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La Provincia - Diario de Las Palmas

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ANÁLISIS

Tras las huellas del ingenio de Bartolomé Páez

Numerosas crónicas e indicios sitúan en el pueblo costero de San Andrés, en Arucas, el trapiche azucarero del que fuera regidor de Gran Canaria en el año 1498

Fragmentos de las llamadas ‘formas de azúcar’ en los encalados e interior de una de las paredes de la estructura. | | LP/DLP

La ocupación humana de un territorio limitado físicamente, donde a lo largo del tiempo se han ido estableciendo diferentes modelos económicos y culturales como es el caso de nuestra isla y concretamente de nuestro municipio de Arucas, solapa el patrimonio que las sociedades pasadas fueron construyendo, creando así nuevos paisajes. El análisis de estos espacios vividos son el punto de encuentro entre la geografía y la historia. Estas diferentes comunidades humanas y sus relaciones con el territorio donde se asentaron plantean, a la hora de su estudio, una complejidad cronológica espacial que debemos resolver con una correcta lectura por medio del método científico. Este artículo nos acerca a uno de estos encuentros en un marco geográfico e histórico concreto.

Tras la conquista de Canarias se estableció en las islas de Gran Canaria, Tenerife, La Gomera y La Palma el cultivo y producción de azúcar, que fue determinante en los nuevos procesos socioeconómicos y culturales de la nueva sociedad colonial de finales del siglo XV y durante casi todo el siglo XVI. La caña de azúcar, uno de los cultivos más rentables de la época, llega a las islas atlánticas procedente de Sicilia alrededor de 1430, cuando el infante Enrique de Portugal manda implantar su cultivo en la isla de Madeira. De allí pasa a Canarias, cuando el gobernador Pedro de Vera, en 1483 manda a traer este cultivo a Gran Canaria, así como personal de origen portugués, no solo conocedor de este cultivo, sino también de los procesos de transformación de la caña en azúcar. El mercado de este producto era el europeo. Así reza un documento de 1554: “y se plantaron por toda la isla muchísimos cañaverales que luego comenzaron a dar infinito azúcar muy bueno de forma que la isla en breve tiempo se ennoblesio”.

No existe un consenso entre los diferentes investigadores sobre el número de ingenios que existieron en Gran Canaria. Para estos años de finales del siglo XV y mediados del XVI se citan entre 15 y 24 complejos. Un testimonio de mediados del siglo XVI señala que, “por toda la isla crecio el de los ingenios assi de agua como de caballos…, particularmente en Arucas, y Firgas, y barranco Guadalupe”.

Uno de estos ingenios fue el de Bartolomé Páez, creado a principios del siglo XVI o finales del XV.

Sobre la localización del ingenio de Bartolomé Páez, diferentes autores lo habían situado en la Costa Layraga en un punto sin determinar, como Caballero Mújica, que lo ubicaba entre San Andrés y Bañaderos y otros investigadores lo emplazaban en el mismo Bañaderos.

El barranco de Aumastel

El topónimo Lairaga, Airaga o fagalairaga, es una voz de origen indígena canario que pervivió hasta principios del siglo XX en diferentes documentos. Abarcaba las zonas comprendidas entre Bañaderos en Arucas y San Felipe en Santa María de Guía. Esta comarca también fue conocida como La Costa hasta no hace mucho tiempo. Pero hay que puntualizar que en algunos documentos del siglo XVI a la parte baja de este barranco de Aumastel (voz indígena canaria, nombre por el que era conocido este cauce), también se le denominaba barranco Layraga o Airaga. Así se expresa en un documento de 1514. “En el barranco de Lairaga, en compañía de Pedro de Lugo, hermano del dicho adelantado don Alonso Fernándes de Lugo; … e porque paresció que las aguas del dicho barranco de Lairaga podían ser mejor aprovechadas en las tierras del Palmital que no en las tierras de dicho barranco de Lairaga, con licencia e mandado de Su Alteza mudó todas sus tierras e engenio que tenía en Airaga al heredamiento que oy tiene en el Palmitar, e gastó otras muchas contías de maravedís en dexar perder el engenio que tenía en la dicha Airaga e tornar a fazer de nuevo engenio en el dicho Palmitar. Si saben… que… por servir a Su Alteza e por fazer bien e provecho a los vecinos que en el dicho barranco de Airaga estaban e tenían tierras, fue contento en pasar sus engenios e tierras al Palmitar e dexó las aguas e tierras que tenía en el heredamiento de Airaga”.

