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Mandatos perpetuos

Son muchos los dirigentes africanos que no dudan en cambian las reglas del juego y coartar las instituciones para mantenerse en el poder sin interferencias

Robert Mugabe, de 93 años, renunció el pasado martes como presidente de Zimbabue, después de resistir durante una semana las presiones de los militares que se habían alzado contra el dirigente que había regido los destinos de este país desde su independencia en 1980. La noticia fue festejada en las calles de la capital con un concierto de bocinazos y gritos de alegría. Hace unos días fue investido presidente interino su antiguo vicepresidente, Emmerson Mnangagwa, cuya destitución por Mugabe inició el final de su régimen. Mugabe ha sido el último de los grandes dictadores africanos en caer, pero sigue habiendo otros dirigentes con ansias de perpetuarse en el poder.

AngolaDos Santos renuncia a las presidenciales

José Eduardo dos Santos lidera a base de ataques a las libertades su régimen en Angola desde 1979, año en el que falleció el entonces presidente, Agostinho Neto, tras lo que fue elegido líder del partido Movimiento Popular para la Libertad de Angola (MPLA) y nuevo presidente del país.

Desde entonces, Angola solo ha celebrado tres elecciones presidenciales en 38 años, todas ellas con victoria de Dos Santos. Su supuesto éxito electoral se basa, según la ONG Human Rights Watch (HRW), en un estricto régimen de represión de críticos políticos, ataques contra la libertad de expresión y "brutalidad policial y arrestos arbitrarios" en manifestaciones pacíficas. Pese a que el país aceptó varias recomendaciones de la ONU para mejorar su respeto a los Derechos Humanos, finalmente decidió ignorarlas, recuerda Amnistía Internacional.

El régimen de Dos Santos ha sido también señalado por presuntos casos de corrupción. Transparencia Internacional lo posiciona en uno de los puestos más bajos de su Índice de Percepción de la Corrupción -164 de 176 países-, con solo 18 de 100 puntos posibles. El país es uno de los grandes productores de petróleo del continente, pero el nombramiento de la hija de Dos Santos, Isabel, al frente la petrolera estatal dio pie a una investigación, a finales de 2016, por parte del Tribunal Supremo del país por un presunto caso de nepotismo, que el organismo judicial consideró legal.

José Eduardo dos Santos no concurrió a las últimas elecciones celebradas en su país, el pasado verano, sino que fue su número dos en el MPLA, Joao Lourenço, quien obtuvo la victoria electoral. No obstante, se mantiene como presidente del partido, desde donde mantendrá privilegios como la elección de candidatos parlamentarios o de los más altos cargos del Ejército y la Policía. "Todo el mundo sabe que el MPLA controla el escenario político", explica Mateos, por lo que la transición democrática será "distinta" a la que se ha producido en Burkina Faso o en Senegal.

Guinea EcuatorialBajo el yugo de Obiang

El presidente de Guinea Ecuatorial es Teodoro Obiang. Accedió al poder en 1979 tras un golpe de Estado contra su tío, Macías Nguema, al que derrocó y ejecutó, y desde entonces ha encabezado un régimen que ya suma 37 años. Ningún otro presidente de república del mundo iguala esta cifra.

En Guinea Ecuatorial se han celebrado elecciones en 1982, 1989, 1995, 2002, 2009 y 2016, en las que Obiang se ha impuesto por resultados próximos al 100% gracias a la "represión contra voces independientes en la víspera de las elecciones presidenciales", según denunciaron varias ONG en vísperas de los comicios de 2016. Los grupos de la oposición han criticado además que en estas últimas elecciones se ha adulterado el censo y se ha obviado la creación de una comisión electoral independiente.

Guinea Ecuatorial es uno de los grandes productores de crudo del continente, aunque está gravemente afectado por la pobreza, según HRW. La radio estatal dijo en 2003 que Teodoro Obiang es el "dios" del país y está "en permanente contacto con el Todopoderoso".

La corrupción en la que está sumido el país da lugar a ejemplos tan escandalosos como el del hijo del presidente, Teodoro Teodorín Obiang, a quien el Tribunal Correccional de París condenó el pasado octubre a tres años de cárcel exentos de cumplimiento, por blanquear en Francia decenas de millones de euros producto del cobro de comisiones ilegales y de prácticas corruptas en su propio país. Una investigación iniciada, al serle detectadas cuantiosas y lujosas propiedades que podrían proceder del desvío de fondos públicos de Guinea Ecuatorial.

