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Sánchez-Simón recurre a la cerveza

El candidato por UPyD a la Alcaldía de la capital visita La Minilla Baja y regala una caña por pregunta

Javier Sánchez-Simón, ayer, durante la reunión que mantuvo con los vecinos en el bar La Habana. Andrés Cruz.

-¿Y usted por qué viene, por la caña o para escuchar el programa de Sánchez-Simón?

-Yo no bebo cerveza. Vengo a golizniar. A ver lo que dicen, confiesa María Elena Llan, una vecina de la zona comprendida entre la prolongación de Mesa y López y La Minilla. Es presidenta de una comunidad de vecinos y desde 2012 ha podido reunir un hermoso tocho de reclamaciones presentadas al alcalde Juan José Cardona. Hasta la fecha, no ha habido respuesta, asegura. "Estas son las primeras elecciones en las que todavía no sé a quien votar. Sólo sé a quien no voy a votar", sostiene. "Venimos todas las tardes a tomar café y nos vamos a quedar a oír" a los de UPyD.

María Elena es una de los vecinos que acudió ayer a la peculiar convocatoria del candidato a la Alcaldía de la capital grancanaria, Javier Sánchez-Simón, por Unión Progreso y Democracia (UPyD). El partido de Rosa Díez no cuenta con el apoyo financiero de los bancos y una de las fórmulas ideadas para atraer a los vecinos es la politicaña. Por cada pregunta al candidato, el asistente a la reunión puede tomarse una caña, algo parecido a los asaderos y paellas de los grandes partidos, que logran afianzar, o incluso cambiar, de manera milagrosa la intención de voto, pero a pequeña escala y sin condumio.

La políticaña sólo atrae a medio centenar de vecinos a la terraza del bar La Habana, detrás de Mesa y López, que aprovechan la visita del político para quejarse de los problemas del barrio. Aceras en mal estado, diferencias de altura en los bordillos que al primer despite te partes hasta el alma; un edificio que lleva dos años esperando por el permiso del Ayuntamiento para instalar un ascensor.... La lista es interminable. Sánchez-Simón achaca la persistencia de esos pequeños problemas que amargan la vida de los vecinos a la política desplegada por esos gobernantes municipales, para los que "sólo hay dos zonas muy claras en la ciudad, la del escaparate y la foto bonita", léase zona centro, " y el resto de la ciudad, a la que no se ha hecho caso nunca y que está en condiciones infrahumanas". "El Ayuntamiento se ha gastado 200.000 euros en esa cosa verde de Mesa y López y un poco más arriba, los vecinos no tienen sitio para reunirse y las aceras no están deprimidas".

El candidato considera especialmente grave que el alcalde Juan José Cardona le haya rebajado al dueño de Loro Parque seis millones de euros, o lo que es lo mismo, mil millones de pesetas en el Impuesto de Construcciones del Acuario. "¿Cuánto IBI", se pregunta, "tenemos que pagar el resto de los vecinos para compensar la rebaja a esa empresa. Además, ni siquiera la constructora es de aquí, con lo cual, lo de los puestos de trabajo, tampoco está claro. El Ayuntamiento se ha ido olvidando de la gente y los ciudadanos normales".

Francisco Victoria, un cordobés que lleva 45 años en la Isla, le replicó al cabeza de lista, jugando el rol de abogado del diablo:

-Pero no todo ha sido tan malo. El Acuario está bien, es bueno para la ciudad y está en un sitio idóneo. ¿Y no os perjudica Rosa Díez con su prepotencia?.

Francisco dispara directo a la línea de flotación y Sánchez-Simón esquiva la pregunta. "El que se presenta a las elecciones en Las Palmas soy yo", contesta. "No estoy en contra del Acuario, sino de que se le haya regalado el suelo, que cuesta no menos de cinco millones de euros". En cambio, añade, "los servicios sociales no se están potenciando y yo, como inspector de Hacienda, sé que cuando uno no paga lo que tiene que pagar, lo hace el otro. "Estoy de acuerdo en ventajas fiscales para una determinada área de la ciudad, para favorecer el empleo", aclara.

En ese momento aparece en escena Juan Manuel Moreno, un vecino de Schamann, que hace escala en el bar La Habana, después de una tarde de pesca en El Rincón, con una enorme caña de bambú de siete metros de altura, ideal para "pescar viejas". "Hago chapuzas de pintura y carpintería y cuando no tengo nada, me voy a pescar", explica Juan, que se pide una cerveza, la paga; y mientras recobra las fuerzas para proseguir la caminata hasta su casa en Schamann, escucha al político y a los vecinos sin perder detalle. "No sólo se trata de conseguir trabajo a la gente, sino de ayudar a aquellos que no lo tienen. Aquí todos los políticos van a mamar. Se trata de ayudar al pobre. Hay gente que está tirada en la calle. Primero esos, y después los demás", lanza su alegato Juan. Y con la misma se va, tras desearle suerte a Sánchez-Simón.

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