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La Provincia - Diario de Las Palmas

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‘Road movie’ con cabras
David Pantaleón Cineasta y director de ‘Rendir los machos’

David Pantaleón: «No habrá industria canaria del cine mientras se trate de especular sacando rédito a la financiación»

David Pantaleón. m. ayala

¿Sabe que me engañó? Estuve buscando de dónde venía lo de rendir los machos en internet y resulta que esa tradición no existe. Estaba convencido de que era cierto.

Maravilloso. Pero es que al final cualquier tradición no deja de ser un invento en un momento dado pero que se empieza a repetir cada cierto tiempo. Y son ficciones sobre las que fundamentamos la identidad de un territorio, en la cohesión de los habitantes de un lugar o un sentimiento común de identidad. Pero al final no dejan de ser inventos. Inventos que a lo mejor son de hace 1.000 o 2.000 años o inventos de hace cuatro días.

Total. Me temo que la Virgen del Pino tampoco se apareció en ningún árbol.

(Risas) Sí, sí sí... Pero eso me divierte y también me parece interesante como un lugar de búsqueda y de reflexión para entender cómo construimos lo que somos.

Su película Rendir los machos es tan singular que, a priori, entiendo que no todo el mundo se atreve a apostar por un producto tan especial. ¿Cómo ha sido la implicación de la productora, Vulcano Films?

Vulcano ha sido como el cómplice perfecto. Y eso es fundamental. Tener como compañero a un productor que te entienda, que confía en ti y que es casi un hombro donde apoyarte es un lujo que da mucha seguridad. Y también han sido supergenerosos Sebastián Álvarez y Elena Álvarez. Sólo tengo palabras de cariño para ellos y el resto del equipo.

«Se apoya a veces a películas que no necesitan de ayudas públicas en el grado en que las necesitan otras que sin esa financiación no se realizarían»

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Imagino que debe ser mutuo el cariño porque no es un panorama demasiado atractivo rodar en los lugares recónditos y ventosos de Fuerteventura en los que transcurre la historia de su largometraje. ¿Y el calor?

Rodamos después de verano para tratar de mitigar el calor y sobre todo porque hace menos viento. Elegimos octubre y la primera semana de noviembre. No tuvimos que intentar minimizar la ventolera pero sí aprovechar que aflojara un poco aunque el viento tenía que estar porque eso es Fuerteventura; cuando supuestamente es más propicio para que no te esté llevando el viento todo el rato es en esas fechas.

Pese a que se rodó en 2020, la soledad de los personajes parece muy postpandemia y sin embargo casa con el relato y con esa fotografía tan onírica que lo envuelve todo.

Tengo una tendencia como a trabajar con el hiperrealismo mitificado, con cierto realismo mágico, surrealismo o, como bien dices, con un componente onírico. En esta caso funciona bien y te permite jugar con eso porque me permite un juego de contrastes interesante.

¿Qué le llevó a filmar en un plano fijo casi la totalidad de la película?

Tiene que ver seguramente con el hecho de que venir de una formación teatral me lleva a entender el plano como un escenario. Busco colocar al espectador como en el teatro, que tú decides adónde mirar. Pero también tiene que ver con qué ingredientes coloco en la película. Si yo juego con mis hermanos como actores naturales, tengo que ser cuidadoso con no exponerlos en exceso en la creación de la película o pedirles cosas que igual sería complicado que me las diesen.

Secuencia de los hermanos Julio César y Alejandro mientras juegan con una cabra en una charca majorera.

Secuencia de los hermanos Julio César y Alejandro mientras juegan con una cabra en una charca majorera. m. ayala

Los hermanos Julio César (derecha) y Alejandro, en un descanso del rodaje de ‘Rendir los machos’.

Los hermanos Julio César (derecha) y Alejandro, en un descanso del rodaje de ‘Rendir los machos’. m. ayala

Los hermanos Julio César (derecha) y Alejandro, en un descanso del rodaje de ‘Rendir los machos’.

Los hermanos Julio César (derecha) y Alejandro, en un descanso del rodaje de ‘Rendir los machos’. m. ayala

Los hermanos Julio César (derecha) y Alejandro, en un descanso del rodaje de ‘Rendir los machos’.

