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Elisa Sánchez, la segunda 'Ultrawoman'

La grancanaria se convierte en Mallorca en la segunda mujer española en acabar una prueba de ultrafondo

Elisa Sánchez, la  segunda 'Ultrawoman'

Elisa Sánchez, la segunda 'Ultrawoman' ULTRA MALLORCA MAN

"No fui al Ultraman de Mallorca para demostrar que una mujer podía, sino para demostrar que todo el mundo puede. Yo no soy mejor que nadie, todo lo que quieras lo puedes conseguir, pero nadie te lo va a regalar". Es la frase de Elisa Sánchez, primera mujer canaria y segunda española en acabar una carrera de ultrafondo -el doble de un Ironman: 10 kilómetros de natación, 438 de bicicleta y 84 corriendo- y que prefiere evitar la etiqueta de ejemplo. "Más que ser considerada un ejemplo de romper barreras, me gusta demostrar a todo el mundo, no solo a las mujeres, que realmente si quieres, puedes", explica la grancanaria, que con 34 años se sumó este domingo a un club tan reducido que solo estaba la catalana Delia Banús, que terminó el Ultraman de Florida de 2017.

Elisa resta importancia a que las pruebas de ultrafondo tengan el apellido de 'Man' [hombre en inglés]: "Ultraman, Ironman... es un mundo de hombres pero no le doy importancia. Creo que no se debería cambiar, para mí es lo de menos. No ayuda que se llame Ultraman, pero tampoco ayuda que ninguna se apunte", añade Sánchez, la primera mujer en inscribirse en la Ultraman de Mallorca y la primera en acabarlo. Allí hizo historia en un fin de semana -la prueba se realiza en tres etapas- en el que la cuidaron mucho. "En Mallorca salió mucho el tema en los medios. Incluso en el avión de vuelta me senté y el azafato me felicitó", detalla entre risas. "Aunque no fuera su intención, me sentí muy presionada. La organización me arropó un montón porque era la única chica que me había inscrito, era como la niña bonita. A ellos también les convenía que yo terminara para que se animaran más mujeres", añade. "Creo que sí voy a conseguir que más mujeres se animen. Hay grandes mujeres deportistas de ultrafondo", continúa.

Pero subraya Elisa que desconocía la situación cuando se inscribió. "Era un reto personal que me había puesto. Me llamaba la atención el Ultraman porque soy triatleta, me gusta el Ironman y el ultrafondo. Me lo propuse como un reto", añade. Todo había empezado en mayo, cuando terminó el Ironman de Lanzarote, el quinto que concluía en su carrera. En su currículum también están dos Transgrancanarias y un Maratón des Sables en Fuerteventura. Cuando terminó el primer Ironman de Lanzarote fue también la primera mujer grancanaria en hacerlo, lo mismo que en la prueba majorera. Superar muros está en su ADN. Pero le parecía poco. "Quería subir un escalón más, hacer algo que la gente no suele hacer y comprobar si podía. Una semana después del Ironman de Lanzarote empecé con la preparación", continúa.

Semejante objetivo cambió por completo su día a día. "Soy enfermera y mi mes de vacaciones en septiembre lo cogí de manera estratégica porque era el mes que más volumen de entrenamientos había. Lo dediqué exclusivamente a entrenar", relata acerca de sus entrenamientos. En este proceso, destaca que han sido claves sus entrenadores Pablo Cabeza y Romen León, así como su equipo de apoyo en carrera formado por Jonay González y Jorge Vega. "La medalla es más de ellos que mía. Han sido mis ángeles de la guarda. Les debo mucho", agradece.

Un segundo día épico

El reto empezaba con 10 kilómetros de natación y 126 de bicicleta el viernes (lo completó en 9:23'24"), continuaba con 312 de bicicleta el sábado (terminó en 14:43'27") y concluía con 84 kilómetros de carrera a pie -o lo que es lo mismo, dos maratones- el domingo (lo finalizó en 10:12'11") para un total de 34:19'02". Aunque su momento más crítico pensaba que llegaría al comienzo con la natación, la que considera su mayor debilidad, admite que pensó en la retirada en la segunda etapa. Cuando llevaba el sábado más de 250 kilómetros sobre la bicicleta, siempre bajo una intensa y tortuosa lluvia, vio peligrar seriamente su reto por el tiempo de corte, marcado en 15 horas. En medio de la oscuridad, con la ropa empapada, buscando una ruta alternativa debido a un desprendimiento en la carretera, sola tras perder a su equipo durante unos kilómetros, al borde del límite de tiempo marcado por el reglamento y agotada después de dos días de una exigencia física extrema, le entraron las dudas. Era inevitable. En ese momento nada la acompañaba.

"Cuando por la cabeza se me pasó retirarme el segundo día pensaba que iba a decepcionar a un montón de gente. Pero también me dio más energía, hasta me vino bien para apretar y no decepcionar a los que están ahí. Aparte, mi tripulación también se había dado una buena paliza", explica. En ese momento de debilidad la grancanaria escogió una vez más el camino más difícil. "En los últimos 40 kilómetros ni comí ni bebí nada, fui acoplada todo el rato a la bicicleta para recuperar el tiempo que había perdido en los puertos, porque no subo bien. Llegué a la meta muy mareada", reconoce.

"Fue una aventura, el día salió horrible. La organización respondió muy bien, pero nos vimos los tres últimos con una carretera cortada y tuvimos que buscar una ruta alternativa, perdimos mucho tiempo y no sabíamos si iban a ampliar el tiempo de corte. Nos vimos con muchas prisas, llovió durante las 15 horas que dieron para terminar la etapa. No había visto nunca llover de esa manera, bajando por una carretera con charcos, se hizo de noche, las tripulaciones nos dieron luz desde el coche por detrás porque no se veía bien y quieres llegar, por lo que te olvidas del miedo. No sé cómo no acabé en la carretera y sin dientes. Fue una etapa épica", relata.

Comparado con esas horas de agbio, el día anterior fue a pedir de boca a pesar del frío. Y desde el tramo inicial de natación. "No soy buena nadadora y me lo preparé bastante bien, habíamos pensado cuatro horas y lo clavé. Pasé frío y salí casi hipotérmica, con los labios azules, pero más o menos sabía a lo que me enfrentaba con ese agua congelada. Soy muy friolera. Pero cuando vi que salí del agua en cuatro horas me quedé tranquila. Lo que quería eran seis horas para el tramo de bicicleta, así que la primera etapa no me costó", describe.

Así, cuando llegó al hotel el sábado por la noche a la 12, a pesar de que afrontaba dos maratones, sabía que lo tenía en el bolsillo. "No sé cómo la recuperación fue tan buena porque apenas comí y estaba muerta de frío. Al día siguiente las piernas dolían pero no fue algo que me impidiera correr", comenta. "Salió un poco el sol y lo disfruté. Yo al golpito voy bien, soy un poco gasoil. Sabía que llegaría en algún momento, y llegué. No puedes imaginar la alegría de llegar a meta", explica antes de sentenciar que ahora solo se plantea "descansar".

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