Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Por la Aquitania de Julio César

Burdeos recuerda en la explanada de Quinconcés a los Girondinos, fuerza moderadora en la Revolución Francesa, víctima de la guillotina por Robespierre

El autor posa en la Ciudad del Vino de Burdeos.

El autor posa en la Ciudad del Vino de Burdeos. F. H. G.

Julio César nos dice al comienzo de su Guerra de las Galias: "La Galia está dividida en tres partes: una que habitan los belgas, otra los aquitanos, la tercera los que en su lengua se llaman celtas y en la nuestra galos. Todos estos se diferencian entre si? en lenguaje, costumbres y leyes". A esta región de los aquitanos, que tras la reforma administrativa del 2016 se llama Nueva Aquitania, es a donde vamos a viajar.

Seis horas de rodar por la autopista nos han bastado para llegar desde Barcelona hasta Sarlat-la Cadéna en el Perigord (ya en la región de Nueva Aquitania). Es una zona de Francia conocida por la elaboración de foie-gras y, en efecto, en la última parte de nuestro trayecto hemos visto muchas granjas de ocas, con miles de aves que esperan, sin saberlo, su cruel destino. En estos días de cultura animalista no podemos estar seguros de cuántos años pasarán hasta que prohíban, ya lo está en muchos países europeos, esta forma de preparar el hígado hipertrofiado de las ánades.

El pueblo en el que vamos a dormir esta primera noche de nuestro viaje francés es una reliquia de los siglos XV y XVI, con un centro histórico muy bien conservado, que recorremos casi en soledad en esta época del año, y una iglesia, a la que ellos llaman la catedral ya que en otro momento tuvieron obispo, de estilo gótico tardío, helada y húmeda a la que apenas doy un vistazo antes de salir de nuevo a los quince grados de la calle que me parecen agradabilísimos.

Sarlat está lleno de tiendas con los productos locales, y de restaurantes que ofertan todos los alimentos que se pueden obtener de las ocas; foie, paté, confit de pato, etc. Nosotros cenamos frente a la catedral en el que nos recomendaron en el hotel donde vamos a dormir, pedimos lo ofertado por el chef, eligiendo una de esas 'fórmulas' típicas de los restaurantes franceses: un entrante, un plato principal y un postre por tantos euros.

Hay fórmulas de veinte, treinta y cuarenta euros y en otros restaurantes que frecuentaremos los próximos días aún se abrirá más el abanico de pago. Entre su centro histórico, su foie y un entorno muy agradable Sarlat-la Canéda se ha convertido en un lugar turístico que en verano atrae a mucha gente.

A la mañana siguiente tenemos que recorrer unos treinta kilómetros para estar a las diez y media en Lascaux II, donde nos espera una réplica de la cueva de ese nombre, además de otra serie de instalaciones en las que se pueden admirar las copias de los dibujos, grabados y bajorrelieves que nos legaron nuestros antepasados del periodo magdaleniense (La Madeleine, donde se localizaron los primeros vestigios de esta época cultural es un pueblo cercano), que vivieron en el sur de Francia y norte de España hace unos dieciocho mil años. La cueva de Lascaux fue encontrada en 1940 por cuatro muchachos, allí los he visto con caras de franceses en varias fotos, en los terrenos de una finca, que era propiedad de los condes de la Rochefoucauld (título de resonancias filosóficas), cerca del pueblo de Montignac (ya estamos en la Dordoña).

A un centenar de metros de la cueva original han construido un enorme y airoso edificio por el que se entra a su réplica exacta en dimensiones, forma y decoración, en una visita guiada que dura unos veinte minutos. Comienzan en un pasillo donde oímos a los chicos que la descubrieron, con ladridos de perro y otros sonidos ambientales, que nos ponen en situación. Acompañados por una guía entramos en la neocueva y nos van mostrando todas las pinturas prehistóricas, señalando aquellas que pueden pasar inadvertidas a un ojo inexperto.

