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En tierra a 3.600 kilómetros de su bebé

Rechazan en la puerta de embarque del aeropuerto londinense de Gatwick a una mujer grancanaria por no tener PCR | Easyjet obvia la legislación autonómica

Un avión en el aeropuerto de Londres Gatwick.

Un avión en el aeropuerto de Londres Gatwick. AFP

Viaje relámpago el jueves a Londres para solucionar unos trámites. Marlene Ojeda vive en la capital británica desde hace ocho años. Trabaja como auditoria financiera, pero hace nueve meses fue mamá y, tras el parto, decidió instalarse por un tiempo en su Gran Canaria natal. El sábado tenía previsto retornar, pero en la puerta de embarque le denegaron el acceso al avión por no presentar una prueba PCR con resultado negativo. Por fin partió hoy por la mañana desde Gatwick después de pasar unas cuantas horas de angustia a 3.600 kilómetros de su bebé.

De nada le sirvió dar una clase acelerada de normas en vigor al personal de tierra de Easyjet. El decreto del presidente de Canarias publicado el pasado miércoles sustituye “la prohibición de entrada” a las Islas “por el sometimiento a una prueba diagnóstica y/o aislamiento, así como el suministro de la información que facilite una rápida localización y rastreo”.

En virtud de ello se dispuso a retornar al Archipiélago en el vuelo que partía desde el aeródromo del sur de Londres a las 7.20 horas del sábado. “Las contradicciones entre el Gobierno central y el canario genera dudas en las compañías aéreas, que optan por quedarse con lo que dice el de mayor rango”, relata Ojeda para hacer un rápido diagnóstico de su caso. Lo más lamentable es que, aun con la ley de su parte, el imperio de la ignorancia en que ha sumido a las aerolíneas la negativa de Madrid a aceptar los test de antígenos, incrementó notablemente el precio de su viaje.

“La PCR me costó 199 libras” (219,15 euros), señala Ojeda más preocupada por el efecto que un disparate de este tenor puede tener en alguien que no pueda realizar el viaje contemplando un extracoste de ese tamaño. En todo caso, el precio fue lo que menos le preocupó cuando comenzó a llamar a los laboratorios más conocidos y le anunciaron que estaban “dando cita para enero. Tengo un bebé de nueve meses, yo no podía quedarme ahí”.

Dos amigas le indicaron la existencia de otro centro “en el que ellas se han hecho esa misma prueba”. Le dieron hora para el mismo sábado y en menos de 24 horas le llegó el resultado por correo electrónico. Hoy abraza a su bebé y el enredo kafkiano será solo un mal e indignante recuerdo.

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