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Fuga del militar «peligroso»

Franco vuela a África desde Gran Canaria para dirigir la sublevación que daría inicio a la Guerra Civil

Francisco Franco, derecha de la imagen, durante el funeral en Gran Canaria del general Balmes en julio del 36. Fedac

Francisco Franco, derecha de la imagen, durante el funeral en Gran Canaria del general Balmes en julio del 36. Fedac

Lejos de las trincheras en Península donde se sucedieron a lo largo de la Guerra Civil (1936-1939) las más cruentas batallas, Canarias fue escenario de represión, miedos y venganzas tras el alzamiento militar del general Francisco Franco. De hecho, es de la isla de Gran Canaria de donde el golpista salió a bordo del hidroavión Dragón Rapide rumbo a África, un acontecimiento que posteriormente se entendería como el inicio de la contienda que derivó en casi 40 años de dictadura en España. 

Es difícil cuantificar el número de canarios fallecidos por fusilamiento, caídos en el frente en la Península, encarcelados o represaliados debido a que muchos se ocultaron o emigraron huyendo de la persecución a la que fueron sometidos bien por sus ideas políticas bien por venganzas que los afines al nuevo régimen maquillaron con acusaciones infundadas de militancia contraria a los golpistas. 

Ya en julio de 1936 el gobierno del Frente Popular había aceptado que un golpe militar, que a su entender tendría escasa repercusión, resultaba inevitable, y consideraron casi lógico provocarlo, ya que aplastar una revuelta chapucera, como así la consideraban, serviría para aclarar el ambiente y evitar futuros problemas de mayor enjundia. Los rumores de un alzamiento, por tanto, eran más que conocidos. De ahí que al catalogado como «peligroso» Francisco Franco se le hubiera destinado lo más lejos posible de la Península, concretamente a Tenerife. El aún hoy sospechoso fallecimiento el 16 de julio del general Amadeo Balmes, comandante de Las Palmas que murió de un disparo accidental en el estómago realizado con su propia arma, proporcionó la coartada perfecta para que Franco abandonara tierras tinerfeñas y viajara a Gran Canaria con el fin de presidir el funeral del militar. En un descuido de las autoridades militares, el golpista alcanzó la costa de Telde y ya en la aeronave voló hasta África donde se comenzaría a escribir una de las etapas más oscuras de la historia de España, que arrastraría a Canarias y al resto del país a décadas de miedo y pobreza. 

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