Después te pasan a una gran sala donde vuelves a encontrar la misma réplica pero ahora fragmentada y presentada de manera muy didáctica donde, ya a solas, con ayuda de una audio guía y una pequeña tableta digital con geolocalización, puedes repasar las figuras que desees en realidad aumentada y con explicaciones de cada una. Para decirlo todo debo advertir que la tableta permitía hacer fotos que se iban almacenando en ella y que tras poner tu correo electrónico se supone que te llegarían esa tarde. Aún estoy esperando las que yo hice. No obstante, me gustó mucho el edificio, la neocueva y las explicaciones que daban. Sin entrar en comparaciones creo que la de Altamira es más bonita porque los artistas que la decoraron eran mejores pero ésta está muy bien presentada.

La visita nos ha llevado toda la mañana y tras comer seguimos viaje hacia Burdeos, a unas tres horas de camino, esta vez por carreteras regionales para ver los viñedos, que ahora empiezan a rebrotar de la salvaje poda que sufrieron tras la cosecha. En esta ciudad, capital de la Nueva Aquitania, la mayor región de Francia, vamos a pasar tres días. Llegamos más pendientes del GPS para localizar el hotel que de la ciudad y tras cenar en las cercanías esperaremos al día siguiente para ver una capital espectacular por su arquitectura y su urbanismo.

Burdeos, famosa por sus vinos, está a orillas del río Garona, que nace en los Pirineos españoles, y que al atravesarla tiene una anchura de más de trescientos metros. Remontando este río llegaban muchas mercancías de la América y el África francesas y de esa época conserva la ciudad unos muelles y unos almacenes que ahora están al servicio del comercio y el ocio.

El centro de la ciudad ocupa algo más de un kilómetro a lo largo de la orilla izquierda del Garona, desde la puerta de Aquitania hasta el distrito de Chartrons, con unos edificios neoclásicos que en su gran mayoría se levantaron en el siglo XVIII y comienzos del XIX, que han sabido conservar, limpiar la piedra de sus fachadas y que presentan un aspecto inmejorable.

Por su parte, las calles, avenidas, márgenes del río, plazas y jardines son amplísimas y, muchas peatonalizadas, permiten un paseo cómodo únicamente alterado por las numerosas bicicletas que ponen en riesgo a los distraídos viandantes que las frecuentan. Tampoco cuidan a los perros con la higiene que se hace en Las Palmas.

En estos días vamos a recorrer la ciudad, visitar sus museos, al menos los principales, comer y beber los productos locales y conocer hasta donde podamos las costumbres de los bordeleses. Hay tres lugares que ocupan el espacio principal: la plaza de la Comedia, con el Gran Teatro o teatro de la Ópera, la explanada de Quinconcés con el monumento a los Girondinos y la plaza de la Bolsa que tiene delante una gran lámina de agua, el Espejo de Agua, que se presenta como una gran atracción para niños y mayores. Para los primeros es un lugar de diversión y para los segundos tiene una gran fuerza plástica. El monumento no está dedicado a los jugadores del Girondins F.C. , equipo representativo de la ciudad, ni a los habitantes de Gironda, que serían los mismos bordeleses, sino a los girondinos que fueron una fuerza moderadora en la Revolución Francesa; lógicamente muchos de ellos fueron llevados a la guillotina por Robespierre al enfrentarse a los jacobinos.

En toda esta zona, es el barrio de Saint Pierre, las casas tienen un fachada de piedra. No se ve ni una pintada ni nada roto o sucio. Ninguna obra de reapación parece ser necesaria (¿qué harán los jubilados de Burdeos sin obras que controlar?).

