Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Medio Ambiente

El Cabildo sigue a la espera del Gobierno canario para soltar sus 2.500 perdices

El retraso pone en peligro la próxima campaña de caza y la expansión de la especie por la Isla

Unas 2.500 perdices debían ser liberadas este mes de noviembre desde los corrales de la finca de Tirma para garantizar que el próximo verano haya suficientes ejemplares en los campos de Gran Canaria, tanto para la temporada de caza como para la supervivencia de esta especie en la Isla, donde no dispone de un hábitat adecuado para su reproducción.

Ante las dificultades para procrearse, el Cabildo de Gran Canaria dispone desde hace décadas de dos centros de cría de perdices en cautividad, en el Corral de los Juncos y en Tirma, para facilitar la presencia de estas aves mediante la aportación al ecosistema de unos 3.000 ejemplares año. Sin embargo, este año no se han soltado porque la Consejería de Transición Ecológica del Gobierno de Canarias no ha dado su autorización, lo que preocupa a las sociedades cinegéticas y al propio gobierno insular.

El director general de Medio Ambiente del Cabildo, Manuel Amador, admitió ayer que este año ya no se llegará a tiempo de soltar las perdices en noviembre, pero se mostró confiado en que sus homólogos del Ejecutivo regional accedan a dar la autorización y se puedan dejar en libertad a lo largo del mes de diciembre.

El Ejecutivo es reacio a autorizar la liberación de perdices y conejos en noviembre

decoration

Amador explicó que esos permisos se otorgan por cinco años y el último ha caducado en 2020, por lo que debe ser renovado. Los responsables de Medio Ambiente del Gobierno autonómico, apuntó, siempre han sido “reacios” a la suelta de conejos y perdices para que los cazadores dispongan de un mayor número de ejemplares de ambas especies cuando se abra la veda.

Esa negativa, sostuvo, “puede ser entendible” en el caso de los conejos, pero no así en el de la perdiz roja, pues opinó que “en cuatro o cinco años” podría desaparecer de los campos grancanarios si se erradica la actual cría en cautividad.

“No compartimos las restricciones que nos están poniendo y, por lo tanto, tenemos esperanzas de que nos autoricen, tenemos que convocar una reunión urgente para ver qué va a ocurrir”, declaró Amador, quien consideró que no hay problemas si se limitan las sueltas de conejos, pues son animales acostumbrados a huir y a superar las enfermedades. “Se adaptan de forma fantástica a nuestra isla, pero no es el caso de las perdices, que no tienen un hábitat apropiado en Gran Canaria”, subrayó.

La finca cinegética del Corral de los Juncos tiene unas 400 parejas reproductoras

decoration

El Cabildo dispone en el Corral de los Juncos, cerca de El Garañón de Tejeda, de una granja cinegética con unas 400 parejas reproductoras. Cada año producen alrededor de 5.000 pollos, de los que 3.000 se llevan a la finca de Tirma, en Artenara, para su crecimiento y posterior liberación en el campo. Este año se ha reducido la cantidad a unos 2.500. El resto de los pollos se reservan para mejorar los cruces y la pureza de la propia especie, pues una de las críticas de los cazadores es que han perdido su condición salvaje.

Se calcula que un tercio de las perdices que se sueltan en noviembre continúan vivas cuando se abre la temporada de caza, en septiembre, y luego dos de cada tres sucumben ante los perros y las escopetas. Las que sobreviven se reproducen en libertad y pueden alcanzar hasta los tres o cuatro años de edad.

MALTRATO A UN TARRO CANELO

El Cabildo atiende en su Centro de Recuperación de Fauna Silvestre a un tarro canelo que llegó con diez plumas de sus alas cortadas adrede para domesticarlo, lo que le impide volar, por lo que está débil y desnutrido tras ser hallado deambulando por las calles de Tamaraceite por un viandante que dio la voz de alarma. Los veterinarios realizaron un reconocimiento a este ejemplar juvenil de tarro canelo, un ave que pertenece a la familia de los patos, que llegó con 700 gramos de peso cuando su peso habitual en su edad es de 1,2 kilogramos. Los veterinarios valoran la posibilidad de realizarle injertos de plumas, para lo que buscan otro ejemplar. | LP/DLP

Compartir el artículo

stats