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Volver a sentirse futbolista tras ser prostituido

Esclavos sexuales en el fútbol

El Barça, el Athletic y el Betis tratan de devolver la ilusión por el deporte a unos jugadores cuyo sueño de triunfar en España se convirtió en una pesadilla de explotación

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Habían superado un cásting de talentos sudamericanos, un OT futbolero. De la primera criba de 240 futbolistas argentinos y colombianos quedó una sesentena, que irían llegando a España en distintas fases. Entre la primera remesa de 22, los mejores según les dijeron los ojeadores, había un grupo de ocho chavales de 16 a 23 años, con sus humildes maletas rebosantes de esperanza, pensando que se abría ante ellos la posibilidad de seguir los pasos de los Messi, Luis Suárez y Neymar. El sueño de estos futbolistas se convirtió en una pesadilla de explotación sexual, maltratos y amenazas de muerte a ellos y sus familias hasta que la Guardia Civil les liberó en junio de su confinamiento.

De los ocho que había, el que era menor de edad volvió a su país y cuatro están acogidos por Nuevo Hogar Betania. Una organización especializada en la trata de personas, que intenta ahora recoger los mimbres de ese castillo de palillos, desparramados y muchos rotos, para intentar recomponer una estructura emocional devastada por su captores. ¿Cómo se vuelve a recuperar la ilusión por el fútbol después de haber sido esclavo sexual?

Cuentan en este proceso con la ayuda de algunos clubs: un modesto equipo andaluz se ha ofrecido a que estos chavales puedan hacer la pretemporada con ellos y las fundaciones del Barça, el Athletic y el Betis también les han abierto las puertas para echarles una mano en lo que puedan: mandándoles material deportivo y, cuando el coronavirus permita más movilidad, emprender otras iniciativas que les permitan ver la cara más bonita de este deporte después de haber sufrido la más cruenta.

"Queremos darles apoyo emocional, con acciones concretas, ilusionarles después de la situación tan traumática que han vivido", explica la responsable de programas de la Fundación del Barça, Mariona Miret. "Y también queremos ayudar a dar visibilidad y sensibilizar sobre esta realidad y dar una alerta a todo el sector sobre una realidad poco conocida".

Elaborar el trauma

"Estamos a punto de firmar el convenio con clubs y estamos muy contentos porque se han implicados con rigor y medidas en positivo y confiemos en que esto sirva para emprender el camino de la normalización", comenta Begoña Arana. Una senda que, como reconoce la directora de Nuevo Hogar Betania, será larga y compleja. "Han pasado por una experiencia sumamente traumática y el trabajo generado no será inmediato. No todos lo llevan igual y cada uno necesita su ritmo para elaborar el trauma de las situaciones que han vivido, el daño emocional sufrido, de ver cómo sus sueños se les desmontan y cómo les afecta a ello y a sus familias".

Uno de los chicos había llegado a ser internacional sub-21 con su país y, aunque la investigación está todavía bajo secreto de sumario, existe la sospecha de que algunos miembros de los antiguos clubs de los jugadores habría participado de manera directa o indirecta en la captación para fichar para un equipo ficticio que debía servir de trampolín para llegar a Primera.

La realidad que se encontraron al llegar fue totalmente distinta: del aeropuerto iban directos a un piso de Prado del Rey, un pequeño municipio gaditano. Hacinados en esa vivienda insalubre, donde la comida estaba bajo llave y tenían que mendigar para comer. Les quitaron la documentación y el dinero que llevaban nada más llegar, y para poder vivir tenían que mantener relaciones sexuales con hombres. Les obligaban a quedar con clientes de la provincia de Cádiz que conocían por internet, citas a las que les llevaba uno de los miembros de la trama. Entrenaban en la azotea del edificio por el día y eran prostituidos por la noche. Unos lo hicieron durante unos nueve meses, otro menos, pero como relata Arana todos se derrumbaron psicológicamente tarde o temprano ante las amenazas no solo contra su integridad física y la de sus familiares sino también la de que sus captores contaran en sus países que los que se habían ido a España a triunfar en el fútbol se dedicaban a la prostitución masculina.

Sus familias, ajenas a lo ocurrido, tenían que seguir pagando a los captadores los costes del viaje y la estancia (por ejemplo por el visado de estudios, que es de gestión gratuita, se les cobraba 1.000 euros) con la promesa de que recuperarían la inversión cuando su hijo firmara el primer contrato profesional. Siendo en la mayoría de casos hogares sin recursos debían recurrir a prestamistas, con una deuda que iba creciendo a diario (en algunos casos hasta 60.000 euros), y arriesgándose a palizas como las que recibían también los chavales en el cuchitril en el que malvivían. La noticia de que un prestamista acabó con la vida del hermano mayor de unos futbolistas al no cobrarse una deuda fue un golpe para todos los cautivos.

Uno de ellos encontró el 9 de junio a la Guardia Civil por la zona rural y la trama saltó por los aires: los agentes liberaron en la 'operación Promises' al resto de jóvenes y detuvieron a tres personas por trata de seres humanos con fines de explotación sexual. "No sabemos desde cuándo estaba la trama abierta y hasta dónde los lazos se han cortado. Pero estoy segura que hay muchos casos más", cuenta Arana.

Patrón que se repite

Sin ir más lejos, el viernes de la semana pasada hubo otra intervención policial después de que se interpusiera un juzgado de la provincia de Sevilla por un caso de falsa captación para jugar en un equipo de fútbol de cuatro jóvenes de Colombia y Argentina. Una supuesta de agencia de representación internacional, que decía estar inscrita en la federación española aunque era falso, prometía a los futbolistas el oro y el moro y que de su mano ficharían por clubs españoles profesionales.

Dejando el elemento del fútbol aparte, el caso de las jóvenes futbolistas acogidos por Nuevo Hogar Betania es muy similar al que han visto en la oenegé desde que se fundó en el 2011 para ayudar a las víctimas de la trata de seres humanos: captación en origen, sobre todo en familias pobres y con pocos estudios, engaño, extorsión y explotación en destino.

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