Suscríbete desde 1,50 €/mes

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Arucas

Arucas abre tras 10 años de burocracia uno de los mayores talleres de voladores

Las naves de Pirotecnica Canarias están a un tercio de su capacidad por el parón de la fiestas

Francisco Jiménez, moviendo algunos de los artículos pirotécnicos que se almacenan en la nave más grande de su taller.

Francisco Jiménez, moviendo algunos de los artículos pirotécnicos que se almacenan en la nave más grande de su taller. Andrés Cruz

7.000 kilos de pólvora inmovilizados. Pirotecnia Canarias acaba de inaugurar en Arucas uno de los talleres de voladores más grandes de España y el más moderna en sistemas de seguridad, después de sortear 10 años de expedientes burocráticos. Sin embargo, el estreno llega coincidiendo con la mayor crisis que atraviesa el sector de las celebraciones, con la paralización de los espectáculos y la imposibilidad de llenar de luces, sonidos y colores los cielos canarios.

La fábrica se levanta en una parcela de 60.000 metros cuadrados de superficie, en lo que fue en su momento una balsa de agua, situada en el núcleo rural de Los Altabacales, en el linde de Arucas con Teror. Cuenta con dos almacenes con capacidad para almacenar unos 25.000 kilos de pólvora y sus pasillos de bengalas, máquinas de fuego frío y más de 250 artículos distintos para festejos particulares; una sala de elaboración de los fuegos artificiales y el área administrativa, habilitada para las ventas directas a sus clientes.

El propietario Francisco Jiménez asegura que es uno de los taller más grandes de España, además del más moderno en medidas de seguridad, al incorporar cámaras biométricas que delimitan de forma inteligente la entrada de cualquier persona para diferenciarlo de animales, y otras de vigilancia visual. A eso se suma que cumple las distancias de seguridad con las viviendas más próximas, habiendo adquirido también terrenos anexos para garantizar esa lejanía. Y cuenta con dos depósitos de agua con capacidad para 50.000 litros para atender cualquier emergencia, con su motor independiente de gasoil para garantizar su uso en caso de un apagón eléctrico, entre otras medidas de protección. Y es que en este tipo de talleres pirotécnicos se requiere cumplir con la ley industrial y la normativa de seguridad ciudadana.

Las naves tendrían una capacidad para alojar 50.000 kilos de pólvora, aunque la normativa ha evolucionado en estos años de tramitación de las autorizaciones y ha tenido que reducir las capacidades por las distancias entre las dos naves.

Las naves pueden almacenar 25.000 kilos de explosivos y cuenta con vigilancia inteligente

decoration

El depósito más grande puede concentrar 23.500 kilos de pólvora, por los 1.500 del segundo. Y, además, una de las novedades que incorpora es la presencia de luz artificial dentro de las naves, lo que permite trabajar durante más horas, según su promotor.

La ejecución de este proyecto ha tardado en ver la luz 10 años. Jiménez Dávila asegura que no tanto por la tramitación por las características de esta industria, sino porque culpa de un error técnico en el Ayuntamiento de Arucas en la calificación de los terrenos, que le obligó a un largo proceso para desenredar la madeja burocrática nuevamente, tras declararse estas tierras agrícolas de interés cuando estaba en medio del proceso.

“Las autorizaciones por la actividad fueron rápidas”, aclara.

Vista general de las instalaciones, situadas en la zona rural de Los Altabacales, entre Arucas y Teror. Andrés Cruz

Sin embargo, el esfuerzo económico, tiempo y sacrificios se ha quedado ahora congelado. La pandemia ha obligado a la suspensión temporal de las celebraciones y, con ello, con las expectativas profesionales que se había fijado con el estreno de las instalaciones.

Además, pretendían empezar a trabajar con un tipo de explosivos para realizar pequeñas voladuras controladas en obras.

“Tanto tiempo esperando y ahora no tenemos trabajo”, se lamenta Francisco Jiménez.

“Tanto esperar y ahora sin trabajo; a ver si salvamos la Navidad”, lamenta Francisco Jiménez

decoration

En el almacén se guardan cerca de 7.500 kilos de pólvora que se iban a gastar este pasado verano, casi un tercio que lo que consumía en un año normal. Cerca de 250 referencias de artículos explosivos, que van a pasar algún tiempo en sus estanterías, vista la suspensión de las fiestas. Sus voladores están dejando de lanzarse al cielo en lugares habituales para ellos como El Puertillo, de Arucas; San Lorenzo, en la capital; Guía; y Las Nieves, en Agaete.

“Vamos a ver si podemos salvar la temporada en Navidad”. Una parte del su negocio se basa en la organización de los espectáculos pirotécnicos en muchos hoteles de la costa turística grancanaria. “Si no cambia esto, va a ser nuestra ruina”, señala con cierto pesimismo, sabiendo que el mantenimiento de esta actividad conlleva un gran gasto económico, sobre todo en materia de seguridad y en los seguros.

Fuerteventura

Pirotecnia Canarias mantiene cerradas sus otras cuatro tiendas de San Andrés (Arucas), Las Palmas de Gran Canaria, Santa Lucía y San Bartolomé de Tirajana, en Gran Canaria. Además, está tramitando desde hace cuatro años otro expediente para construir un taller en Fuerteventura, de menores dimensiones.

La crisis del sector hace que sus cuatro empleados se encuentren bajo un expediente temporal de empleo (ERTE). Y no solo eso, sino que cuando ha tenido que sacar por algún día a alguno de sus empleados para un trabajo puntual que requiere apoyo por razones legales para este tipo de actividades, que se fija en este caso según el volumen de las explosiones previstas, luego han tenido problemas para reincorporarlo a la suspensión temporal de empleo. “A ver si podemos, por fin, podemos empezar a trabajar tranquilos”, sentencia.

Para continuar leyendo, suscríbete al acceso de contenidos web

¿Ya eres suscriptor? Inicia sesión aquí

Y para los que quieren más, nuestras otras opciones de suscripción

Compartir el artículo

stats