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Juan Roig al desnudo

El dueño de Mercadona reivindica la figura del empresario en un contexto de incertidumbre política y cuando asoman indicios de desaceleración económica

Juan Roig al desnudo

Juan Roig al desnudo

Juan Roig, la tercera fortuna de España, después de Amancio Ortega y su hija Sandra, se desnudó (profesionalmente hablando) esta semana en la apertura del XXI Congreso del Instituto de la Empresa Familiar, celebrado en Valencia, para reivindicar ante la sociedad la labor del empresariado en un contexto de descrédito de los políticos. A estos les animó a "salir del armario" y reivindicarse sin complejos. De hecho, las palabras del dueño de Mercadona sirvieron al día siguiente de trampolín al nuevo presidente del Instituto, Francisco Riberas, para armanse de autoridad ante el presidente del Gobierno, Pedro Sanchéz, y afearle las políticas a "corto plazo" que oscurecen aún más las sombras que empiezan sobre la economía española.

Roig venció el lunes su reconocida timidez proverbial y se mostró como rara vez acostumbra. Estructuró sobre una sucesión de citas su visión de la empresa, la gestión, el papel del empresario en la sociedad y casi de la vida. Ante un buen pellizco del PIB español se reivindicó con orgullo como hijo de porqueros.

En el universo Mercadona las cosas siguen una lógica empresarial propia basada en los valores del fundador. La 'cultura del esfuerzo' lo condiciona todo, de arriba abajo: "a mis directivos los trato de10 y les exijo de 14", dijo. El director ?nanciero es un médico; el jefe de logística, un periodista... Pocas cosas pueden darse por sentadas. De modo que tampoco sorprende que, en su modelo de gestión, los gurús John Mackey y Raj Sisodia ejerzan una in?uencia notable, pero no tanto como las enseñanzas mamadas en los primeros años. "En la vida primero tienes que dar para después recibir", dijo en una máxima heredada de su madre, Trinidad Alfonso, y que aplica tanto a la vida como a la relación con los trabajadores.

En mercadona se revisan también los pilares de la teoría económica. "Cuando estudiaba económicas decían que la misión de la empresa es maximizar bene?cios. no es cierto", dijo Roig, que reivindica su propio modelo: "La misión de una empresa es satisfacer a un cliente a través de satisfacer las necesidades del resto de componentes: trabajadores, proveedores, sociedad y capital". "si como empresarios solo quisiéramos maximizar bene?cios tendríamos que dedicarnos a la droga, que es donde se gana más dinero", bromeó.

En su modelo de gestión, el cliente (el jefe) está en la cúspide; y en la base, el capital: "la misión de una empresa es satisfacer a un cliente a través de satisfacer las necesidades del resto de componentes: trabajadores, proveedores, sociedad y capital. Si pones el capital por delante de todo la cosa no funciona".

Para el empresario, cada empresa surge de un sueño, de una oportunidad que otros no vieron. Y su sino es ir contracorriente: "el loco y el inteligente se parecen porque van contracorriente. La diferencia es que el loco no tiene razón y el inteligente, sí". Una de aquellas 'locuras' , hoy una obviedad, fue colocar el código de barras a los productos.

El máximo accionista de Mercadona habló de la familia, aunque, de nuevo, sin dar pistas sobre la sucesión. Se re?rió a su mujer, Hortensia Herrero, que no acudió porque se ha roto un dedo de la mano; de su visión del legado a la sociedad a través del mecenazgo, en el que están involucradas sus hijas; de su hermano y socio Fernando, y de la intuición de su hermano Paco Roig en dos hitos importantes de Mercadona.

Primero, la conversión de las carnicerías en tiendas de alimentación, cuando se le ocurrió en 1973 poner en venta botes de tomate. Y más tarde, en 1981, cuando nació la marca. Ni brandingni estudio de mercado, reconoció. Fue Paco quien vio en Italia el nombre Mercadonna y, simplemente, le quitó una 'n' . Quizá esta es una de esas anécdotas que ilustran otra de las máximas que deslizó: "los empresarios somos como los elefantes: empezamos pequeñitos y nos hacemos grandes".

También dejó clara la complicidad e in?uencia de Juan Antonio Germán, su director de relaciones institucionales y mecenazgo, al que citó en varias ocasiones como la persona que le marca el camino de la corrección. Como lo de diferenciar entre "empresarios y empresarias, porque si no te meten en la cárcel y, además, hay que hacerlo".

Aunque a veces se desvía y tira de lenguaje coloquial hasta en los asuntos graves, como cuando sostiene que la percepción sobre la economía se ha dejado llevar por el "lío político autonómico", que "hace estar más acojonado". Al fundador de Mercadona no le duelen prendas en reconocer errores. Lo ha hecho otras veces. Se re?rió a la fruta pelada, con la que perdieron mucho dinero. O a la relación con los trabajadores, a los que al principio trataban simplemente como "manos", a la manera de Henry Ford. Este también se equivocaba. "Un ser humano son manos, cerebro y corazón. Hay que tratar bien el cerebro y el corazón del trabajador", rebatió.

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