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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Entrevista

Germán López: "Tenemos una vida nada más y hay que luchar por lo que uno sueña"

"El premio lo asumo como un galardón a mi familia y a todas las personas que me acompañan", indica el timplista

Germán López: "Tenemos una vida nada más y hay que luchar por lo que uno sueña"

¿Señor Germán, cuando cogió el primer timple de todos?

El timple lo cogí con cinco años porque la guitarra me quedaba muy grande. Se la pedí a los Reyes pero la mano se quedaba colgando y el profesor me propuso el timple con el objetivo de estudiar luego guitarra. Al poco tiempo me aburro soberanamente por unas clases tipo rondalla las que repites un acorde que no cambia hasta que te salga el callo. Pero con tanta suerte que cerca de mis abuelos, en Miller Bajo, vivía José Antonio Ramos. Mi familia es de Artenara y la suya también, y mi abuela me plantea que porqué no daba clases con el hija de Fía.

Pues bingo.

Sí, vivíamos a solo cien metros y cuando veo a José Antonio tocar, con su concepción del instrumento, me olvido de la guitarra.

¿Tiene hermanos?

No.

Es decir, que la guitarra se quedó huérfana.

Si. Intenté retomarla pero solo tengo una vida. Digamos que la guitarra se quedó para el asadero.

Hay que hacer un obligado inciso para recordar a Lothar Siemens, que tanto hizo por la música de la tierra y que nos ha dejado hace unos días.

Personajes como él... Coincidimos en un programa de Tenderete, y me llamó la atención que un rescatador y un investigador del origen de las músicas me comentara positivamente el trabajo que yo hacía de experimentación, y que en lugar de criticarlo como una alejamiento lo alabara como una apertura y una evolución lógica de la música y por tanto del folklore. Me esperaba un coscorrón y me dijo que beber del folklore para mezclarlo con otras influencias era algo interesante y era bueno para la música cuando no se pierde el punto de vista de la raíz , que es algo que secundo. Estoy totalmente de acuerdo con esa tesis.

Es que usted tiene un punto de alquimista.

Me considero un músico experimental y abierto por encima de todo, pero siempre teniendo en cuenta el instrumento que toco y su origen tradicional folklórico y como instrumento representativo de la tierra en la que he nacido. Abierto al mundo, sí, pero desde Canarias.

Algo así como buscando manantiales por el planeta.

Lo que más me gusta es escuchar toda la música que llega a mis manos y conectar con ella, y ver cómo se desenvuelve el timple en esta música. Siento mucha curiosidad, y esto es un reto permanente. Me lo planteo como un juego algo infantil, en el sentido de la curiosidad de sentir cosas nuevas. En este te camino hay algunas que maduran y se convierten en algo con sustancia, y otras se quedan como meros trabajos de experimentación.

Y surge la sorpresa.

El primer sorprendido soy yo, incluso en los conciertos, como en esta última etapa que toco a dúo con Antonio Toledo. Cada concierto es diferente, con muchísima improvisación y los primeros sorprendidos somos nosotros. No sabemos qué va a pasar.

¿Está usted a punto de jazz?

En el sentido de la improvisación, sí. Ese punto de no saber que va a pasar es una motivación en lugar de una preocupación.

Se ha metido usted una potente gira por Canadá y Estados Unidos, donde gusta lo grande y con un timple chiquitito.

Yo creo que la mayor sorpresa del público ha sido quizá lo pequeño del formato con solo dos músicos, su desconocimiento del instrumento y su contraste con la cantidad de influencias que hay en el repertorio. Y aún siendo desconocedores del folklore canario siempre queda de manifiesto esa raíz propia de algún lugar del mundo, pero al estar tan mezclado les llega de una manera viva y espontánea. Siempre destaca al publico la enorme complicidad que tenemos Antonio Toledo y yo, al punto que nos dicen al final de que somos los que mejor lo hemos pasado. Toledo es de Cádiz, de San Fernando, lleva muchos años viviendo en Madrid, y como buen andaluz es conocer del flamenco y de la guitarra española.

