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"Mi casa era mi medicina"

El fuego destruye la vivienda de María Antonia Boza y Francisco Ramos en Coruña, en Artenara, en cuya reforma invirtieron más de 80.000 euros

El desastre tras el incendio. A la derecha, interior de la vivienda de María Antonia Boza y Francisco Ramos en el barrio de Coruña, en Artenara, completamente destruida tras el paso del fuego. Sobre estas líneas, arriba María Antonia y Francisco, ayer, a las puertas de su casa. En el centro, huella del incendio en el pinar de Tamadaba. Debajo, una cabra carbonizada tras el paso del incendio por el entorno del barrio de Lugarejos.

El desastre tras el incendio. A la derecha, interior de la vivienda de María Antonia Boza y Francisco Ramos en el barrio de Coruña, en Artenara, completamente destruida tras el paso del fuego. Sobre estas líneas, arriba María Antonia y Francisco, ayer, a las puertas de su casa. En el centro, huella del incendio en el pinar de Tamadaba. Debajo, una cabra carbonizada tras el paso del incendio por el entorno del barrio de Lugarejos. josé pérez curbelo

El fuego acabó con la medicina de María Antonia Boza. Recientemente recuperada de un cáncer, el entorno en el que se encuentra su casa, en el barrio de Coruña de Artenara, rodeada de vegetación, ha contribuido a que tanto ella como su esposo, Francisco Ramos, hayan sobrellevado mejor su enfermedad. "Cuando me daba la quimioterapia no quería quedarme en casa de mis hijos en Las Palmas de Gran Canaria y me venía hasta aquí, porque esta casa me da la vida, y ahora me he quedado sin medicina", explicó ayer, a las puertas de su vivienda, arrasada por el fuego. Junto a otra ubicada en el pago de Lugarejos, la vivienda de María Antonia ha sido una de las pocas casas afectadas por el incendio a su paso por el municipio de Artenara. La imagen de su casa es la imagen de la destrucción.

Pareciera que en su casa hubiese caído una bomba. Llevaba viviendo en ella como residencia habitual desde hacía 15 años, aunque esta vivienda hoy reducida a cenizas tiene más de un siglo de historia, ya que fue heredada por los antepasados de su esposo Francisco Ramos. Y aunque el paso del tiempo hace mella en todas las viviendas, lo cierto es que estaba rehabilitada, pero el escenario que luce ahora es esperpéntico y descorazonador: del sofá tan solo quedan los muelles, los televisores y resto de aparatos electrónicos se han derretido, parte del resto de muebles se han quemado y las tres habitaciones con que cuenta la vivienda han sido afectadas por el paso del fuego.

La ceniza es ahora un habitante más de esta casa y el negro el color predominante. Hasta el sábado mandaba el color blanco, un color que aportaba al hogar el calor de una vivienda recién reformada y en la que esta familia había invertido más de 80.000 euros. De hecho, antes del incendio María Antonia y Francisco Ramos ultimaban todos los detalles para que el lunes sus hijos se fueran a pasar allí unos días de vacaciones. Pero esos planes se han esfumado por completo.

"La doctora me preguntaba qué hacía yo para recuperarme o qué comía", relató ayer María Antonia, "yo solo le respondía que venía a Coruña, en mi casa es donde mejor me recupero". Ese mismo apego es el que ha generado que durante los dos últimos días María Antonia y su familia hayan pasado toda la jornada en la calle, bajo una carpa situada a las puertas de su casa. "Yo no me voy de aquí ni aunque la casa esté quemada", se juró la afectada "y si me voy a Las Palmas de Gran Canaria, voy a venir hasta aquí todos los días". "Necesito este espacio, tengo que estar aquí sí o sí", contó.

Entre lágrimas, la afectada lamentó que sus hijos no hayan podido disfrutar de unas vacaciones con su madre en esa vivienda, que incluso tiene una piscina, por culpa de este incendio que ha devastado además toda la vegetación que rodea la casa. "Estoy destrozada, aún no asimilo que esto nos esté pasando a nosotros", aseveró.

El fuego entró por una de las ventanas, saltó al sofá y de allí se extendió primero por todo el salón, para propagarse posteriormente por toda la casa. No hay ni un solo espacio que no haya sido tocado por las llamas, desde el baño hasta las tres habitaciones, la cocina, un salón, un altillo donde guardaban las herramientas y parte del solarium del que dispone en la terraza.

