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Medio Ambiente El control del ganado silvestre

El Cabildo justifica el sacrificio de cabras con la protección de la flora de Inagua

Medio Ambiente eliminó en secreto a cien animales para evitar que acabaran con especies endémicas - Los técnicos defienden el uso de los disparos de rifle

Cabra abatida en la zona alta del barranco de Guayedra.

El Cabildo de Gran Canaria ha eliminado a unas 180 cabras salvajes con disparos de rifle en los últimos cinco años, un centenar de ellas en la Reserva Natural Integral de Inagua, donde su presencia estuvo a punto de acabar con endemismos vegetales canarios que continúan en peligro de extinción, como la jarilla de Inagua, la jarilla peluda, el turmero, la crestagallo del pinar y el Limonium vigaroense (conocida como siempreviva de Inagua).

La Consejería de Medio Ambiente también tiene contabilizadas una decena de muertes por arma de fuego en la Reserva Natural Especial de Güi-Güi, hace unos meses, y las 77 de la semana pasada en el Parque Natural de Tamadaba, aunque los resultados no se han hecho públicos hasta la aparición de tres cadáveres en el camino real de San Pedro, en el Valle de Agaete, con las consiguientes protestas de los vecinos y de asociaciones animalistas.

Las batidas de cabras asilvestradas continuarán en esos tres espacios protegidos, donde se calcula que pueden quedar más de cien ejemplares, según explicaron ayer técnicos de ese departamento del Cabildo, que defendieron la utilización de ese método ante los repetidos fracasos de las apañadas.

La eliminación de las cabras salvajes se inició con el programa Life+Inagua de la Unión Europea, con una inversión de 1,2 millones de euros para recuperar la flora y la fauna de esa zona tras el gran incendio forestal de 2007.

Tras estudiar el comportamiento de esos animales a través de los GPS colocados en varios machos cabríos, los técnicos de la UE y del Cabildo concluyeron que era necesario eliminarlos, pues en caso de no intervenir el hombre hubiesen desaparecido para siempre los dos endemismos de Inagua, la jarilla y la siempreviva. Incluso se tuvieron que poner vallas de seguridad alrededor de los pocos ejemplares que se salvaron del fuego.

La decisión de utilizar los rifles en Tamadaba se tomó tras el fracaso de las apañadas en los riscos de Tirma, realizadas por miembros de la Asociación del Salto del Pastor. Las batidas, en las que participaron entre 15 y 20 personas, solo lograron capturar a uno o dos ejemplares, al igual que había ocurrido en Inagua.

En la reserva de Güigüí, donde se desarrolla actualmente el programa Life+Guguy, "aún es más complicado" atrapar a los animales, pues son terrenos más escarpados y alejados de caminos o carreteras, explicó uno de los técnicos de Medio Ambiente del Cabildo, quien recordó que las cabras no son propias de las Islas Canarias, sino que "fueron introducidas por el hombre para obtener alimentos, no para que estuvieran en el medio natural, donde están provocando un descenso progresivo de las especies autóctonas".

"En este debate", añadió, "existen dos elementos: la protección de la flora autóctona o el romanticismo de ver una cabra o un conejo por el medio del monte, pero hay que tener en cuenta que no son especies de aquí, sino invasoras; lo mismo se está haciendo en el Teide con el muflón, en la isla de La Palma con el arruí y en La Gomera con la propia cabra".

Los responsables de Medio Ambiente reconocen que la eliminación de cabras silvestres por disparos de rifle genera un amplio rechazo entre la población, pero sostienen que como gestores de los parques naturales también tienen la obligación que hacer cumplir la normativa. Durante el anterior mandato del Cabildo, con el PP en el gobierno insular, se aprobaron y realizaron las primeras batidas en Inagua, pero nunca se informó de la muerte de los animales para evitar esas polémicas.

De los estudios con GPS se comprobó que las cabras se mueven por amplias zonas, pues las de Inagua se desplazaban hasta La Aldea, la Mesa de Los Junquillos o el Barranco del Cofre, a más de diez kilómetros de distancia y por lugares inaccesibles para el hombre.

En el primer censo de Inagua se contabilizaron más de 200 cabras y se hicieron vallados experimentales para estudiar su comportamiento, donde "se demostró científicamente que se genera ramoneo y pérdida de especies que son únicas de Gran Canaria", apuntó un técnico del Cabildo.

Entre 2010 y 2012, los últimos años del programa Life+Inagua, se eliminaron más de cien animales. Expertos del Parque Nacional de Doñana, que se ocupan del control cinegético en los montes de toda Andalucía, dirigen estos días sus rifles contra las cabras asilvestradas de Tirma y Tamadaba.

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