Los hermanos Julio César (derecha) y Alejandro, en un descanso del rodaje de ‘Rendir los machos’. m. ayala

Los hermanos Julio César (derecha) y Alejandro, en un descanso del rodaje de ‘Rendir los machos’.

Los hermanos Julio César (derecha) y Alejandro, en un descanso del rodaje de ‘Rendir los machos’. m. ayala

Esa es otra: sus dos pedazos de hermanos. No son profesionales pero tienen más verdad que muchos que sí lo son.

Son buenos los cabrones.

Transmiten mucho sin casi moverse.

La verdad que era uno de los elementos arriesgados, lo de construir toda esta peli basada en estos personajes que no son actores, que no son actores profesionales, que son mis hermanos, que tienen como muchos elementos que son difíciles de, a priori, saber qué va a suceder con ellos. Y la verdad es que ha sido muy lindo porque ellos han sido supergenerosos en el hecho de parar su vida de 30 años para ponerse a las órdenes de su hermano pequeño. Y a eso le añado su capacidad de concentración, su profesionalidad... 

¿Es casual que fueran finalmente sus hermanos quienes protagonizaran la película?

Buscar busqué, pero no había nadie mejor que ellos para contar una historia que en parte yo creé partiendo de algunos de los relatos y anécdotas que escuchaba a mis hermanos en casa.

¿Cómo cuáles?

Ellos hicieron algo parecido a lo de sus personajes en Rendir los machos en el año 2000, en Feaga [feria de ganado de Furerteventura]. Y siempre hemos estado relacionados con la ganadería: de hecho, mis tíos y ahora mis primos son los carniceros del pueblo. Mi hermano Alejandro es veterinario, en casa hubo caballos... Durante los años de escritura del guion yo visité aquel ambiente ganadero de Fuerteventura en cuatro o cinco ocasiones.

«No había nadie mejor que mis hermanos para contar una historia que en parte creé partiendo de algunos relatos y anécdotas que les escuchaba en casa»

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¿Es diferente la tarea de dirigir a actores profesionales que hacerlo con aficionados que además son sus hermanos?

No es igual. Son diferentes los mecanismos, especialmente porque los profesionales ya saben ellos cómo afrontan sus interpretaciones. Con mis hermanos, la confianza y el conocimiento me permitía utilizar otras herramientas para buscar cosas. 

¿Y jugó a favor o en contra?

Igual que le hablaba de los mecanismos que tienen los profesionales y cómo esta comunicación entre dirección y actor resulta sencilla porque hablamos el mismo lenguaje, con mis hermanos sucedía que no tenía ese juego estratégico pero sí tenía otro, que es el hecho de que al final nos conocemos desde la cuna y tenemos los mismos referentes familiares y territoriales. Así que no tenía esas herramientas que podía tener con los profesionales, pero sí esas herramientas de conocernos en la más absoluta intimidad. Entonces yo podía hacer referencias íntimas como pedirles que contaran algo como lo decía papá cuando estaba enfadado y cosas similares como recordar lo que hacía cuando llegaba a casa de trabajar. Volviendo a los actores profesionales, como Lili Quintana o Lamberto Guerra, entre otros, también jugaron un papel importante pues se convirtieron en cómplices míos en las escenas además de haber sido muy cuidadosos con el trabajo de los no actores que no son solo mis hermanos sino, por ejemplo, José Mentado.

Con todos esos ingredientes de actores no profesionales y una historia tan singular, ¿fue sencillo encontrar financiación?

Hombre, también están detrás mis 20 cortometrajes. Mi carrera previa también nos avalaba pero creo, de verdad, que esta debería de ser la norma de los proyectos en los que se debería meter ayuda pública porque sin ella no habría posibilidad de armarlos. Si de pronto construimos nuestra industria en Canarias con esta idea un poco especulativa de intentar sacar el máximo rédito y ese es el fin, pues entonces estamos hablando de otra cosa, claro está. Quizás se apoya a veces a otras películas que no necesitan de las ayudas públicas o no en el grado en que las necesitan otras. Esas que vienen con garantías de éxito son otro tipo de películas que no son las que me interesan ni las que hago.

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