Una suerte de alma gemela.

Sí, creo que sí. No me lo había planteado nunca, pero sí. Tiene todos los elementos que me gustaría tener como músico. Toledo es un maestro que ha tocado con Sabina, Serrat, Ana Belén, Víctor Manuel, en grandes giras de muchos años y grandes discos, como Pensión Triana de Javier Ruibal.

¿Cuando nos pasea su timple de nuevo por Gran Canaria?

A finales de marzo comienzo una nueva gira por Estados Unidos y Canadá, más otros países de Europa. Se están cerrando muchas cosas.

Ah, y aquí nos deja las migas.

No. Presentamos el proyecto de Canela y limón el pasado diciembre en Gran Canaria y nos gustaría hacer una gira por todas las islas enseñando al publico canario lo que hemos podido ofrecer en muchos países del mundo. Para mí es algo muy importante porque valoro mucho mi tierra.

Y esta tierra lo valora mucho a usted, a la vista del premio.

Bueno, recibir un premio siempre es algo muy emocionante, pero en mi caso totalmente inesperado desde luego, y que se valore tu trayectoria de trabajo y proyección es algo que me hace muy feliz, y más motivo para continuar con los calderos que tengo al fuego. Y una doble satisfacción porque los premio habitualmente se dan a personas mayores cuando no fallecidos, y porque supone un reconocimiento de la isla que me ha visto nacer y en la que me he formado. El premio tiene nombre y apellido, sí, pero jamás estoy solo en lo que hago, yo lo asumo como un galardón a las personas que me han acompañado y me acompañan, como mi familia en primer lugar y mi representantes, Sergio Alonso y Alberto Hernández (Jeito), así como a todos los compañeros músicos con los que toco habitualmente y he tocado desde que comencé.

Ah, un premio colectivo.

Es que yo solo no pinto nada. En el último año, todo el interés que ha despertado mi música fuera de Canarias y España se ha producido por un trabajo conjunto de muchos agentes y empresas que se han fijado en mi obra y la han valorado como algo atractivo para mostrar y representar a Canarias por el mundo.

Aquí entre nosotros. ¿A usted no le duelen los dedos?

Puede pasar, pero normalmente no, porque me lo paso muy bien. Hay timples que tienen mucha tensión. El que habitualmente utilizo, que es un Jesús Machín, lo empecé a utilizar porque tenía una semana de conciertos en Madrid en el Café Central y el que tenía entonces tenía mucha tensión y la manos me dolían.

Y entonces descubrió el 'Jesús Machín'.

Se lo pedí prestado a Carlos Oramas (que es algo que no hay que hacer nunca), y él me lo prestó esa semana y luego me lo vendió. Hoy es mi principal herramienta de trabajo.

¿En timples existen los Stradivarius?

Quizá los Simón Morales Tavío son los Stradivarius del timple por conservar el sonido y el timbre original y tradicional del instrumento. En la actualidad hay muchísimas experimentaciones y luthiers que trabajan por el timple y cada vez, sin duda, hay mejores instrumentos.

O sea. Larga vida al timple.

Por supuesto, no solo en la parte técnica de su construcción sino que cada vez hay mas timplistas tradicionales y más gente interesada en conocerlo, en aprende a tocarlo y de todas las edades, padres e hijos, lo que en mi opinión es lo que hace que el instrumento perdure.

¿Se puede vivir solo del timple?

Es muy complicado porque es un trabajo inestable con muchísimas incertidumbres y vivimos en un territorio donde a veces es muy difícil trabajar, pero algo que enorgullece es que en la actualidad estoy viviendo de esto. Cuando uno quiere algo tiene que luchar. He sacrificado la estabilidad de una plaza de funcionario por dedicarme a ello porque creo que cuando uno quiere algo tiene que ir a por eso. Tenemos una vida nada más y hay que luchar por lo que uno sueña.

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