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Alemania es especial en todo

Alemania es especial en todo

Una de las peculiaridades de los alemanes se manifiesta en el fútbol y, en general, en el espíritu de competición (empresarial o de otro tipo) probablemente más agudizado que en norteamericanos y británicos si bien con reglas, que el Estado se esfuerza en hacer cumplir, precisadas en todos sus términos. De ahí que en los países meridionales consideremos a los alemanes cabezas cuadradas. No lo son, en absoluto. Por el contrario, son expansivos, vitalistas, imaginativos, emprendedores. Pero como se saben propensos al exceso se autoimponen normas tendentes a evitar desengaños o las desagradables imprevisiones de las cigarras.

El fútbol español es conocido como la Liga de las Estrellas a pesar de que la política de fichajes diste de sostenerse en capacidades financieras boyantes. En Alemania, sin embargo, los clubes de fútbol gozan de balances equilibrados y en los grandes conjuntos del país no suele haber jugadores extranjeros de reputación internacional tan abundantes como en España o Inglaterra. También en el fútbol el sentido del ahorro alemán los impulsa a exportar más de lo que importan. Ello no impide que la selección de fútbol alemana sea la escuadra que más finales de la Copa Mundial de Fútbol ha jugado (en ocho ocasiones) conquistándola cuatro veces (la primera es Brasil, con cinco títulos). Certeramente, al conjunto nacional alemán le llaman Die Mannschaft (El equipo): el sentido de comunidad cuenta.

Modelo económico

En tanto espectáculo, a finales del pasado siglo el fútbol vivió en todo el mundo una transición con la irrupción de la televisión digital. El espíritu puramente deportivo cedió ante la globalización. El dinero se adueñó del deporte rey, el más visto y popular en todo el planeta. Aun cuando los equipos alemanes no incurrían en compras de estrellas se dejaron seducir por el modelo económico que Leo Kirch -magnate de los medios de comunicación- propuso para el fútbol. Los clubes alemanes pasaron de 180 millones de euros por derechos de televisión, los partidos se transmitían en abierto, a cobrar 1.300 millones por los encuentros televisados por cable para abonados.

Estimulados por los buenos resultados deportivos el sistema se puso en marcha y algunos equipos se convirtieron en accionistas de Kirch-Media. El modelo económico presentaba magníficas perspectivas ya que el grupo mediático presidido por Kirch había adquirido, además de los derechos de la Bundesliga, también los de la Fórmula 1 y la retransmisión de los Mundiales de 2002 y 2006. No obstante, la burbuja estalló a mediados del 2002. Las empresas de Kirch entraron en bancarrota con efectos de desbordamiento que afectaron entre otros al Borussia Dortmund (juega en el mayor estadio de Alemania, con capacidad para 82.000 personas) que estuvo a punto de desaparecer.

La Deutsche Fussball Liga adoptó medidas austeras y cambió de modelo de negocio empezando por la base. Y la base en todo espectáculo es el taquillaje. Aprovechando la oportunidad de los Mundiales del 2006 el Gobierno alentó la reforma de los estadios (hoy día los más seguros del mundo) de forma que además del fútbol pudiesen utilizarse para otro tipo de espectáculos con lo cual no solo servirían para atraer a los aficionados sino también a sus familias gracias a una rebaja substancial del precio de las entradas. Asimismo, los derechos televisivos bajaron a 400 millones de euros. Para la readaptación de los estadios se buscaron recursos privados pero los accionistas inversores no podían en conjunto poseer más del 49% de acciones de un club, el resto quedaría en manos de la afición.

Los patrocinadores -contribución accionarial aparte- fueron numerosos. Bayer está volcada en el Bayer 04 Leverkusen desde su fundación (lo fundaron los empleados de la farmacéutica); Volkswagen en el Vfl Wolfsburg; Audi, Allianz y Adidas en el FC Bayern Munich; la cervecera Veltins patrocinó a FC Schalke 04; Mercedes Benz al Stuttgart FC, etcétera.

Las medidas consiguieron lo que se pretendía. Por una parte, el público afluye masivamente a los estadios. Por otra, asumiendo la medida de tope salarial (los gastos de plantilla no pueden sobrepasar el 42% de los ingresos) los equipos han apostado por los jóvenes, y la cantera, y han saneado sus finanzas. El actual fair play económico en el fútbol se inspira en el modelo alemán.

