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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Baloncesto Copa del Rey (la contracrónica y reacciones)

Pesadilla en la pintura

Bojan Dubljevic maltrata a los pívots del Gran Canaria

Cuando hace poco más de dos meses las lesiones no paraban de sucederse entre los pívots del Herbalife Gran Canaria el club tiró de chequera para reclutar a un ex de la NBA. Con pasado en los Cavaliers, en los Celtics, en los Clippers de Chris Paul y Blake Griffin, en los Mavericks de Dirk Nowitzki o en los Grizzlies de Marc Gasol, el nombre de Ryan Hollins sonaba a puro 'rock and roll'. Diez temporadas en la NBA, 2,13 de altura y un físico imponente hacían augurar un fichaje de altura. Su poderío, su fuerza y su movilidad parecían las condiciones apropiadas para cubrir los 'peros' del resto de pívots: la inexperiencia de Pasecniks, la fragilidad de Hendrix y la irregularidad de Darko Planinic. Le hacían, por tanto, el pívot ideal para frenar a los 'cincos' más potentes de la Liga.

Uno de ellos es Bojan Dubljevic, un tanque de Montenegro que no para de crecer y va camino de la NBA. Ayer fue el terror del Gran Canaria. Con 22 puntos y 11 rebotes fue el verdugo. La venganza del Valencia llegó a través del balcánico y de la mano de Guillem Vives cuando peor lo pasaban los de Pedro Martínez en el último cuarto. Pero cuando apareció la claridad del base la ventaja ya era prácticamente insalvable. El Granca necesitaba un milagro, y lo necesitaba principalmente porque había sido incapaz de frenar a Dubljevic desde el salto inicial.

No hubo pívot que pudiera con él. Luis Casimiro lo probó todo. Pasecniks solo dio la talla en ataque, Hendrix fue un desastre y Planinic sigue sin ser el mismo desde su lesión. Mientras, Hollins, el hombre que llegó para cubrir esas carencias, había sido el descarte. Y no es la primera vez. El estadounidense le ha puesto empeño y ganas pero no se ha adaptado a Europa, a la diferente vara de medir de los árbitros, a las instrucciones del entrenador y a las jugadas de pizarra. Solo ha podido aportar un par de mates espectaculares, lo que constata el fracaso del club en la elección del refuerzo. Y no ha sido precisamente barato.

Por ahí llegó la sangría del equipo en Vitoria. No hubo remedio. La demarcación en la que más ha fichado el Gran Canaria esta temporada no encontraba antídoto para Dubljevic. Ni para el montenegrino ni para Pierre Oriola, la tercera opción de Pedro Martínez en la posición de 'cinco' que anotó 14 puntos en tan solo doce minutos. Faltaron ayudas para los interiores claretianos y sobraron lanzamientos fáciles para el Valencia, cuyos pívots se topaban a menudo con auténticos pasillos en la pintura. Así, el rebote se convirtió en una auténtica pesadilla: 39 capturaron los 'taronjas' por 27 los insulares. Con esas cifras sorprender al coloso de Martínez es un imposible.

La cosa ya empezó a pintar mal desde el triple con el que inauguró Dubljevic el marcador. Primera posesión para los 'taronjas', el montenegrino saca de la pintura a Pasecniks y abre el luminoso con un tiro de tres. De manual. Pedro Martínez tenía bien estudiado el emparejamiento inicial del montenegrino con Pasecniks, cuya principal laguna sigue siendo la defensa y el rebote defensivo. En ataque se maneja como pez en el agua el gigante letón, pero le faltan argumentos en los que un jugador de su altura no debe fallar. Además, le pesaron los nervios y de inicio se le quedaron cortos varios tiros. Solo producía cerca del aro, y aún así fue el máximo anotador amarillo. Sus condiciones son extraordinarias.

Sin soluciones

Pero Dubljevic le maltrató. Anotó los siete primeros puntos de su equipo y le metió un tapón. Todo ello en un par de minutos. En el ecuador del primer cuarto se fue al banquillo con nueve puntos. La entrada de Kravtsov, el ropero ucraniano, fue un respiro para los insulares. El segundo pívot más usado por Pedro Martínez cometió tres faltas en un suspiro y Pasecniks empezó a sumar. Así que Dubljevic volvió pronto a la pista y, ya con Hendrix como emparejamiento, volvió a anotar y a capturar rebotes en ataque.

En el inicio del segundo cuarto Bojan machacó el aro insular. Pedro Martínez le volvió a dar descanso y puso en liza a Pierre Oriola. El catalán superó también primero a Hendrix y luego a Pasecniks. Anotó diez puntos en cinco minutos, la mayoría en posiciones cómodas, y estiró la ventaja del Valencia, que rozaba ya los veinte puntos. Con el catalán, eso sí, el letón encontraba más facilidades en el otro aro y también sumaba en ataque.

En esas entró de nuevo Dubljevic y Casimiro probó con Darko Planinic. El croata sumó una canasta nada más entrar pero el montenegrino se la devolvió tras un rebote ofensivo y una buena defensa amarilla. La situación era desesperante. En cuanto los insulares intentaban apretar y encadenaban un par de minutos buenos llegaba el bofetón valenciano por dentro. En la reanudación volvió Casimiro a probar con Planinic. El caos se apoderó del encuentro y el croata consiguió frenar a Dubljevic, que se marchó al banquillo tras cuatro minutos sin lanzar a canasta. Ajustó bien la defensa el equipo pero no había charla técnica, ni del entrenador ni de nadie, que solucionara los problemas ofensivos.

Volvió Kravtsov, luego Oriola y con Pasecniks resistían los amarillos por dentro. Llovía menos gracias a la intensidad colectiva que contagiaba Rabaseda y llegaron los mejores parciales de los insulares. Ni Oriola, ni Dubljevic hicieron daño hasta que Vives anotó siete puntos consecutivos para finiquitar el choque. Quedaban cinco minutos y volvieron a aparecer primero Dubljevic y al final Oriola para seguir a lo suyo. Se atiborraron a puntos y rebotes y machacaron a la pintura amarilla. El Herbalife tiene un problema: para competir con los mejores necesita progresar por dentro: con lo que tiene o con un refuerzo en el que sí acierte.

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