueda tiene que ver con ese afán de encontrar los porqués de una práctica o concepto»

Muchos aducen que este disco trata de matar el flamenco; otros, que trata de resurgirlo. ¿Tal vez ambas cosas suceden necesariamente de la mano?

Esa es la gran pregunta y en eso estamos. Hablar de la vida es hablar de la muerte y viceversa. Hablar del amor es hablar del desamor. Estas cosas del yin y el yang que dicen los orientales está muy presente. Pero es verdad que para las músicas que entendemos por populares o tradicionales -aunque el flamenco aún está conformando su tradición y de ahí todos los debates tan apasionados sobre qué es o no el flamenco-, su estado natural es ese de morir y resucitar. O si lo queremos decir de otra forma: el estado natural de las músicas tradicionales es lo que el mismo concepto de «tradición» nos cuenta, que es «tradición, traducción y traición». Ese tríptico de términos explica a la perfección cómo se desarrolla una música tradicional, en la que hay una transformación constante, y en esa transformación constante hay una traducción constante y una traición constante. Entonces, hay gente que a eso lo llama muerte y resurrección; otros lo llamarán de otra forma, pero esas son las formas que tienen las músicas tradicionales y populares de desarrollarse.

Me resulta curioso que un artista que desdibuja y reinventa continuamente las fronteras entre lenguajes preste tanta atención a las palabras y su etimología.

Sí, me gusta mucho explorar el origen de las palabras. Soy muy lector y me gusta entender de qué hablamos realmente cuando hablamos. Creo que es interesante y, sobre todo, es importante entendernos a partir del lenguaje. Por eso siempre intento concretar cada vez más las palabras que conforman mi discurso, pero es una concreción para abrir, no tanto para definir, aunque quizás sea una paradoja, pero en esas paradojas y contradicciones me muevo.

"Soy muy lector y me gusta entender de qué hablamos realmente cuando hablamos»

¿En qué punto de su vida diría que comenzó ese proceso de deconstrucción para la construcción del Niño de Elche?

Ese es un proceso que siempre está, incluso aunque no lo haya reflexionado. Creo que dedicarte en un sentido personal a la música ya conlleva ese proceso, aunque sea en el territorio de la música tradicional. En el fondo, siempre hay un espacio que está procesando en ti, te dediques a lo que te dediques, ¿no? Pero en relación a la música ha habido muchos puntos de inflexión en mi carrera, como el espectáculo que hice sobre el pintor Francis Bacon o el proyecto RaVerdial (2016), que pone en común las raves y los verdiales, que es un palo del flamenco. También el disco Voces del extremo (2015) o la Antología del cante flamenco heterodoxo (2018) fueron trabajos que me removieron mucho. Sí, creo que si hubiese que hacer una línea histórica de hallazgos que me han sacudido y me han empujado a esos cambios serían estas propuestas. Pero de todas formas, yo soy más creyente en los pequeños cambios del día al día o, como dice Christian Bobin, un escritor que me gusta mucho, en «los pequeños milagros que tiene Dios guardados para ti a diario». En esa escucha estoy constantemente. Entonces, cuando en el día a día hay algo que te ha ayudado, enseñado o te ha hecho repensar, imaginar o escribir, es ahí donde creo que se dará un cambio, aunque muchas veces no seas consciente.

Niño de Elche durante una actuación.

Niño de Elche durante una actuación. / ALBA VIGARAY

¿Ese sendero de experimentación y (auto)descubrimiento ha sido un camino solitario o se apoya en referentes coetáneos o predecesores?

La soledad siempre es un espacio necesario para repensarse, para tomar decisiones, para dejarse llevar, pero yo soy muy conocedor de que la mejor forma de que esto suceda es en compañía. Yo soy un fiel conocedor de que el hombre solo no existe y que esto es una cuestión de flujos comunes, siempre reservando tu espacio propio e individual de autoconocimiento. Si continuamos con las palabras, hay una palabra que me define mucho, que es «reunión», que tiene que ver con encontrarse a uno mismo. Ese sentido es el que mejor define mis procesos creativos.

En cambio, yo hubiese definido «reunión» como un encuentro con el otro. 

Claro, pero en su origen significa «volver a ser uno», y precisamente ese encuentro con el otro es el que hace encontrarse a uno mismo. Por eso es una palabra que me refleja muy bien. Y por eso colaboro siempre con tanta gente y estoy siempre en proyectos muy diferentes y diversos. 

"La soledad es un espacio necesario, pero la mejor forma de que esto suceda es en compañía»

En esa línea, ¿cómo define su relación con Raül Refree, productor de este último disco con su llanto de guitarras rotas?

En los últimos tiempos se define como «exflamenco» y subraya que solo un exflamenco podría crear un disco como este. ¿Su colaboración con Rosalía, entre otras, se inscribe en un afán de «reunir» voces de artistas que también matan y resurgen el flamenco?

Tiene todo el sentido, ¿no? Rosalía o Rocío Molina, que también colabora en el disco, también han sido criticadas por «exflamencas» y por haber matado al flamenco. Ese es el juego del disco, donde, principalmente, colaboran artistas sin cuya existencia hoy no se podría entender el flamenco contemporáneo ni la música española, en general. Incluyo en este concepto a Raül, por supuesto. Y ese es el caso de Rosalía, evidentemente, y su colaboración es una experiencia que me guardaré siempre. 

En ese rebuscar entre las cenizas del flamenco, como ha descrito a menudo el proceso creativo de su Mausoleo, ha manifestado varias veces que todo cantaor tiene una llave de oro dentro. ¿Cómo es su llave?

Sin duda, cada cantaor encierra un cofre de conocimiento y de sabiduría, y lo que tenemos que alentar los que estamos en otro sitio es que la llave siga girando. Para mí, esa llave representa muchísimas cosas, porque el flamenco representa para mí el conocimiento del maestro del momento: haciendo un paralelismo con San Pedro, el que tiene las llaves del cielo. Por eso, en el texto del disco hablo de buscar las llaves del cofre para abrir ese tesoro de conocimiento casi ancestral. Pero mi relación con el repertorio del flamenco es ahora más amistosa, más relajada. Al fin y al cabo, creo que me acerco a esos sonidos más ásperos y disonantes que tanto me atraen del flamenco desde otra visión, otra necesidad, otro cariño a ese repertorio. Pero este disco me ha ayudado a entender más cosas sobre el flamenco, que, al fin y al cabo, es entender más cosas sobre la vida. A mí me gusta mucho que, cuando hablamos del flamenco, nos sirva como una plataforma para hablar de cosas de la vida. Muchas veces hablamos del flamenco y nos perdemos en el estilo o en los toques durante dos horas de conversación y luego compruebo que, en el fondo, no hemos hablado de nada. Por eso, siempre lo utilizo como un campo discursivo que me ayude a hablar de cosas realmente elementales o trascendentales. Nunca me interesaría hacer flamenco por hacer flamenco. Como decía antes, que sirva para abrir.