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La mayor ruina hasta la actualidad

A partir del año 2009 desaparecieron el 10% de las empresas de las Islas

Varias grúas coronan bloques de edificios en construcción en Canarias, antes de la crisis del ladrillo.

La década de los 2000 pasará a la historia como una de las peores en la historia de Canarias, superando a la década de 1930-1940, aunque ésta coincidiera con el comienzo de la Guerra Civil y con la Gran Depresión Mundial de 1930 a 1933. La cifra de parados se elevó, de los 110.900 en el 2000 y los 106.700 en 2007, a la cifra récord de 310.230 en el tercer trimestre de 2009 según la EPA del INE. 

Es cierto que la situación actual a la que el Archipiélago se ha visto arrastrado por el Covid 19 no tiene precedentes, pero en aquella década se vino abajo hasta el sector de la construcción, del cual dependían numerosas familias de las Islas Canarias.

La economía canaria experimentó, desde el año 2007, la mayor crisis de los últimos 35 años. En el período 2008-2013, el PIB registró cuatro decrecimientos anuales, el doble que en el período 1980-2007, produciéndose el punto álgido en 2009 (-4,4%). El resultado final es que en estos seis años, la producción es un 4,5% inferior a la que había en 2007. 

La crisis produjo, a partir del año 2009, una caída en el número de empresas (10% en el plazo de cinco años), pérdida más importante cuanto mayor es el tamaño de la empresa y, como consecuencia, en los años siguientes se acrecentó el carácter de microempresas del entramado empresarial canario, representando las empresas sin asalariados el 53% del total. El 65,5% de los desempleados lo son de larga duración, una de las tasas más elevadas de la UE, mientras que la tasa de paro de la población de 16 a 64 años se situó en el 30,5%.

Desde 2008, los parados de todos los niveles educativos vieron más que duplicarse sus tasas, siendo el colectivo con educación primaria o sin estudios el más afectado, por estar vinculados al sector turístico y de los servicios en general, además de la construcción. El trabajo precario y los bajos salarios dominaron la evolución del mercado laboral, como en el resto del país pero, en este caso, con mayor intensidad, al tratarse de la industria turística.

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