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En busca de las tierras raras (I)

Dos científicos hallan ‘oro tecnológico’ en el suelo de Fuerteventura

Un laboratorio canadiense certifica el hallazgo de ‘tierras raras’ en proporciones de hasta ocho kilos por tonelada de material procesado, lo que haría viable la explotación

Mangas, con sombrero, con parte de su equipo en un  trabajo de campo.

Mangas, con sombrero, con parte de su equipo en un trabajo de campo. LP / DLP

Un proyecto interuniversitaria realizada en el marco de sendos proyecto de investigación financiados por los Gobiernos de España y de Canarias, capitaneados por los profesores José Mangas Viñuela, catedrático y miembro del Instituto de Oceanografía y Cambio Global de la ULPGC, y Jorge Méndez Ramos, profesor del Departamento e Física de la ULL, ha logrado certificar la existencia de tierras raras en concentraciones extraordinariamente elevadas –de hasta 8.200 partes por millón– en un grupo de más de cien muestras de mineral de carbonatita, remitidas por los responsables del proyecto canario a ACT LABS de Ontario (Canada), uno de los tres laboratorios que realizan este tipo de análisis en el mundo.

El trabajo de investigación se encuentra aún pendiente de publicación científica, por lo que los investigadores solicitan cautela sobre los resultados, pero este periódico ha podido saber que las leyes encontradas permitirían una explotación rentable del mineral, si en la zona de donde se han extraído las muestras, en Cabo Blanco, Fuerteventura –hoy bajo jurisdicción militar- se permitiera la extracción del mineral. La concentración de partes por millón en las muestras de Fuerteventura quintuplica la mayor concentración de tierras raras encontrada en otras zonas de Canarias anteriormente investigadas. De hecho, Mangas y Méndez, presentaron el año pasado junto a varios científicos más, de las universidades de Barcelona y Córdoba, los resultados de una investigación realizada en Gran Canaria, en la que las concentraciones de tierras raras se movían entre los 500 o 600 gramos por tonelada en traquitas y fonolitas, con algunas muestras con concentraciones de hasta kilo y kilo y medio por tonelada. El estudio, publicado en el Journal of Geological Exploration, puso de relieve la existencia de un nuevo tipo de yacimiento no convencional de tierras raras en islas volcánicas oceánicas.

Una investigación de profesores canarios halla elementos valiosos para la tecnología

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La sorpresa se ha producido al continuar en Fuerteventura el estudio realizado en Gran Canaria y detectar concentraciones de más de ocho kilos por tonelada, muy superiores a las que se supone pueden existir en las costras de hierro manganeso que se encuentran en las sea mountain cercanas a Canarias, como el monte Tropic, o a las localizadas por investigadores japoneses en lodos submarinos en el Pacífico, que en las mejores catas, se mueven muy por debajo de los cinco kilos por tonelada, frente a los más de ocho de Fuerteventura. Por supuesto, es necesario continuar la investigación para conocer si las vetas de carbonatita localizadas son suficientemente grandes para que su explotación resulte rentable, y ampliar la investigación a otras zonas de Fuerteventura y de los montes submarinos cercanos.

La posible existencia de yacimientos de minerales susceptibles de contener altas concentraciones de tierras raras supone una noticia de gran interés científico y económico: desde el punto de vista científico, amplia enormemente las expectativas de realizar ciencia básica en el archipiélago, y desde una perspectiva económica plantea la posibilidad de una futura explotación rentable de materiales minerales de extraordinario valor económico, imprescindibles hoy para el desarrollo de la economía verde y las tecnologías de la comunicación.

Las tierras raras –denominación que agrupa a 17 elementos de la tabla periódica, 14 de ellos el grupo de los lantánidos– se encuentran repartidas por todo el planeta, presentes en otros minerales, normalmente en concentraciones tan escasas –alrededor de 100 gramos por tonelada– que hacen económica y ecológicamente inviable su explotación, por la enorme cantidad de material desechado que producirían. En la actualidad el 90% de la producción mundial está concentrada en una única mina de Mongolia Interior (China) con vetas que contienen las mayores concentraciones de tierras raras hasta ahora conocidas, de hasta veinte kilos por tonelada. Desde 2010, y en el contexto de represalias políticas a Japón y de su guerra comercial con EE UU, China mantiene férreamente el control de sus exportaciones, a las que ha impuesto aranceles muy elevados, que han disparado los precios.

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