La catedral de San Andrés, construida entre los siglos XII y XVI, es un edificio gótico con el campanario exento, que ocupa una enorme plaza frente al ayuntamiento del que fue alcalde durante casi cincuenta años Chaban Delmas (1915-2000). Yo lo recuerdo como primer ministro de Francia (1969-1972), y a quien sus conciudadanos agradecidos levantaron una estatua en ese mismo lugar. A espaldas del ayuntamiento está el museo de Bellas Artes, con una interesante colección de pinturas y alguna escultura que recorren los siglos XV hasta el presente y donde figuran en lugar preferente los cuadros del pintor fauvista Albert Marquet (1875-1947), que era hijo de Burdeos. Sin ser una primera figura no cabe duda de que pinta mejor que muchos otros los reflejos en el agua de barcos, edificios y vegetación en sus numerosas marinas. Quizá lo veo así ya que le tengo cariño porque hace más de cuarenta años copié dos de sus pinturas de pequeño formato o porque por un tiempo fuímos coetáneos.

También visitamos el museo de Artes Decorativas y del Diseño instalado en un palacete próximo, donde me gusta más una exposición temporal ( Los ratones y los hombres), que ofrecen en este mes que la colección permanente, demasiado clásica para mi gusto. Nuestro último museo, a uno por día que tampoco es cosa de exagerar en esto de la cultura, es el de Arte Contemporáneo que han dispuesto en unos antiguos almacenes, fue una oficina de aduanas, y que presentan unas "instalaciones" al gusto de los entendidos en la materia. Como yo no lo soy no me interesa lo que veo allí. El arte que necesita de un Manual de Instrucciones para entenderlo no es lo mío.

El pulso de la vida cotidiana de muchas ciudades se toma bien en los mercados y plazas de abastos. Vamos al mercado de los Capuchinos y veo que las naranjas cuestan el doble que en Las Palmas. Aquí hay un alto nivel de vida y eso lo encarece todo. Cerca, rodeando a la basílica de San Miguel, también gótica y con el campanario exento, hay un mercadillo de chamarileros que nos entretiene un rato sin que podamos encontrar nada que comprar.

He visto en los titulares de los periódicos que ofrece el hotel a la hora del desayuno que la gran preocupación de los franceses es su próxima elección presidencial. Le Figaro titula: "En el gran bazar de la presidencial", refiriéndose al debate general de candidatos. Le Monde: "Presidendial: Las fracturas de la campaña", sobre lo mismo. La Croix: "El Frente Nacional inquieto". En los días posteriores con el atentado de Suecia, los bombardeos de gas sarín en Siria y cosas similares la prensa se va olvidando de estos aspirantes a presidente.

Nos movemos caminando y en tranvía, moderno y barato, y hemos tomado también el barquito de transporte público que te lleva por el río. Como indiqué hay muchas calles peatonalizadas. Una de ella, la rue Sainte Catherine, tiene más de un kilómetro y pasa por ser una de las más largas de Francia en esa condición. Al andar por aquí estamos ganando indulgencias ya que muchas de estas calles tienen el indicativo de formar parte del Camino de Santiago. Hay muchos comercios, caros, y muchos restaurantes que ofrecen, en cualquier fórmula, platos sabrosísimos. Voy a estar pocos días y no pido ensaladas. En nuestra última tarde en Burdeos decidimos acercarnos a la Ciudad del Vino. Es un edificio muy moderno, con forma de decantador, que recuerda algo al museo Guggenheim de Bilbao aunque es de otros arquitectos, Anouk Legendre y Nicolas Desmazières, donde en esta capital vinícola, en las cercanías hay más de nueve mil bodegas, nos cuentan todo lo que se puede decir sobre el vino: historia, aromas, sabores, colores, tratamiento, conservación, geografía...Está bien montado pero tiene tantas fórmulas de entrada como los restaurantes de comidas: se pueden visitar el segundo y el octavo piso o todo el edificio o solo el tercero o ver el cuarto y el quinto... Nosotros elegimos la primera forma y en el octavo piso vemos el panorama y probamos un vino y en el segundo nos ilustramos sobre la historia de esta bebida. Lo encontré, el sistema, demasiado complejo y caro. Vamos a seguir viaje por la costa hacia España.

Pararemos en Biarriz y después en Hondarribia y Bilbao, desde donde volveremos a Las Palmas. Pero estos últimos días ya no son de la Aquitania.

Compartir el artículo

stats