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Larga vida al periodismo responsable

«El periodismo seguirá vivo siempre que sea fiel a los principios de la ética de la responsabilidad social»

La conmemoración del 110º aniversario de la fundación de LA PROVINCIA es un buen pretexto para una reflexión sobre el periodismo de nuestros días. Y, en mi caso particular, todavía más puesto que yo fui uno de los protagonistas que gestionaron la reaparición de este diario a finales del año 1966, exactamente el 18 de diciembre.

En lo que llevamos del siglo XXI se mantiene vigente, tanto en el plano teórico como en la práctica profesional, la «teoría de la responsabilidad social de la prensa». Fue formulada por primera vez en 1956 en un libro clásico dentro de los estudios sobre las comunicaciones de masa –Four Theories of the Press– escrito conjuntamente por tres profesores de la Universidad de Illinois. Las otras tres son la «teoría autoritaria», la «teoría liberal» y la «teoría comunista». Todas ellas explican y valoran cuatro diferentes escenarios con dos actores principales: los medios de comunicación de masas y los gobiernos de sus respectivos países. La teoría de la responsabilidad deriva directamente de la teoría liberal, pero introduce dos importantes correcciones relacionadas con la materia prima fundamental en el trabajo periodístico: la narración de hechos y la exposición de ideas (o sea, informaciones y opiniones. de acuerdo con el art. 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, 1948; noticias y comentarios en la jerga profesional).

Respecto a las informaciones, la primera obligación del periodista no es suministrar a los lectores el mayor número posible de hechos acaecidos. Su primer deber es ayudar al público a distinguir entre lo verdadero y lo falso, colaborando en la digestión intelectual del lector mediante la presentación de un contexto coherente dentro del que las noticias singulares tengan su adecuada significación. Y en lo que afecta a las opiniones, esta nueva teoría enmienda el mito liberal según el cual todas las sociedades se benefician mágicamente del llamado «proceso de autojusticia en un mercado libre de las ideas» (o, dicho de otro modo, que la verdad siempre acaba saliendo a flote en todos los enfrentamientos dialécticos). Por el contrario, y según esta doctrina, no puede haber campo libre para cualquier opinión y los medios de comunicación deben someterse a rigurosos protocolos de autocontrol. Como consecuencia de la implantación de estos principios en el esquema profesional de la mayor parte de los periodistas del mundo occidental, cuando hoy hablamos de periodismo responsable nos estamos remitiendo, a conciencia o por simple rutina laboral, a los planteamientos expuestos por el prof. Th. Peterson en 1956. Y para gozar de un prestigio merecido en el mundo de las comunicaciones, los medios de masas están obligados actualmente a hacer suyos los postulados de la doctrina de la responsabilidad social de la prensa. Entre estos canales de comunicación yo no dudo en incluir a LA PROVINCIA en su versión siglo XXI.

Al hilo de lo que llevo escrito, quiero acabar con una modesta reflexión personal acerca del futuro del periodismo. En los últimos tiempos han surgido bastantes agoreros (y confieso que yo he pertenecido a este grupo) que han pronosticado la muerte y desaparición a medio plazo de la mayor parte de los diarios impresos. La profecía, certera o equivocada, sigue en pie. Lo cierto es que el periodismo de papel va cediendo cada vez más terreno al periodismo digital. Y yo me atrevo a decir que el periodismo, en papel o en pantalla, seguirá vivo siempre que sea fiel a los principios de la ética de la responsabilidad social que he resumido aquí muy brevemente.

Y este periodismo permitirá a los ciudadanos de todos los tiempos ver cumplidamente atendido su derecho a recibir información veraz –es decir, noticias y comentarios profesionalmente bien elaborados– por cualquier medio de difusión (art. 20 de nuestra Constitución). Así es como veo yo el aspecto político de la función social de un periodismo responsable.

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