Suscríbete desde 1,50 €/mes

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

75 años del primer ataque nuclear

Little boy, la bomba sobre Hiroshima

Constituyó la más feroz expresión de la capacidad de matar que había conocido la humanidad desde sus comienzos

Fotografía aérea de la bomba atómica lanzada en Hiroshima.

Fotografía aérea de la bomba atómica lanzada en Hiroshima. EFE

Ocurrió 75 años atrás, en la mañana de un 6 de agosto de 1945. El Enola Gay, un bombardero B-29 pilotado por el coronel Paul Tibbets, sintió dos ondas de choque cuando se alejaba de Hiroshima después de haber dejado caer la primera bomba atómica que se empleaba en una guerra. La onda que les impactó en primer lugar era la producida directamente por la explosión realizada a unos seiscientos metros de altura sobre la ciudad, y la segunda fue el rebote de esta onda en el suelo. El avión estaba ya a unos veinte kilómetros de distancia y no se vio afectado continuando en su vuelo de regreso a la isla de Tinian de donde había partido seis horas antes.

Dejaba tras de sí más de setenta mil muertos, miles de heridos y una carga radiactiva letal que elevaría el total de fallecidos al doble. Y también, el comienzo de una nueva era para las relaciones entre las naciones marcada por el miedo a un ataque nuclear, la más feroz expresión de la capacidad de matar que había conocido la humanidad desde sus comienzos.

Llegar a construir una bomba como la Little Boy, así la llamaron, de uranio 235 había supuesto, al margen de su valoración ética, una gran hazaña científica e industrial. Becquerel en 1896 había descubierto que ciertas sales de uranio emitían radiaciones espontáneamente; el matrimonio Curie, hacia 1898, había encontrado que el torio, el polonio y el radio también lo hacían e identificaron el fenómeno como una propiedad del átomo. Fue la austriaca Lisa Meitner en 1938 quien explicó cómo se podía producir una reacción en cadena que liberase grandes cantidades de energía (Einstein ya había publicado su famosa fórmula E=mc2). Físicos de distintos países (Bohr en Dinamarca, Joliot en Francia, Fermi en Italia, Born en Alemania, Rutherford en Inglaterra, Szilard en Hungría, por citar a algunos de los más conocidos) se dieron cuenta de la posibilidad de fabricar un reactor nuclear y/o una bomba atómica. Alemania, Gran Bretaña, Francia, Italia, Japón y los EEUU iniciaron los trabajos conducentes a ese fin.

Mas de 100.000 personas implicadas

En Alemania, a pesar del interés de Hitler por hacerse con el "arma definitiva", los avances fueron más lentos de lo previsto, en lo que influyó el boicot y los ataques de los aliados a sus centros de investigación y desarrollo. Gran Bretaña no tuvo el dinero, ni la capacidad necesaria para progresar. Italia lo desechó por las mismas razones. Francia fue invadida por los nazis y sus científicos se exiliaron a EEUU. Japón no tuvo fe, pensó que tardaría al menos diez años en conseguirlo, para dedicar los recursos suficientes.

Pero EEUU creó el llamado Proyecto Manhattan, a cuyo frente puso al general Groves dándole a J. Robert Oppenheimer el mando del apartado científico. En ese proyecto llegaron a trabajar simultáneamente más de cien mil personas, costó miles de millones de dólares y produjo el conocimiento y la capacidad para construir bombas atómicas como, seguramente, ningún otro país lo habría conseguido. En 1945 tenían presuntamente operativas (nadie sabía muy bien si funcionaban o no) tres artefactos: dos de plutonio y uno de uranio 235. Probaron una de plutonio en Alamogordo, desierto de Nuevo Méjico, el 16 de julio de 1945.

Emplearon la de uranio en Hiroshima (el objetivo elegido en primer lugar por los militares era Kioto que se eliminó de la lista por motivos culturales y religiosos), el 6 de agosto y destinaron la que les quedaba de plutonio para lanzarla sobre la ciudad de Kokura aunque el día del lanzamiento, 9 de agosto, las malas condiciones de visibilidad obligaron a desviar el vuelo hacia Nagasaki que fue la que sufrió el ataque con un balance directo de unos cuarenta mil muertos.

Podemos leer en los periódicos del siete de agosto el comunicado del presidente Harry Truman anunciando al mundo el éxito de la deflagración de la bomba atómica con una potencia equivalente a la explosión de unas veinte mil toneladas de trinitrotolueno: "Estamos decididos a terminar con el poderío japonés? La ruina lloverá del cielo sobre sus ciudades en unas proporciones jamás conocidas". Ahora sabemos que en realidad no tenían más bombas para lanzar.

El resultado es bien conocido. A corto plazo fue la rendición de Japón y a medio plazo una carrera mundial por hacerse con armamento atómico con la URSS (lo consiguió en 1949; han "heredado" parte de sus bombas Bielorrusia, Kazajistán y Ucrania), con Reino Unido (1952), Francia (1960) y China (1964) como primeros ganadores. Después se unirían la India (1974), Pakistán (1998) , Israel (en fecha desconocida) y Corea del Norte (2009). Sudáfrica la tuvo en 1979 pero luego renunció a ella. Irán, y seguramente algún otro, trabajan para lograrla.

Freno a las armas nucleares

En 1968 se estableció el Tratado de No Proliferación Nuclear que trataba de limitar el número de países con acceso a la bomba atómica. En este momento no lo han firmado ninguno de los mencionados en el segundo grupo y los EEUU lo han abandonado. España lo firmó en 1987 aunque se cree que durante el régimen franquista estuvo a punto de construir una bomba que debería haberse probado en el entonces Sahara Español. Lo cierto es que nuestro país tiene capacidad de producir uranio enriquecido y plutonio y conocimientos para desarrollar una bomba en poco tiempo.

Con la caída del Muro de Berlín y la desaparición de la URSS se rebajó la tensión entre las grandes potencias que se había creado por la política de "destrucción mutua asegurada". Parece imposible que alguna de ellas utilizara hoy las armas atómicas para resolver un conflicto. Sin embargo, otros países que se ven gravemente amenazados en su esencia o hasta en su existencia, Corea del Norte, Israel, Pakistán? aportan un grado de incertidumbre sobre el uso futuro de esas armas. No podemos hacer otra cosa que apostar por el desarme y creer en que la razón se imponga.

Para continuar leyendo, suscríbete al acceso de contenidos web

¿Ya eres suscriptor? Inicia sesión aquí

Y para los que quieren más, nuestras otras opciones de suscripción

Compartir el artículo

stats