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Los montes submarinos del tesoro

Hallar telurio inaccesible en el monte Tropic provocó una tormenta internacional; el profesor Mangas había localizado antes tierras raras en Fuerteventura

Los montes submarinos del tesoro

Los montes submarinos del tesoro

La llegada del buque británico al puerto de Tenerife despertó los rumores: se supo entonces que el barco estaba por la zona realizando catas con submarinos robotizados, probablemente en las costras de hierro manganeso, ricas en todo tipo de minerales valiosos, que suelen formarse sobre la superficie de los sea mountain al sur de Canarias, una cadena de montes submarinos, a ambos lados del límite de las aguas territoriales españolas. Los del lado de acá, con nombres como Drago, Bimbache, Ico, Pelicar, Malpaso, Tortuga e Infinito, conocidos también como las abuelas de Canarias, porque forman parte –junto a otras pequeñas elevaciones no bautizadas– de la misma región volcánica de punto caliente en que se integra el Archipiélago, pero son mucho más antiguos. Y al otro lado de la línea de demarcación de las aguas territoriales, está el Tropic, un volcán extinguido con 120 millones de años de antigüedad y 3.200 metros de altura, que se alza desde una profundidad de más de 4.000 metros y es el más alto de los montes submarinos de la región.

Siempre se ha sabido que el Tropic es un gran depósito de minerales, que encierra un tesoro en telurio, cobalto y tierras raras, entre otros elementos imprescindibles para la tecnología verde. Podría decirse que el Tropic es la joya de la corona de la región volcánica de Canarias, pero lo que diferencia a este antiguo volcán de los otros montes submarinos cercanos, es que se encuentra a 269 millas al sur de El Hierro, fuera de las 200 millas náuticas de plataforma continental española.

España presentó en 2014 a Naciones Unidas la petición de ampliar su plataforma continental hasta el máximo de 350 millas, de acuerdo con el artículo 76 de la Convención del Mar. Pero mientras la petición seguía en estudio, a principios de este año 2020, Marruecos amplió por una declaración de su Parlamento y de forma unilateral hasta las 350 millas, su propia plataforma, alcanzando aguas canarias y anexionándose de facto parte de las aguas reclamadas por España, en las que se incluía el Tropic y sus probables riquezas. No se trata de una decisión reconocida internacionalmente, más bien es de consumo interno, pero –aparte la proclamación política de anexionarse las aguas saharauis– muchos vieron en la iniciativa una respuesta (al estilo marroquí) a los descubrimientos realizados por el James Cook.

Los montes submarinos del tesoro

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El telurio inaccesible

Esos descubrimientos fueron anunciados oficialmente en marzo de 2017 por el geólogo marino Brian Murton, responsable de la expedición británica: el análisis de muestras obtenidas por los robots demostraba la existencia de ingentes cantidades de minerales muy valiosos, ente ellos el cobalto y las tierras raras, en las costras del Tropic. La explicación de esa gigantesca concentración es simple: muchos de los montes submarinos son volcanes, sobre cuya superficie exterior se forman incrustaciones de restos de óxido de manganeso que atrapan y acumulan todo tipo de metales en grandes concentraciones. Sobre todo de telurio, localizado en la costra de unos cuatro centímetros de grosor que recubre la meseta del Tropic, con concentraciones de este mineral 50.000 veces mayores a las que se dan en los depósitos que existen actualmente en todo el planeta.

El telurio, bautizado en 1782 por su descubridor, un inspector de minas de Transilvania como “metal problemático”, es un metaloide de muy difícil obtención en la corteza terrestre: puede encontrarse combinado con oro en la calaverita, mineral metálico poco abundante, y mezclado con otros materiales en concentraciones bajísimas, de una parte por cada cien millones de partes.

Es escaso, difícil de procesar, porque no se disuelve ni en agua ni en ácido clorhídrico, pero se sabe que en veinte o treinta años será vital para sostener el creciente consumo eléctrico del planeta: según cálculos presentados en el Foro de Davos, alrededor de 2050, la demanda mundial de electricidad rondará los 30 teravatios. Solo el uso de mucho más telurio, imprescindible para los paneles solares y turbinas eólicas del futuro, puede permitir que ese crecimiento se produzca. Y en el monte Tropic podrían llegar a extraerse hasta 2.700 toneladas.

El problema es que con la tecnología actual es prácticamente imposible explotarlo: la meseta del Tropic se encuentra a mil metros bajo el nivel del mar. A esa profundidad pueden realizarse pequeñas extracciones científicas de materiales. Pero hoy sería completamente irrentable plantearse una industria extractiva. A “esa profundidad”…

Cuatro años antes del Tropic

Pero ocurre que no todos los montes submarinos cercanos a Canarias están a “esa profundidad”. De hecho, desde las costas de Fuerteventura, siguiendo el Canary Ridge, están los montes submarinos de Amanay y El Banquete, al sur de Jandía, el Banco de Concepción, al norte de Lanzarote, y de allí hasta el monte de Essaouira, los de Nico, Dacia y Rybin, y hacia el noroeste de Lanzarote, el monte submarino de Last Minute.

No son tan conocidos como sus parientes de las abuelas, en el límite de las aguas territoriales. Ni han sido tan investigados. Pero se sabe que en ellos hay costras de hierro manganeso ricas en metales, como en el resto de los volcanes submarinos. Y están mucho más cerca de la superficie que el Tropic.

En 2013, muchísimo antes de que nadie hubiera escuchado hablar del monte Tropic y sus grandes tesoros, el catedrático José Mangas convenció a la ULPGC y al Instituto Español de Oceanografía para hacer un estudio de caracterización geológica de tres de esos montes, los más cercanos a las costas de las islas, y –precisamente por eso–, los situados a menor profundidad y potencialmente explotables con la tecnología actual: El Banquete y Amanay, con sus cumbres a menos de 50 metros, y Concepción, alcanzable a menos de 160.

Por supuesto, no logró los millones de dólares de los que pudo disponer el profesor Kato para investigar los lodos marinos del Pacífico, ni pusieron a su disposición el James Cook con sus submarinos robotizados. La academia ofreció los consabidos 17.000 euros para tres años (menos de 500 euros al mes) para que hiciera su estudio, en el contexto del proyecto LIFE+INDEMARES.

Con eso, y con el apoyo de los dineros del proyecto Magec de su colega Jorge Méndez, el profesor Mangas logró demostrar que entre 27 y 158 metros bajo la superficie del mar, a un tiro de piedra de las costas de Fuerteventura y Lanzarote, hay tres pequeños y cercanos Tropic, recubiertos de costras de hierro manganeso y sus minerales asociados: niquel, cobalto, bario, vanadio y arsénico. Y también, en proporciones muy altas, de hasta 2.500 partes por millón, tierras raras asociadas a itrio.

El hallazgo se publicó en la revista GeoTemas, que la Sociedad Geológica Española publicó con ocasión del IX Congreso Geológico. Nadie fuera del ámbito profesional, absolutamente nadie, le prestó la más mínima atención.

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