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Entrevista

“Hemos descubierto una fragilidad a la que nuestra sociedad no está acostumbrada”

Pino González Quintana, enfermera, cooperante y coordinadora del equipo de intervención de la Gerencia de Atención Primaria del área de salud de Gran Canaria

Experta en urgencias, emergencias y cooperación internacional. Docente en cursos, expertos y masters europeos relacionados con la acción humanitaria en salud. Enfermera de urgencias en el Servicio Canario de Salud, Pino González es coordinadora del equipo de intervención de la Gerencia de Atención Primaria del área de salud de Gran Canaria en materia Covid 19, entre otros. Cooperante de la Red Internacional de Médicos del Mundo, con la que ha trabajado como enfermera y coordinadora en las principales emergencias de las dos últimas décadas, esta grancanaria ha trabajado en primera línea en crisis humanitarias como los terremotos de Haití y Nepal; epidemia de sarampión en Colombia; cólera y ébola en Sierra Leona; atención a migrantes en Lesbos y Túnez, conflictos armados en Siria, Irak, Costa de Marfil, Angola y Sudán del Sur y hambruna en el cuerno de África. También ha desempeñado su trabajo como coordinadora de proyectos de cooperación al desarrollo en Mauritania, donde pasó más de 3 años y conoció de primera mano la crisis de los cayucos; Mozambique, Senegal…

En pocas palabras, ¿cómo ha sido este año?

Intenso. Creo que para todas las personas, pero especialmente para aquellas directamente implicadas en la respuesta a la pandemia.

¿Qué hemos aprendido y que debemos no olvidar?

Creo que hemos aprendido a convivir con la incertidumbre y hemos descubierto una fragilidad a la que, probablemente, nuestra sociedad no está acostumbrada. También hemos aprendido a prestar atención a las pequeñas cosas, a tener presentes a las personas que queremos, a valorar lo cotidiano. Sobre lo que no debemos olvidar…No debemos olvidar que vivimos en un mundo globalizado. Desequilibrado e injusto, pero globalizado. En el que el efecto mariposa se hace cada vez más patente. Lo que hoy sucede en un extremo del planeta, mañana puede afectar a quienes viven a miles de kilómetros.

Sé que has estado vinculada a situaciones de crisis como el Ébola en Sierra Leona o los terremotos de Haiti o el tsunami asiático.... ¿pero se había visto en alguna similar a esta?

En mi experiencia como cooperante he trabajado en escenarios dantescos, como el que presencias al llegar al epicentro de un terremoto que ha causado más de 250.000 muertes y otros tantos heridos en poco más de 50 segundos; al recorrer territorios en los que la sequía ha acabado con la vida, dejando a su paso nada más que malnutrición. O cuando cuidas de pacientes con cólera o ébola. Son situaciones muy duras, pero atender una emergencia en casa es otra cosa. Muchas veces estando fuera había pensado ¿cómo reaccionaríamos si nos sucediera esto? Desde luego nunca imaginé que, salvando las enormes diferencias, viviría algo así en mi tierra. Recuerdo sentir cierta angustia en marzo y abril. Tenía la sensación de que ya no había un lugar seguro en el mundo.

Tiene uno la sensación, aunque es duro, que esta pandemia ha democratizado el sufrimiento y las crisis. ¿Qué opina?

Las emergencias nos retratan. Hacen visibles los problemas estructurales de las sociedades y de todo el entramado que conforma su sistema de atención. Sin embargo, a pesar de que esta crisis es mundial, no afecta a todos de la misma manera. Los países enriquecidos tenemos mayor capacidad de amortiguar el impacto y aun con todo, muchas personas lo están pasando mal. Imagine en aquellos lugares en los que no existen prácticamente medidas de apoyo y en los que la situación de base ya era débil. En un lugar y en el otro, perder a un ser querido, tener miedo o pasar hambre genera sufrimiento por igual.

Volviendo a Canarias, ¿qué momentos han sido los más complicados?

Poner en marcha una estrategia de respuesta inmediata, enseñar a controlar el miedo y que éste no te paralice, crear un método de trabajo y, en definitiva, empezar a rodar siempre es difícil, pero desde luego contar con recursos como los que tenemos a este lado del mundo lo han hecho más sencillo. Luego hemos enfrentado situaciones duras, como los brotes en residencias o la atención a migrantes en Arguineguín o el Puerto de La Luz, que han despertado el síndrome de Mafalda en el equipo. Nadie esperaba verse ante una situación así.

¿A qué se refiere con el síndrome Mafalda?

Es una invención mía pero es como llamo a esa sensación de impotencia que sufres al ver en una persona concreta la injusticia, la desigualdad…

¿Cómo se denominan los equipos como el suyo que batallan contra la enfermedad?

El nuestro es el equipo de intervención domiciliaria de atención primaria. Llevamos a cabo toma de muestras y atención sanitaria en domicilios, realizamos acciones preventivas y de atención ante brotes en residencias y centros sociosanitarios, además de cuidados a la población migrante.

¿Cuántas personas trabajan en este dispositivo? ¿Qué perfil tienen?

En este momento somos 85 profesionales, en su mayoría enfermeras, pero este equipo multidisciplinar cuenta con personal administrativo, de medicina de familia, pediatras, técnicas en cuidados auxiliares de enfermería y conductores. Los perfiles y el bagaje de cada cual son muy variados, pero, sin duda, el denominador común es el compromiso. Hay que seguir remando.

Uno tiene la sensación de que ahora más que nunca la medicina es una profesión muy vocacional. ¿cómo ha sido la entrega de su equipo?

Cuidar es algo vocacional, sí. Y ante una situación como esta, que genera estrés, mayor carga de trabajo, incertidumbre…Creer en lo que haces, hacerlo con profesionalidad y hacerlo, además, poniendo todo el corazón, es importante.

¿Ha habido momento para el desánimo?

Más que desánimo, creo que hay altibajos emocionales. Hay mucha intensidad en el día a día, cambios de escenario y el no saber cuánto tiempo durará esta situación también afecta, pero la calidad humana del equipo hace que todo salga adelante.

¿Qué debemos aprender?

Creo que debemos aprender a construir una sociedad más sana. Todo esto nos ha hecho poner de relieve la importancia de las relaciones humanas. Nos ha hecho tomar conciencia de lo frágiles que podemos llegar a ser desde lo individual. Y al mismo tiempo de cómo pasan inadvertidas debilidades de nuestro sistema. Tenemos que curar todas esas heridas que no se ven.

Hablamos mucho de vacuna pero creo que a veces nos olvidamos que ya existen algunos tratamientos efectivos. ¿Serán las vacunas el final de todo?

Las vacunas son una herramienta esencial de Salud Pública y a lo largo de la historia han hecho posible controlar situaciones muy complicadas. Confío en que esta vez también sea así.

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