Ella y su familia esperan ahora por ayudas públicas para poder volver a rehabilitar esta casa. Mientras tanto, María Antonia y Francisco tendrán que pasar los días en casa de sus hijos. O las noches, porque María Antonia ya se prometió que permanecería todos los días en la puerta de su hogar en el barrio de Coruña.

A pocos kilómetros, en Lugarejos, otro de los barrios donde los vecinos pudieron acceder ayer, otra casa fue pasto de las llamas. La llegada del fuego provocó la explosión de una bombona y ello ocasionó la caída del techo y la destrucción de la totalidad de la casa cueva. Si bien los distintos aposentos de esta cueva solamente estaban llenos de hollín y afectados levemente por las llamas, al igual que la cocina, la peor parte se la llevó el patio exterior, pues el fuego quemó varias infraestructuras que quedaron derruidas en el suelo.Recuerdos de una vida

Su propietaria, Ana Cubas, mostró ayer desde La Aldea "su dolor y el corazón roto porque este incendio ha hecho que pierda muchas fotos familiares, los recuerdos de toda una vida". Compró la casa cueva hace diez años y la fue rehabilitando poco a poco, además de ir construyendo la cocina y el baño, que se ubican en dos pequeños edificios anexos a las cuevas.

Ella vive en el municipio de La Aldea, pero su familia adquirió esta casa como segunda residencia porque su padre procede de Lugarejos "y siempre tenía la ilusión de tener algo aquí", contó ayer por conversación telefónica, "mi padre era feliz cuando lo llevaba a la casa de Lugarejos, porque allí se casó y tuvo a sus catorce hijos".

Desde la distancia, al no poder acceder a la vivienda durante prácticamente todo el día de ayer, Ana relató que desde que se enteró de que su casa era una de las afectadas intentó en todo momento "estar tranquila para no preocupar a mis hijos". "Me da pena, y también me dan pena que otros hayan perdido la que es su primera residencia", manifestó Ana, quien desde que se permitió ayer el acceso subió hasta su vivienda. "Va toda la familia, voy acompañada en este duro momento, y también muchos amigos se han mostrado dispuestos a ayudarme a recoger todos los escombros de la casa".

Aunque prácticamente todos los vecinos de los barrios aledaños a Artenara pudieron volver ayer a sus casas, no pudo hacerlo Eduardo Rivero, pues vive en Acusa y todavía no se ha abierto la carretera. Junto a su esposa, pasó la noche en el centro sociocultural de Artenara, después de haber bajado de allí tras poner comida a sus animales. "Solo nos dan una hora, y ese tiempo es muy poco porque la casa está muy lejos; entre que vamos, los alimentamos y ordeñamos, se nos pasa la hora, y tenemos que volver corriendo, necesitamos al menos dos horas", reclamó.

Su hija, Joana Rivero, fue una de las 85 personas que se quedaron atrapadas en el municipio el domingo por la noche y que pasaron la madrugada en el centro cultural. "Nos sentíamos abandonados, sin saber qué hacer, hasta que el Ayuntamiento nos trajo comida y agua", manifestó, "lo pasamos mal, temí por mi vida porque no me sentía nada segura, rodeada de fuego por todos lados", relató ayer. Para ella, Artenara se convirtió esa noche en una "ratonera". "Y menos segura me sentía con el surtidor al lado".

La misma impresión tuvo el alcalde de Artenara, Jesús Díaz, quien criticó ayer que "en el momento en que las llamas estaban cerca de la gasolinera, el Consorcio se fue a hacer el relevo". "Nos vimos en una situación muy complicada".

El regidor cumbrero se pasó la jornada de ayer colaborando en los trabajos de recuperación del municipio. El Ayuntamiento apuró las horas para adecentar las carreteras, rehabilitar las tuberías de agua y llevar hasta 60 bolsas de comida a distintas casas cuyos vecinos no podían subir aún hasta el pueblo. En todas las labores participó Jesús Díaz, quien declinó la invitación para recibir al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su visita ayer a la Isla para hacer un reconocimiento por las zonas afectadas por el fuego. Díaz, con una vestimenta hecha girones, optó por quedarse en Artenara para ayudar a sus vecinos. Por suerte, lo único que ayer echaba humo en la zona era su teléfono móvil.

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