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Entrevista. Sindicalista y político

Salvador García Carrillo: "Saavedra me mandó a Jinámar para frenar a los comunistas"

La muerte de cuatro de sus hermanos, de entre 16 y 22 años, en el incendio del chamizo donde dormían lo marcó para siempre

Salvador García Carrillo

Salvador García Carrillo JC Castro

Salvador García Carrillo. 1941. Gáldar. Sindicalista y político. Por ese orden. Ése es el personaje en cuya memoria, en cuya vida, marcada por la política, el sindicalismo y la tragedia hurgaremos durante unos días, hasta que él eche el candado. Salvador puede tener muchos defectos, que los tiene, pero es una de las personas más generosas, ba- talladoras y osadas que conozco. Son tantas las leyendas que atesora el político canario que tantos altos cargos de responsabilidad ha desempeñado en el ámbito de la Sanidad Canaria, antes incluso de que llegaran las transferencias sanitarias, que después de haber hablado durante horas una tiene la impresión de que algunas son más que leyenda. Vive la vida con pasión, disfrutando cada momento.

García Carrillo perteneció a esa banda de "rock duro" del socialismo canario que junto a su amigo Anastasio Travieso y otros bautizaron como "los viejos rockeros", en respuesta a un golpe de timón que algunos quisieron dar en el PSOE. Ha sido un hombre valiente, no le tiene miedo a nada o a casi nada. Su vida está jalonada de luchas políticas y personales en las que casi siempre ha salido victorioso. Incluso cuando hace unos años su salud se puso remolona construyó el muro más alto, el que impidiera que se instalara en su casa, en su vida, y ganó.

En el año 1969 Salvador García Carillo fundó junto a Marcela Delgado, Carmelo Artiles (q.e.p.d), Manuel Carmona, Eva Rosa Quintana, Ana Delgado y Anastasio Travieso, la Unión General de Trabajadores (UGT). Es decir, en pleno franquismo, poniendo patas arriba la dormida y abusiva actividad laboral y el trato injusto que el régimen le dispensaba a muchos trabajadores. Su andadura tiene material para escribir un libro porque Salvador procede de una familia muy muy humilde. "¿Tú sabes lo que es ser pobre?, ¡pues nosotros éramos más pobres todavía!". Ya es. Lean. Sus padres y sus 12 hermanos vivían en La Aldea de los años 50 y de no haber habido cabras que cuidar no habría habido comida. Los niños cuidaban a las cabras y alguna propina se llevaban sus padres. De eso comían.

La familia de Salvador, como muchas otras, se desplazaban por temporadas desde Barranco Hondo de Gáldar a La Aldea para realizar trabajos agrícolas en la zafra o cuidando de las fincas, todo ello en condiciones muy precarias y sin vivienda. "Dormíamos en los almacenes o dependencias agrícolas, allí, en el suelo, en rincones?".

En una de esas temporadas, mientras su familia trabajaba para la finca de Rafael Rodríguez El Pistolera, un incendio donde dormía la familia tuvo consecuencias trágicas: cuatro de sus hermanos murieron, sus edades, de entre 16 y 22 años. "Nunca he podido olvidar aquello ni a mis padres, las penurias y la desolación. Ahora que soy padre y abuelo quiero más a mis pobres padres. No sé cómo se puede sobrevivir a tanto dolor". Dice que "esa tragedia familiar, unido a las penurias y sacrificios para sobrevivir, marcaron profundamente mi carácter y la determinación por conquistar un futuro mejor, erradicando esas miserias e injusticias sociales que ya vivíamos en casa pero que era el lugar común de tantas familias en Canarias".

Salvador, como muchos niños de la época, encontraron una salida gracias a la Iglesia y los estudios del Seminario que además de suponer un alivio para la familia al tener una boca menos que atender, servía además para aprender lectura y la base para los primeros estudios. La Aldea, "que era culo del mundo en los años 50", recuerda, "no tenía escapatoria. Te condenaba a ser pobre y siempre tuve voluntad de sacar la cabeza. Yo con 15 años ya tenía decidido dejar La Aldea, sólo me faltaba la excusa, así que un día me fui a un puesto de la Guardia Civil y me enteré que ofertaban plazas de Voluntario Automovilista y me apunté, pero como era un chiquillo falsifiqué la firma de mi padre; no se enteró nadie".

Popular celador

Fue, ya lo sabrán, celador y controlador de suministros de la Clínica del Pino (aún era clínica y no hospital como hoy), también primer director gerente del peor Polígono de Jinámar, secretario de la Fede- ración de Sanidad de UGT, direc- tor Social de la provincia de Santa Cruz de Tenerife y posteriormente al País Vasco; en 1984 lo nombra-ron gerente del Hospital de El Hierro y en 1984 del hospital de La Gomera; un destino donde vivió una de las experiencias más amargas de su vida. El 11 de septiembre de ese año un incendio en La Gomera se saldó con la muerte de 11 personas, entre ellos el gobernador civil, que habían acudido con efectivos para sofocar un incendio. Una lengua de fuego los atrapó y allí dejaron sus vidas. "Tuve que encar-garme junto a otros compañeros del traslado de los fallecidos, los heridos, el operativo, el rescate. Fue tremendo porque estaba viendo a mis amigos con los que había ha-blado días antes".

