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Para adelante entre todos

Los habitantes de Santa Lucía de Tirajana hacen equilibrios para llegar a fin de mes - La necesidad dispara la solidaridad en el seno familiar

Para adelante entre todos

Para adelante entre todos

En casa de José (65 años) y Mari Carmen (55) no se tira nada. "Siempre miras bien lo que hay por si puedes evitar ir a la tienda", comenta ella. No es sencillo pagar la vivienda de protección oficial y sacar adelante un hogar, en el que aún reside uno de sus cuatro hijos, con una pensión que no alcanza los 800 euros al mes. Así pues, señala José, "caprichos, los justos", y, atendiendo a la matización de Mari Carmen, esa indefinida cantidad se cuantifica en "ninguno".

En el barrio de Los Llanos de Santa Lucía de Tirajana, una larga fila de viviendas adosadas ofrece vistas a un descampado en el que varios vecinos han colocado un improvisado tendedero para secar la ropa al sol. ¿Secadora? Gasto superfluo en sí y en la energía que consume cuando las estrecheces económicas abundan.

En términos de renta disponible en los hogares, en 2013 el municipio del sureste de la Isla es el que peor parado sale de los seis canarios incluidos en el informe Indicadores Urbanos dado a conocer esta semana.

Con todo, la escasez no frena el crecimiento de la población. A lo largo de 2014 fallecieron nueve habitantes de cada 2.000; por contra, nacieron 18. A ese ritmo, el número de vecinos de Santa Lucía de Tirajana camina hacia la multiplicación por dos.

Ajena a la estadística, Mari Carmen desgrana el menú para la comida: "Pechuga con verduras". Un poco más allá una de sus hijas aparca el coche. Se queda a comer. La solidaridad es norma en la familia y, por tanto, donde se alimentan dos caben más, en versión libre del refrán. "Vamos para adelante ayudándonos unos a otros", confirma Mari Carmen.

José nació en Telde y a lo largo de su vida trabajó en cuanta labor se le puso por delante. "De guardián, en la construcción, en los tomateros", enumera con el orgullo de quien puede presumir de no temer al esfuerzo ni amedrentarse con el cansancio. Llegó a Los Llanos hace ya 26 años y le gusta salir a dar un paseo diario junto a su mujer.

El que mejor parece pasarlo con esa ración diaria de ejercicio es Kiro, el perro de la familia que olfatea el aire y tensa la correa que sostiene su dueña en un intento por ver más de cerca a los desconocidos. "Este sí que es feliz", asegura Mari Carmen.

Con lo que entra en casa hay que apañarse y es de suma importancia "no deber nada a nadie", asevera la mujer que, sin embargo, reconoce que contrajo una deuda "hace dos meses". Lo afirma con cierto gesto compungido, aunque tras la primera capa de pesar se nota claramente que sabrá salir del paso.

La alargada franja urbana tirajanera que discurre en paralelo a la autovía del Sur se compone de un continuo de núcleos urbanos de nombres distintos y grandes similitudes. Entre las últimas y por ejemplo, se halla la escasez de ciudadanos en las calles a media mañana. Algún grupo de escolares que han finalizado la jornada, dos cincuentones mirando la vida pasar desde la puerta de un bar, repartidores de materiales y poco más.

En medio de esa quietud irrumpe en una calle de Orilla Baja (Sardina del Sur) Agustina del Rosario, una viuda que cumple 61 años. "Ahí abajo tengo una media finquita; potaje con carnita de cochino y vaca, fritura, y tortilla, si quieren". Tras una pausa grita: "¡Y tarta!", y celebra con una risotada haber recordado que fecha tan señalada no pasará sin hincar el diente a un pastel.

Compartir y ser hospitalario son dos de los principios que parecen regir la convivencia en el municipio. Cierto que con precauciones, porque en el primer contacto Agustina, siempre dentro del máximo respeto y educación, se sitúa un punto a la defensiva.

Más tarde, con el hielo roto, se confiesa: "Es que al verle a usted acercarse, no sabía...", y a pesar de no terminar la frase, deja claro que la inseguridad es una de sus grandes preocupaciones. "Hay mucha droga", lamenta y cuenta que metió "a unos hombres en casa" para hacer obras y uno de ellos -"de Alicante", añade- le birló 2.500 euros. A pesar de eso, acaba de ofrecer casa y comida a dos desconocidos. "Es que aquí somos así", y vuelve a reír.

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