CongoSassou Nguesso quiere más

En Congo gobierna desde 1979 Denis Sassou Nguesso. Su ascenso al cargo fue la consecuencia de una sucesión de golpes de Estado, conspiraciones y magnicidios que se saldó con la destitución del entonces presidente, Joachim Yhombi-Opango, por parte del Partido Congoleño del Trabajo (PCT), que utilizó una sospechosa acusación de "giro a la derecha" para forzar su salida.

Sassou Nguesso gobernó en esta primera etapa hasta 1992, año en el que fue derrotado en las elecciones presidenciales por Pascal Lissouba. Tras liderar un nuevo golpe de estado en 1997, recuperó la presidencia de Congo.

Sassou Nguesso acumula hasta el momento 33 años de presidencia del país gracias a sus amplias y dudosas victorias electorales cosechadas en 2002, 2009 y 2016, todas ellas cuestionadas por la oposición. Así, en los primeros se retiró el principal candidato opositor, André Milongo, criticando que el resultado electoral ya estaba acordado de antemano, mientras en que en 2016, las denuncias contra la corrupción de los comicios dieron lugar a violentos enfrentamientos entre la Policía del país y grupos armados vinculados a la oposición.

Un año antes de las últimas elecciones, el Gobierno logró aprobar en un polémico referéndum una reforma constitucional que suprimió los límites de mandatos. Las manifestaciones contra el fraude electoral que envolvía a esta modificación -obtuvo más de un 92% de votos a favor- se saldaron con al menos 12 muertos y numerosos detenidos, según la ONG Amnistía Internacional.

R. Democrática del CongoUnos comicios en el aire

El 'otro' Congo, la República Democrática del Congo, llamada Zaire hasta 1997, también ha empleado medidas de dudosa transparencia para alargar el mandato de su presidente, Joseph Kabila. Este accedió al cargo en 2001, cuando su padre fue asesinado por uno de sus guardaespaldas. Finalizada en 2003 una guerra civil de cuatro años, Kabila venció en 2006 y 2011 sendas elecciones marcadas por las acusaciones de fraude y los disturbios violentos.

En diciembre de 2016 vencía el segundo y último mandato de Kabila según la Constitución del país, pero el Gobierno decidió posponer los comicios hasta 2018 argumentando problemas logísticos y presupuestarios. Esta decisión fue interpretada por parte de la sociedad como un intento por perpetuar el mandato de Kabila, tras lo que el Gobierno reprimió todas las manifestaciones con extrema dureza, según HRW.

Sin embargo, tras unas negociaciones con la oposición en las que medió la Conferencia Episcopal del país, el Gobierno anunció el 30 de diciembre un acuerdo por el que Kabila dejaría el poder tras la convocatoria de unas elecciones que se debían celebrar este año. En plenas discusiones sobre la aplicación de este pacto, el principal líder opositor, Etienne Tshisekedi, falleció en Bruselas a los 84 años de edad, dejando abierto un episodio de tensión sobre el futuro político del país.

RuandaUn presidente que podría gobernar hasta 2034

Ruanda continúa todavía marcada por el genocidio de 1994, que se saldó con centenares de miles de muertos por la guerra étnica entre hutus y tutsis. No obstante, el país ha conseguido iniciar un proceso de desarrollo económico, mientras el presidente desde 2000, Paul Kagame, hace todo lo posible para perpetuar su gobierno.

Tras haber vencido en los comicios de 2003 y 2010, Kagame obtuvo un masivo apoyo a una reforma constitucional que le garantizará volver a presentarse a más elecciones, e incluso llegar a mantenerse en el poder hasta el año 2034.

BurundiConstitución ignorada

Más controvertida fue la extensión de mandatos del presidente de Burundi, Pierre Nkurunziza. En 2015, concurrió a sus terceras elecciones, ignorando el dictado de la Constitución de país, que limitaba en dos el máximo de mandatos. El presidente justificó que en su primera investidura fue elegido por el Parlamento, y no por el pueblo. Esta decisión fue el germen de una protesta social y política que fue reprimida con extrema violencia.

Para ello, Nkurunziza recurrió, primero, a la presión sobre el Tribunal Constitucional -su presidente acabó huyendo del país-.

Después, logró detener un intento de golpe de Estado y frenar las manifestaciones en su contra con gran violencia. Como consecuencia de la repulsa de la comunidad internacional, decidió desvincularse del Tribunal Penal Internacional.

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