Día Mundial de la Niña y la Mujer en la Ciencia

El algoritmo de la desigualdad en la Ciencia en Canarias

Las mujeres son mayoría en las universidades canarias, y sin embargo, es difícil divisarlas en aulas de ingeniería y casi imposible en informática

El algoritmo de la desigualdad

El algoritmo de la desigualdad / Adae Santana

Varios hombres jóvenes recorren los pasillos de la Facultad de Ingeniería Informática de la Universidad de La Laguna (ULL). Es la hora del descanso. Algunos aprovechan el tiempo libre para intercambiar los apuntes de la última clase mientras otros acuden a la cafetería soñando con un café que les permita despertar tras una noche de insomnio. En una esquina, un pequeño grupo discute enérgicamente sobre si el último videojuego al que se han pasado toda la noche enganchados es el mejor de su vida. Los chicos jóvenes copan cada espacio del enorme edificio pero ninguna mujer parece participar en el animado descanso. Y no es porque no estén, sino porque representando tan solo el 12% del alumnado, las apenas 80 mujeres que estudian allí (de las más de 600 personas) pasan inadvertidas entre una marabunta de testosterona.

Lo que ocurre una mañana cualquiera en esta facultad del Campus de Anchieta de la universidad lagunera es solo el fiel reflejo del algoritmo de desigualdad que impregna la ciencia y que ni siquiera las mejores mentes han sido capaces de reparar. Un problema que se consolida en todo el país y cuyas repercusiones trascienden –y trascenderán– a la sociedad. De ahí que iniciativas, como el Día Mundial de la Niña y la Mujer en la Ciencia, que se celebra cada 11 de febrero, traten de reflejar este problema para poner el freno a esta tendencia.

Y es que, pese a los esfuerzos por divulgar las bondades de estas carreras técnicas –como sus bajísimas tasas de paro– o por romper los estereotipos que aún pesan sobre ellas, el número de mujeres jóvenes que deciden dedicarse a las ciencias puras o la tecnología (aunadas en el acrónimo STEM, siglas de Science, Technology, Engineer and Mathematics) no crece y, en algunos casos, desciende a un ritmo alarmante.

Ilustración de mujeres en la Ciencia, que ilustra las ciencias marinas.

Ilustración de mujeres en la Ciencia, en este caso las ciencias marinas. / Adae Santana

Más mujeres estudian carreras pero no de ciencias

En un mundo sin aparentes barreras que obstaculicen el acceso de las mujeres a la universidad, se trata de un fenómeno sorprendente. Más aún cuando ellas son mayoría a la hora de cursar estudios superiores. Según los datos del Ministerio de Universidades, en las instituciones públicas y privadas de las Islas el 61% de los de nuevos alumnos que acceden a cursar un Grado son mujeres, frente al 39% de hombres.

Esta proporción permea gran parte de las aulas universitarias logrando que la cantera de educadores, artistas, psicólogos, periodistas, administrativos, agricultores, médicos, enfermeras, lingüistas y abogados del Archipiélago tenga rostro de mujer. Pero la balanza se gira, en ocasiones de forma sobrecogedora, a favor de los hombres cuando se habla de los estudios más técnicos como Física (con un 43% mujeres), Arquitectura (41%), Matemáticas (34%), la mayoría de ingenierías (24%) e Informática (17%).

Y esto ocurre incluso cuando en Bachillerato la opción favorita tanto para hombres como para mujeres son las ciencias. En Canarias, la mayoría del alumnado que aspira a entrar en la universidad opta por la opción científica. Cabe recordar que la etapa de bachillerato se clasifica en tres modalidades en el sistema educativo del Archipiélago: Ciencias (el de la salud y el tecnológico); Humanidades y Ciencias Sociales y, por último, el de Artes. Durante los últimos cinco cursos (contando el presente), alrededor de un 60% se ha matriculado en el bachillerato de Ciencias, de los cuales, más de la mitad optaron por el itinerario Científico-Tecnológico, según datos facilitados por la Consejería de Educación del Gobierno regional.

Vocación científica

Desde el curso 2019-2020, tan solo ha habido un año con más estudiantes asociados a las letras (Humanidades y Ciencias Sociales y Artes): este pasado 2022-2023. Fue entonces cuando, por primera vez en un lustro, los amantes de las letras superaron a quienes se prepararon para empezar carreras como medicina, física o alguna ingeniería.

Pese a que estos halagüeños datos muestran que existe una perenne vocación científica entre los jóvenes canarios, la realidad es que cuando se adentran en la etapa universitaria son muy pocas las mujeres que optan por seguir la senda de la ciencia. Y cuando lo hacen, además, suelen decantarse carreras más orientadas a la rama de ciencias de la salud, como medicina, enfermería, veterinaria o fisioterapia.

La situación no tiene visos de mejora, pues ni las campañas para fomentar las vocaciones científicas en niñas ni las charlas de reputadas investigadoras en institutos han conseguido cambiar una tendencia que lleva tres décadas en caída libre. «Parece que nuestros esfuerzos no están dando los frutos que esperábamos; no logramos enganchar a las chicas», asegura Carina González, ingeniera informática de la Universidad de La Laguna (ULL) y directora del Instituto Universitario de Estudios de las Mujeres de la misma universidad.

Ilustración de mujeres en la Ciencia, en este caso las relacionadas con laboratorio.

