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Entrevista a Teresa Ojeda

"No tendría ni con diez vidas para contar las historias que yo me sé"

"Lo único que quiero es lo que siempre quise: escribir y contar. Yo soy casi una cuentacuentos", confiesa la autora de la novela 'Los entresijos de la Casa Mora'

La escritora Teresa Ojeda.

La escritora Teresa Ojeda. LP/DLP

Esta es su tercera novela. ¿Cómo la definiría en dos palabras?

Realismo mágico.

Su literatura sigue esos pasos.

Sí, me gusta esa magia que tiene la cotidianidad.

Sus dos novelas anteriores ya iban encaminadas por ese rumbo.

Sí, es una temática y una tónica que yo tengo. Aunque estoy intentando que la cuarta novela vaya por otros derroteros, debo reconocer que a mí me gusta mucho el realismo mágico.

Que engarza con la narrativa suramericana.

Sí, sí. Me siento muy identificada con esa novela suramericana del realismo mágico.

¿De qué va su última novela?

La trama va de una casa del interior de la isla que es demasiado grande para lo que es el tamaño del pueblo. Esa casa tiene problemas, fantasmas, cosas raras, y una bruja llama a una periodista para que se lea su novela y la corrija. La novela va sobre esa casa, la Casa Mora. La periodista, a la vez que va conociendo a los personajes reales que viven en el pueblo y están implicados en las aventuras y desventuras de esta casa, se va dando cuenta de que ella también es un personaje importante.

¿Está basada en hechos reales?

El tema central de la novela está basado en una historia de misterio que me contó mi madre en un noviembre de cuando yo tenía doce o trece años. Yo hice mi primer cuento con esa novela con trece años y siempre tuve la ilusión de ampliarla y hacer de ella una verdadera novela. Se me presentó la oportunidad y la actualicé con esa periodista, pero el tema central es de una anécdota que dicen que fue verídica y que ocurrió en la isla. Mi madre nos la contó en un noviembre, que no son de Halloween sino de los finados. Y los finados era contar anécdotas de miedo y de misterio, comer castañas y jugar a las cartas. Basándose en esa temática central fui creando una novela de misterio adaptándola a la actualidad.

Tus dos anteriores novelas también siguen esa línea.

Sí, la primera novela, 'Aprendiendo folías', se basaba en unos arqueólogos que llegaron desde la Península buscando algo que se suponía que estaba en Gáldar y yo cogí el tema de la Harimaguada, que siempre me ha apasionado, y la traje hasta la actualidad.

Y la segunda novela, 'Elvira la de Las Garzas', también sigue la estela.

Sí. La novela la situé en una finca de plataneras, basándose en las historias de los gallos, que eran los que unían los planos, y una niña que quería mucho a la abuela y se pasaba los veranos en la finca, al morir su abuela ve un gallo en un patio y se da cuenta de que la abuela quiere hablar con ella. Y a partir de ahí monto la novela.

Todas tienen el hilo común del realismo mágico.

Exactamente.

¿Su afición a la escritura se remonta a su infancia?

Desde mi infancia me ha encantado siempre escuchar a las personas mayores. Al vivir en un pueblo teníamos la suerte de que nos podíamos sentar alrededor de los viejos y los viejos nos costaban historias. Tengo incontables historias de mis tías, de mis tías abuelas, de mis abuelos porque era lo que se usaba en Gáldar. Cuando hacía frío o llovía íbamos a casa de Ma, porque todas las abuelas se llamaban Ma, y Ma nos ponía un colacao calentito, contábamos historias y así nos pasábamos las tardes cuando llovía, que antes lo hacía mucho y hoy ya no llueve casi.

Esas vivencias de infancia y juventud las ha interiorizado y ahora las ha volcado en sus novelas.

Sí, sí, yo las adaptaba a mis formas y después se las contaba a mis hermanos porque yo soy la tercera de siete hermanos y de un montón de primos. Recuerdo que mi madre me decía: Teresa, por favor, entretenme a los niños que tengo cosas que hacer. Entonces me los llevaba al final de las huertas, porque las casas de antes en el campo tenían huertas, y allí merendábamos, contábamos historias, jugábamos a las casitas, a los indios y a las aventuras, pero con historias que yo ya había preparado de antemano. Nuestros juegos se basaban en esas historias.

Aunque su primera novela es de 2010, desde muy joven ya escribía, aunque no publicara.

Claro, ¿y quién podía publicar en aquella época? Tengo 70 años recién cumplidos y en mi época juvenil no era fácil publicar.

Aunque afortunadamente ahora ya hay editoriales canarias que se ocupan de publicar novelas de temática canaria.

Mis novelas están ubicadas en la isla porque tenemos unos paisajes maravillosos. Tenemos una isla preciosa y cada persona que vive en esta isla tiene su propia historia y es digna de contar. No tendría ni con diez vidas para contar las historias que yo me sé. A mí siempre me ha gustado escuchar.

Es que para escribir se necesita primero escuchar y luego darle forma en la escritura. Vivir de escribir en una isla como esta ya es otra cosa.

Ni yo lo pretendo. Yo lo único que quiero es lo que siempre quise: escribir y contar. Yo soy casi una cuentacuentos. Y cuando termino de escribir edito, perdiendo dinero siempre, porque quiero que mis historias lleguen a más gente. No me preocupa que lleguen a un número elevado. Yo la lanzo y el destino es el que tiene que decir hasta donde llegan. Eso no me preocupa a mí. Cuando presento las novelas ya me olvido de ellas. A partir de ahora me centro en la cuarta novela, que ya la tengo media preparada, y lo demás no me importa demasiado. Se lo dejo al destino. Yo creo mucho en la magia ysi tiene que triunfar, que lo sea ella sola, y si no tampoco me preocupo mucho.

¿Usted escribe por vocación o por devoción?

Por las dos cosas, aunque especialmente porque lo necesito. Una tiene necesidad de escribir, de contar cosas, de comunicar con los demás. Somos seres sociales y por lo tanto comunicativos. Además, para muchos es también una pasión que le ayuda a vivir y, si se puede, a ser útil a las demás personas.

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