Día Mundial de la Niña y la Mujer en la Ciencia

La falta de igualdad se lleva la palma en Informática

La ausencia de paridad en las carreras científico-técnicas lastra la posibilidad de que la visión femenina se integre en el futuro de una sociedad tecnológica

Ilustración de mujeres en la ciencia, en este caso en ingenierías.

Ilustración de mujeres en la ciencia, en este caso en ingenierías. / Adae Santana

Este 11 de febrero, como cada 11 de febrero desde 2015, es el Día Mundial de la Niña y la Mujer en la Ciencia, una iniciativa que trata de reflejar la desigualdad en el mundo de la ciencia con el fin de ponerle freno. En Canarias, la situación es claramente desigual porque, aunque las mujeres son mayoría en la universidad, no lo son en las carreras de ciencias y mucho menos en la de Ingeniería Informática.

Pese a que la inequidad se puede observar en todas las carreras de ciencias, la brecha más grande se encuentra en la informática. A esta ingeniería no solo acceden pocas mujeres, sino que, además, es la carrera que más abandonan. Casi cuatro de cada diez deja sus estudios de informática en las universidades de Canarias el primer año frente al 23% de los hombres. Y pese a ser una de las carreras que ha demostrado tener una mayor inserción laboral –prácticamente del 100%– hay 40% de las mujeres que no se acaban dedicando a ello por las dificultades que encuentran en el camino.

Son muchos los motivos que pueden llevar a una persona a renunciar a sus estudios, pero en las mujeres uno de los que más prevalece es el síndrome del impostor. «Lo veo en clase continuamente», asegura la informática Carina González.

«Ellos tiran para delante con lo que sea y las chicas se esfuerzan más pero no se lo creen ni se valoran tanto», reseña la científica. Los datos corroboran ese esfuerzo, pues son las mujeres las que logran mejores tasas de rendimiento y de éxito académico una vez finalizan la ingeniería. Pero lejos de suponer un aliciente, al final son muchas las que acaban dejando sus sueños atrás cuando no asumen roles que no son los que esperaban tras terminar sus estudios.

La situación no mejora aunque se queden trabajando, pues un invisible –pero grueso– techo de cristal sigue generando que muy pocas mujeres puedan acceder a puestos de responsabilidad. «Aunque se han dado pasos adelante, aún hay mucha desigualdad en empresas e instituciones y nos hace falta una cultura que vea también el potencial en las mujeres», insiste González.

Efecto tijera

En Canarias las investigadoras de las empresas representan apenas son el 28%, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). La situación no es mucho mejor en las instituciones públicas. Y aunque en las plantillas de investigadoras en las administraciones públicas canarias ascienden al 36% –la media nacional se encuentra en 50%– y asciende al 43% en las universidades isleñas, los puestos más altos de la carrera científica, están copados por hombres.

Se trata del conocido como efecto tijera, por el cual son los hombres los que acaban accediendo a puestos de mayor responsabilidad o de mayor prestigio debido al abandono progresivo de la carrera científica por parte de las mujeres. En el Estudio de situación de las jóvenes investigadoras en España, publicado por la Unidad de Mujeres y Ciencia en 2021, se destacan algunos de los motivos que están detrás de este fenómeno y que van desde la precariedad y la inestabilidad laboral de la propia carrera científica hasta la mayor insatisfacción en comparación con sus colegas hombres y el mayor pesimismo respecto a su desarrollo profesional futuro.

Ilustración de mujeres en la Ciencia, en este caso las relacionadas con laboratorio.

Ilustración de mujeres en la Ciencia, en este caso las relacionadas con laboratorio. / Adae Santana

Conciliación, segos y estructura social

Como norma general, las mujeres consideran que tienen menos posibilidades de crecer y de alcanzar puestos altos como una cátedra o un profesorado de investigación, incrementándose las diferencias en el caso de las investigadoras con menores a cargo. Por tanto, la conciliación y los estereotipos, sesgos y discriminaciones directas o indirectas de género, unidos a otros problemas de la estructura social, merman poco a poco la capacidad de las mujeres de proseguir su carrera científica.

Esta percepción es ratificada en el estudio desarrollado por el Instituto Universitario de Estudios de las Mujeres de la ULL. A través de un cuestionario al que respondieron más de 400 personas, concluyó que un 10% de mujeres más que hombres del mundo científico encuentra dificultades a la hora de cumplir con sus tareas laborales o académicas debido a sus responsabilidades personales (59,5% frente al 50,2%).

Dentro de estas responsabilidades, el cuidado de los hijos es considerado el principal escollo para cumplir sus obligaciones, observándose, asimismo que la responsabilidad de la prole sigue recayendo en mayor medida sobre las mujeres (78,6% frente a 65,5%). No ocurre lo mismo cuando la causa es el agotamiento o el burn out laboral, al que parece que son más sensibles los hombres que las mujeres (30,1% frente al 22%).

Cuidado de familiares

Para más inri, el estudio mostró que el 15,8% de las mujeres con personas a cargo considera que el cuidado de familiares es el principal obstáculo para el desarrollo de su carrera profesional, mientras que este porcentaje descendió al 7,5% en el caso de los hombres.

Las personas encuestadas también valoraron como principal obstáculo en su carrera profesional el favoritismo hacia otras personas. En este caso, las mujeres las que en mayor medida se consideran perjudicadas (16,9% y 4,7%). La cifra aumentó en el caso de mujeres con personas a cargo hasta un 20% frente al 5% de hombres con personas a cargo.

Las barreras que frenan que las mujeres se integren en las carreras STEM, siglas de Science, Technology, Engineer and Mathematics, han dejado de ser evidentes, pero no por ello han desaparecido. Los datos, la experiencia y la realidad ponen de manifiesto que el mundo de la investigación es para las mujeres un paraje inhóspito.

La consecución de un futuro plural, que tenga en cuenta las ideas y propuestas de la otra mitad de la población, requiere de soluciones imaginativas, de una alta implicación social y de una lucha conjunta que permita cambiar los roles establecidos desde tiempos pretéritos. Solo así las niñas soñarán con ser ingenieras, matemáticas o informáticas. Solo así las niñas creerán, de verdad, que pueden hacer todo lo que se propongan.