Ilustración de mujeres en la Ciencia, en este caso las relacionadas con laboratorio. / Adae Santana

Iniciativas de fomento de la mujer en la ciencia

En la ULL, por ejemplo, desde hace años se llevan a cabo distintas iniciativas para acercar las carreras STEM a las jóvenes de secundaria y bachillerato. La Unidad de Cultura Científica (UCC) de la institución académica, conocida CienciaULL, trabaja en programas como Chicas con CienciaULL, que trata de orientar, educar y trasladar ejemplos de científicas destacadas a alumnos de la ESO y de Bachillerato. Esta iniciativa parte de varios videos a distintas investigadoras de la universidad que cuentan su experiencia en el mundo de la investigación. Dichas piezas audiovisuales son proyectadas en las aulas de toda Canarias con el fin de fomentar el interés de niños, pero sobre todo niñas, en estos estudios.

En paralelo, distintas escuelas superiores y facultades organizan cada año olimpiadas, semanas temáticas y ferias de la ciencia abiertas a todo el público para acercar la oferta educativa en STEM a ámbitos preuniversitarios.

Aunque la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) no cuenta con acciones específicas para mejorar el acceso de mujeres a las carreras STEM, sí que colabora en varios proyectos impulsados por el área de Educación del Gobierno de Canarias como el llamado Mujeres Científicas Canarias, por el que algunas de las investigadoras de la institución académica acuden a centros de secundaria y Bachillerato para hablar de su experiencia.

Technovation Girls Canarias

De forma más reciente, la Cátedra Telefónica y el Vicerrectorado de Estudiantes, Alumni y Empleabilidad de la ULPGC llevan varios años trabajando en el evento Technovation Girls Canarias, un programa que anima a niñas con edades comprendidas entre los 8 y 18 años, a aprender a desarrollar una aplicación móvil que solvente algún problema de su comunidad.

Además de las universidades, los centros de investigación del Archipiélago, como el Instituto de Astrofísica de Canarias, el Instituto de Productos Naturales y Agrobiología o el Instituto Español de Oceanografía, participan de forma permanente en actividades destinadas a fomentar estas vocaciones a través de charlas en centros escolares, videos y participación en ferias de la ciencia.

Pero ninguna de estas acciones está calando en la sociedad y uno de los motivos es la descoordinación. «Tenemos muchos programas pero cada uno va por su lado», insiste González, que considera necesario «llevar a cabo un análisis con distintos actores para identificar el ecosistema de las vocaciones científicas».

Y González considera que no solo habría que poner el acento en la gestión, sino que también se debe evaluar como adaptar estas actividades a los nuevos tiempos.

Adaptación a las nuevas generaciones

En palabras de Carina González, las científicas y científicos a cargo de estas iniciativas también tienen que tener en cuenta las expectativas y aspiraciones de las nuevas generaciones (la generación Z y la Alpha). Unas generaciones «muy distintas» a las que le han precedido y que requieren se adapte el discurso a sus anhelos y sueños. «Nosotras también tenemos parte de responsabilidad porque quizás no estemos transmitiendo de forma adecuada lo que se hace en ingeniería para lograr engancharlas», asevera la investigadora de la ULL.

Sin embargo, no es la forma ni el cómo llegan estas iniciativas lo único que lastra los sueños de las niñas de convertirse en grandes ingenieras, informáticas o matemáticas. Porque de nada sirve acudir a un colegio o instituto a impartir una charla motivadora si luego esas niñas se encuentran en una sociedad que bloquea, de forma más o menos expresa, sus ganas de ser científica.

Un problema social

«A pesar de que ya haya iniciativas y programas puntuales, no vamos a poder solucionar este problema si no vamos más allá y profundizamos en la estructura social», reflexiona la investigadora de la ULPGC, Elena Carretón, que trabaja codo a codo con el Gobierno de Canarias en este tipo de iniciativas. Como define González, lo que genera esta patente desigualdad es un afianzado «problema social» en el que todo el mundo puede participar. Porque la familia, el profesorado, los compañeros de clase o incluso una serie de televisión o una tienda de juguetes pueden acabar influyendo en los sesgos de género de las pequeñas.

«Estos estereotipos se perciben desde bebés», asegura Carretón. Lo sabe bien, pues siendo madre de dos pequeños, una niña y un niño, lo percibe cada día. «Cuando voy a comprarles ropa, los mensajes que se plasman en sus camisetas son muy distintos», narra. Así, por ejemplo, para su hija siempre encuentra con frases como «sé linda» o «pórtate bien», y en la destinada a su hijo siempre dicen «construye», «desarrolla» o «crea». «Si desde niños le meten eso en la cabeza es muy difícil romper los estereotipos», insiste Carretón.

Estimulación temprana

De ahí que científicas como González apuesten por comenzar a aplicar estas iniciativas mucho antes y en un público aún más joven: las pequeñas de entre 3 a 5 años. «Nuestro error ha sido desarrollar estos proyectos cuando el sesgo ya existe, lo que genera que, aunque tengan la posibilidad de elegir estas carreras, no lo hagan», revela la investigadora.

El hecho de que las mujeres no se encuentren representadas en estas carreras es un verdadero problema. «Las carreras STEM son el futuro y es imprescindible que la mirada de la mujer esté, porque si no, no será la correcta», tal y como reflexiona el rector de la ULL, Francisco García. «Las mujeres no deberían ser solo usuarias, sino también creadoras», añade Carina González.

El estudio Situación de la investigación en informática en España, publicado en septiembre de 2023 –enmarcado dentro del proyecto Women@info financiado por el Instituto de las Mujeres y coordinado por el Instituto Universitario de Estudios de las Mujeres (IUEM) y la Sociedad Científica de Informática de España– ya lo advierte. En un mundo en el que el impacto de las TIC es cada vez mayor, las cifras de acceso a las carreras científicas suponen «una baja implicación y participación de las mujeres en el futuro que nos espera como sociedad». «Realmente no llegamos a imaginar las consecuencias de perder la visión de un sector de la población en la ciencia», reflexiona Carretón, que recuerda que la «diversidad es muy importante en el mundo de la investigación».