Fútbol

Así le ha regalado la FIFA a Arabia Saudí un Mundial sin que casi nadie lo note

El máximo organismo del fútbol ha ido tomando pequeñas decisiones aparentemente inocentes pero destinadas a que la candidatura saudí fuera la única capaz de acoger la edición de 2034

Gianni Infantino, en una imagen de archivo.

Gianni Infantino, en una imagen de archivo. / EFE

Sergio R. Viñas

Este martes se cerró el plazo para la presentación de candidaturas para organizar el Mundial 2034 de fútbol masculino y, para sorpresa de nadie, Arabia Saudí fue el único país que presentó la llamada "declaración de interés" necesaria para participar en el proceso de selección. Dicho de otro modo, la dictadura saudí acogerá el Mundial inmediatamente posterior al que se celebrará en España... Portugal, Marruecos, Argentina, Uruguay y Paraguay. Hasta Gianni Infantino confirmó en su cuenta de Instagram la buena nueva saudí, apelando al "mensaje de unidad e inclusión" que la designación lleva implícita.

Se consuma así, sin excesivo ruido ni margen para la polémica, un nuevo episodio de blanqueamiento del deporte mundial hacia los regímenes dictatoriales. Queda que, en efecto, la dictadura cumplimente todos los requisitos formales, pero eso es mera burocracia, un trámite. Arabia Saudí, como antes ocurrió con Qatar (Mundial 2022) o con China (JJOO de Pekín 2008), se normaliza como un agente válido con organizador de grandes torneos internacionales. ¿Los Derechos Humanos? ¿A quién le importa eso? A quienes ocupan los grandes despachos del deporte mundial está claro que no.

FIFA se defenderá de las críticas que pueda haber (que las habrá) agarrándose a que Arabia Saudí es una federación miembro más y que ha gozado de las mismas oportunidades que el resto. Y callará que si el Mundial 2034 va a acabar ahí es porque los procedimientos que la propia FIFA ha ido creando no han dejado, en la práctica, otra posibilidad. Pequeñas decisiones, una tras otra, sin aparente ilación, que han hecho imposible que el desenlace fuera otro distinto.

El proceso de designación

Veamos. En el año 2007, la FIFA aplicó un criterio de rotación de ediciones, de manera que un mismo continente no puede albergar dos Mundiales en un margen de ocho años. Esta norma implicaba que los países del Norte y Centro de América no pudieran aspirar a la edición de 2034, dado que EEUU, Canada y México ejercerán los anfitriones en 2026.

Con esta norma sobre la mesa, Arabia Saudí se vio obligada a cancelar sus aspiraciones para 2030, dado que su vecina Qatar había albergado el de 2022. El Mundial de 2030, en definitiva, quedaba solo abierto a países de Europa, Sudamérica, África y Oceanía. Pero Oceanía, en la práctica, no cuenta, dado que Australia es miembro de la confederación asiática desde hace tres lustros y el resto de naciones oceánicas carecen de capacidad para organizar un Mundial por sí solas.

Llegó entonces la jugada maestra de la FIFA. Hace un mes, el organismo que preside Gianni Infantino anunció que el Mundial 2030 se disputaría en España, Portugal y Marruecos, con partidos inaugurales en Argentina, Uruguay y Paraguay. Es decir, tres continentes diferentes albergarían esa edición, borrando a los tres de manera automática de la carrera para 2034.

La extraña postura de Conmebol

Llama la atención en este sentido la conformidad de Conmebol (la confederación sudamericana) a esta edición, dado que se conforma con tres partidos inaugurales a cambio de no organizar un Mundial hasta al menos 2038, cuando habrán pasado 24 años desde Brasil 2014. Bueno, en puridad no lo podrían organizar hasta 2042, pero con las reglas actuales solo Norte y Centro América y Oceanía podrían acoger la edición de 2038 y ninguna de las dos (excluyendo a EEUU, Canadá y México, anfitrionas en 2026) parecen tener la capacidad de hacerlo.

La jugada de la FIFA es, en apariencia, con las cartas boca arriba, pues el propio organismo invitó a los países de Asia y Oceanía a presentar sus candidaturas para el Mundial 2034. Y aunque Oceanía, escrito queda, está de facto fuera de la ecuación, en la confederación asiática hay un buen número de países con capacidad para organizar un Mundial, sea de manera individual o en alianza con otros: Japón, Australia, Indonesia, Corea del Sur, China...

El pequeño matiz, lo que convierte el guiño a Arabia Saudí en una auténtica pasarela dorada, es el plazo dado por la FIFA para la presentación de candidaturas. Sin previo aviso, el organismo que rige el fútbol mundial decidió acompasar los procesos de 2030 y 2034, obligando a quien quisiera acoger el segundo de ellos a cumplimentar todos los requisitos antes de este martes, 31 de octubre. Un plazo de días para un Mundial que se celebrará dentro de 11 años.

El giro repentino de Indonesia

Arabia Saudí, que había adelantado trabajo de cara a 2030 (renunció en junio, ¿sabría algo?), lo tenía todo listo. Australia era otro país con la ambición de optar a la cita de 2034 y trató de moverse con la obligada rapidez impuesta para armar otra candidatura. Trató de aliarse con Indonesia, que veía el proyecto con buenos ojos, pero el país asiático renunció un día antes de que su ministro de Asuntos Exteriores se reuniera en Riad con su homónimo saudí, prometiéndole además el apoyo de su país a esa candidatura. Parece demasiada casualidad.

Este martes por la mañana, Australia anunció oficialmente que desistía en su intento de ser la sede del Mundial 2034, posicionándose a su vez para acoger en 2029 la segunda edición nuevo Mundial de Clubes de la FIFA, cuyo formato con 32 equipos debe estrenarse en 2025 en EEUU. Por la tarde, la FIFA confirmó que solo la dictadura saudí había enviado la "declaración de intenciones".

La consecuencia de todo esto es que, de facto, Arabia Saudí es desde este miércoles la sede oficiosa del Mundial 2034. Y lo es sin que la FIFA tenga que realizar ningún proceso de elección que facilite las presiones internacionales para que la candidatura saudí decaiga como las que sufrió en el proceso de selección de Qatar 2022, investigado ahora por corrupción.

Todo atado y bien atado y con el aspecto necesario de pulcritud que no vaya a poner la designación en solfa. Sin que casi nadie que no lo mire con detalle se dé cuenta de que la FIFA se ha vuelto a vender al torrente millonario llegado de un país que pisotea los Derechos Humanos. Que ruede el balón. Eso parece justificarlo todo.

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