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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Europa buscará vida en Marte con un robot de sello español

En las salas de la multinacional Thales Alenia Space en Madrid se ha producido una parte del róver Rosalind Franklin que irá al planeta rojo

Instalaciones de Thales Alenia Space en Tres Cantos (Madrid).

Rosalind Franklin fue la científica olvidada detrás del descubrimiento de que la estructura del ADN tenía forma de hélice. El reconocimiento vía premio Nobel se lo llevaron James WatsonFrancis Crick y Maurice Wilkins. Pero su hazaña podrá volver a ser conocida tras ser el nombre elegido para el primer vehículo de exploración espacial (róver) que la Agencia Espacial Europea enviará a Marte. El lanzamiento está previsto para el mes de septiembre de este año con el objetivo de buscar señales de vida. Y una vez más, el robot que paseará por el planeta rojo tendrá sello español. La multinacional Thales Alenia Space ha desarrollado en sus instalaciones de Tres Cantos (Madrid) una de sus muchísimas piezas.

En concreto, se trata de la Electrónica de Control de los Actuadores (ADE), o lo que es lo mismo, la máquina que controla los mecanismos que despliegan, giran y dirigen las ruedas para evitar que Rosalind se quede atrapada en la arena, además de controlar el despliegue de los paneles solares, levantar el mástil de la cámara panorámica o girar el cabezal de la cámara.

Thales Alenia Space es una multinacional de componentes para satélites con presencia en una decena de países con una facturación de 1.850 millones de euros en 2020. Además de producir muchas de las piezas de estos aparatos, los integra y los deja listos para su puesta en marcha. En España tiene una sede en Tres Cantos (Madrid) en la que emplea a 350 trabajadores, de los cuales 60 llegaron en los últimos meses gracias a grandes programas. En total, en sus 33 años de historia la filial española ha formado parte de 600 proyectos, entre satélites, sondas y vehículos espaciales, y ha fabricado 4.000 equipos.

En la actualidad trabaja en la expansión de Copernicus, el principal programa europeo de observación de la Tierra. También, en la nueva generación de Galileo, el famoso GPS europeo, o Viper, el róver de la NASA que el año que viene buscará agua en la Luna, entre otros. "Estamos participando en todos los grandes programas espaciales, como España y como Thales Alenia Space", reconoce el consejero delegado de Thales Alenia Space en España, Stéphane Terranova, en una visita a las instalaciones.

Entrar en Thales Alenia Space es como hacerlo en cualquier otra empresa, con un gran ‘hall’ en el que se muestran fotografías y algunos prototipos de proyectos. Además de salas en las que se realiza la labor de diseño, que puede durar hasta 10 años, y en la que se debe tener en cuenta el funcionamiento del aparato (tienen que realizar diversas funciones como recibir y transmitir datos si es un equipo de comunicaciones y capturar imágenes), pero también su peso (cuanto más pese, mayor coste económico tiene), y el entorno en el que va a estar (la radiación daña la electrónica, por ejemplo, un teléfono móvil en el espacio explotaría).

Pero la sorpresa llega en el momento de la fabricación, que se realiza en lo que se denominan ‘salas limpias’. Esta zona se asemeja a un laboratorio, pero en este la limpieza es tan extrema que hay que adentrarse con ropa adecuada (gorro, bata y pantalones) para tapar todo el cuerpo por completo, como si fuera un quirófano, porque cualquier partícula de polvo puede producir corrosión o que un mecanismo deje de funcionar.

Además, "en el espacio no es como en la Tierra, no se puede ir a reparar un equipo que no funciona bien", explica José Manuel Jiménez Cerezo, responsable de producción. Por eso, además de una limpieza extrema, una vez fabricado el aparato se debe comprobar su funcionamiento electrónico, pero también que resistirá al ambiente espacial. En concreto, se realizan pruebas para garantizar que aguanta el despegue, mediante vibraciones, y también se verifica que tolera diferentes temperaturas del espacio, con cámaras de vacío térmico. En el caso de Rosalind, se ha tenido que comprobar que aguanta el hostil entorno marciano, con temperaturas entre los -100 grados centígrados y los 90 grados.

Pero la gran joya de la corona de esta empresa es lo que se denomina ‘Sala Blanca de Integración’, un área literalmente blanca de 2.600 metros cuadrados con una altura de 12,5 metros para integrar grandes satélites en cuya creación se han invertido 4 millones de euros. Es el último paso, en donde se encajan todas las piezas. Por ejemplo, la integración del módulo de comunicaciones de SPAINSAT NG, la nueva generación de satélites gubernamentales españoles (propiedad de Hisdesat) y convertido en el mayor contrato de la historia del sector espacial español.

Según un informe de KPMG, la industria espacial en España factura 965 millones de euros al año. De hecho, el Gobierno ha dedicado al sector uno de los cerca de diez proyectos estratégicos (PERTE) que ha incluido en su Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia con una inversión pública de 400 millones de euros, según anunció Pedro Sánchez a principios de diciembre.

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