En su abundante anecdotario, Salvador García Carrillo destaca especialmente su vínculo permanente con Gáldar y prueba de ello durante los años que estuvo de Celador en la Clínica del Pino, controlando el acceso a los familiares y visitantes, era vox populi que únicamente se colaban o dejaban pasar a todas las personas que alegaban a su favor que eran de Gáldar, sirviendo de este modo la condición de galdense como salvoconducto o "pase especial" para todos sus paisanos. Sin embargo, la picaresca popular hizo que este salvoconducto se extendiera también a gente de La Aldea, alegando en este caso que todos eran los primos aldeanos de Salvador García Carrillo, llegando al extremo que mucha gente que ni siquiera le conocían se presentaban ante el propio Salvador diciendo que les dejara pasar porque eran de Gáldar o primos de La Aldea. Cuenta que como celador "conoció" a primos que no eran tal y que se lo porfiaban o a familiares que venían con la recomendación del parentesco, pero dice en su descargo: "Yo no conozco a nadie que quiera venir a un hospital a echar la tarde. Debe ser que tenían enfermos ingresados y entonces yo me hacía el loco y los dejaba pasar, claro".

Los pasos de gigante en la proyección laboral de García Carrillo han sido espectaculares. "No olvides que yo no era más que un modesto celador y que llegué a desempeñar cargos importantísimos y obtenido logros personales que jamás pensé alcanzar. Te lo digo de verdad; de hecho te aseguro que el primer sorprendido era yo; cuando me ofrecían un cargo importante yo siempre les decía "¡pero si yo de eso no entiendo nada!".

Pero era y es un pillo que se rodeó de buenos equipos de amigos que le asesoraron así que desde que pudo hizo el Acceso a la Universidad para mayores de 25 años.

Su trayectoria personal y profesional viene marcada porque nunca ha olvidado ni su origen ni su compromiso con las familias más humildes y desfavorecidas de Gran Canaria. Quienes vivieron de cerca sus inicios dicen que García Carrillo "ha mantenido una conducta ética coherente e intachable, tanto cuando ocupaba puestos de trabajo desde la base como celador y controlador de suministros de la Clínica del Pino como cuando ocupaba los más altos puestos directivos del INSALUD o de Director General del Gobierno de Canarias, un cargo éste último que le situó en puesto de poder y responsabilidad. Pero nunca ha olvidado eso, de dónde viene y a donde va".

Uno de los cargos más tentadores que ha desempeñado García Carrillo a lo largo de su vida fue el de director. "Ha trabajado con tesón y perseverancia para vencer a las desigualdades económicas y sociales e incluso superar las tragedias y miserias de la posguerra civil", destacan políticos que han estado a su lado.

Jinámar y el comunismo

En 1984 Jerónimo Saavedra le pide a Salvador que vaya como Gerente al Polígono de Jinámar con rango de Director General del Gobierno de Canarias, núcleo poblacional del cono sur, entre Telde y Las Palmas de Gran Canaria donde por entonces el nivel de conflictos propició movimientos vecinales de izquierdas, vinculados en muchos casos al comunismo.

Había mucha preocupación en el Gobierno canario porque las desigualdades eran el caldo de cultivo de esa opción política. "Los conflictos vecinales eran duros y los primeros pasos los di-mos encaminados a mejorar la calidad de vida de gente que vivía muy mal. José Carlos Mauricio, con el que mantuve importantes peloteras, les "vendía" a los vecinos mejoras inalcanzables. Fue una etapa muy complicada, desde luego. Yo quiero mencionar hoy a una mujer que ya ha fallecido, Reyita, Presidenta de la Asociación de Asociaciones de Vecinos de Jinámar y que entendió enseguida que tenía que estar al lado de los vecinos y no al lado de quienes politizaban la zona para no hacer nada. Tanto lo entendió que se acabó convirtiendo en una líder vecinal respetada y ayudó mucho a su gente. Siendo comunista, que era y es muy respetable, nos ayudó mucho".

Como referente sindical que ha sido no entiende el desierto en el que vive el sindicalismo en Canarias y en realidad en toda España. Descrédito e inmovilismo."Nada que ver con lo de hace unos años y no tantos, no creas". Opina García Carrillo que en gran medida la culpa la han tenido los mismos partidos políticos a los que históricamente han estado vinculados los sindicatos. "Creo que los partidos comenzaron a tener miedo de los sindicatos porque es verdad que hubo una época en la que la fuerza social del sindicalismo era brutal y claro, lo que tú no controlas, produce vértigo. Creo que ha sido una mezcla de todo y finalmente el sindicalismo vive muy malos momentos".

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