La Bundesliga es la competición de fútbol más frecuentada del mundo, con un promedio de 43.000 espectadores por partido. La Premier League inglesa, 37.000; España, 27.000; Italia, 23.000; Francia, 20.000. Sin duda coadyuva a este éxito de afluencia, además de los muchos y buenos servicios que ofrecen los estadios alemanes, el bajo coste de acceso. En media, los precios de abonos anuales en la Bundesliga son los más bajos de las cinco grandes ligas europeas, entre 246 euros y 654 euros. En Italia e Inglaterra el rango se extiende de 500 a 1.200 euros. Por partido, los precios de la Bundesliga son también bajos, una media de 56 euros. Hay estadios -limpios, confortables, seguros- a los que se accede por 12 euros. En España, el precio medio del billete más caro en la Primera División asciende hasta los 150 euros; el más barato, 30 euros.

Sin embargo, el rigor en Alemania no excluye la solidaridad. El empresario Dietmar Hopp se hizo rico con la informática y quiso dar alas a una pasión de infancia, a saber, ver jugar en Primera división al equipo de su pueblo natal (TSG Hoffenheim) 3.300 habitantes. En 1990 el club estaba en séptima división (Baden-Württemberg A-Liga). A partir de 1999 Hopp invirtió capital progresivamente de forma que en la temporada 2007-2008 el TSG 1899 Hoffenheim ya jugaba en la Bundesliga y en 2013-2014 el club consiguió un estimable noveno puesto. Entre otras contribuciones, Hopp empleó 60 millones de euros en la construcción de un nuevo estadio.

Adidas y Puma, la rivalidad

Rudolf y Adolf Dassler fueron, además de hermanos, los creadores de Adidas y Puma, empresas rivales en el diseño y comercialización de artículos deportivos En la rivalidad empresarial, la competición la ha ganado Adidas pero bajo los balances se oculta una saga familiar de rencillas homéricas.

En 1924 Rudolf y Adolf abrieron una fábrica de calzado deportivo. En 1936, en los Juegos Olímpicos de Berlín, enfrentándose al partido nacional-socialista, Rudolf, el hermano mayor, tuvo la genial intuición de proponer al corredor norteamericano Jesse Owens, negro, que participase con las zapatillas deportivas que fabricaban. Owens ganó cuatro medallas de oro. Durante la guerra, la fábrica fue requisada y Rudolf enviado a Polonia. Después sería detenido por los norteamericanos al parecer por una oscura denuncia calumniosa de su hermano Adolf, que fue a su vez denunciado por Rudolf al comité de depuración anti-nazi. En 1948, la familia y la empresa se escinden. Algunos familiares y trabajadores siguieron a Rudolf que fundó Puma, justo en frente de la antigua fábrica que es rebautizada Adidas (contracción del diminutivo de Adolf, Adi, y Dassler). Herzogenaurach, el pueblo de ambas fábricas, divida por el río Aurach, se dividió también en dos campos en competencia irreconciliable.

En 1954, antes del Campeonato del Mundo de Fútbol, Rudolf comete su primera pifia. Puma rehusó conceder una modesta ayuda económica a la selección nacional alemana, financieramente en pañales. Pero Adolf ayudó al equipo nacional que, contra pronóstico, ganó el torneo. Con el triunfo, la Alemania que salió derrotada de la guerra recobró el orgullo nacional y el país se volcó en Adidas. El golpe de gracia vendrá con los JJOO de Melbourne, 1956. Adidas distribuyó gratuitamente sus productos entre los participantes y además consiguió bloquear en la aduana australiana el calzado de Puma. De las medallas conseguidas, 62 llevaban la marca Adidas. El aflujo mundial de pedidos fue tal que la planta alemana no dio abasto y el hijo de Adolf, Horst, abrió otra en Francia.

En los JJOO de Roma, Puma, que disponía de menos medios que Adidas, concentró sus esfuerzos en el corredor alemán Armin Harry, ganador de la medalla olímpica en 100 metros lisos, primer sprinter capaz de correrlos en menos de 10 segundos. Pero aunque Harry ganó la carrera calzado con Puma montó al podio en Adidas por los eficaces tejemanejes de Adolf.

En Francia (donde Puma se instaló también) el éxito de Adidas fue tal que Horst eclipsó a su padre. La misma batalla librada entre Rudolf y Adolf se materializó entre este y su hijo por medio de las fábricas alemana y francesa. Años hubo que la competencia entre Adidas Francia y Adidas Alemania fue más feroz que con Puma.

En la Copa del Mundo 1974, Puma apostó por patrocinar a Johan Cruijff (Cruyff, fuera de los Países Bajos) lo que dio lugar a un desenlace surrealista. Los jugadores del equipo de Holanda salieron equipados con las camisetas de tres rayas, distintivo de Adidas, excepto Cruyff que llevaba la suya con las dos rayas de Puma.

Rudolf y Adolf fueron enterrados en el mismo cementerio, cada uno en un extremo. Muy propio de los alemanes: juntos pero no revueltos.

Juan José R. Calaza es economista y matemático

Guillermo de la Dehesa es economista del Estado y presidente del CEPR (Londres)

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