Tras las huellas del ingenio de Bartolomé Páez

Recientemente hemos localizado los vestigios de este probable ingenio azucarero ubicado a 24 metros sobre el nivel del mar, en el tramo bajo de la margen derecha del barranco de San Andrés en Arucas, Gran Canaria cerca de la desembocadura, en un lugar conocido como Los Molinillos.

Éste último topónimo hace referencia a la existencia de dos antiguos molinos de agua localizados a escasos metros uno del otro, a unos 48 metros sobre el nivel del mar. Del primero de estos inmuebles etnográficos se conserva el cubo y el edificio del molino, del segundo tan sólo el cubo.

Según la información oral pertenecieron a Lorenzo Domínguez Castellano, natural de Moya. Estos molinos funcionaron hasta los años cincuenta del siglo XX. También cabe la posibilidad que el término Los Molinillos sea más antiguo y haga alusión al molino del antiguo ingenio azucarero.

Los restos del probable ingenio de Bartolomé Páez están ubicados al lado del camino de Los Molinillos, son tramos de muros que pueden tener alguna relación con el ingenio mencionado.

Fragmentos cerámicos

Estas estructuras están elaboradas con piedra, cal y barro, tanto en los encalados de las paredes como en el interior se puede observar la existencia de abundantes fragmentos cerámicos de formas azucareras de las llamadas de Aveiros, que fueron importadas directamente desde Portugal, así como otros restos de alfarería relacionados con la elaboración del azúcar, que aparecen también en los terrenos colindantes.

La elección de este lugar para la construcción de este probable ingenio, respondió a una serie de circunstancias geográficas y culturales muy concretas, como ocurre en este caso con el agua, los caminos, la cal, la propia caña y la proximidad del mar.

Así, el cauce de Aumastel corresponde a uno de los denominados barrancos de Cumbre, que históricamente fue conocido por la abundancia de este elemento líquido que discurría por su cauce durante todo el año. Un documento del año 1501 dice: “la qual dicha acequya parecía como fue sacada del río de Afyrga que va a dar al engenio de Pedro de Lugo, que santo paraíso aya, que agora es de Francisco Riverol”.

El agua fue la fuerza motriz para poder mover las ruedas de los molinos y poder moler la caña dulce en este ingenio. La actual acequia se encuentra a unos 59 metros sobre el nivel del mar, y de ésta hasta el probable ingenio existe una pendiente pronunciada que alcanza aproximadamente un 20 por ciento en una distancia de tan solo 170 metros. La actual acequia seguramente pasa por el mismo lugar que el antiguo canal que llevaba el agua al ingenio azucarero.

A ello se añade la existencia de un entramado de caminos en Aumastel desde época indígena que conectaban diferentes puntos geográficos. Algunas de estas vías facilitaron el acceso a la llamada Selva de Doramas, de donde se traían las cargas de leña a lomo de animales (caballos, camellos, asnos y bueyes), combustible esencial en la elaboración del azúcar. Es conocido que parte de la madera procedente de la Selva de Doramas se transportaba por el barranco de Moya hasta la Costa Layraga, hasta un lugar conocido como el Lance, ubicado en la desembocadura barranco del Pagador donde la tradición oral también lo conoce como Puerto del Lance de La Madera, por donde se sacaban materiales con destino a los ingenios del norte de la isla.

Asimismo, la cal es un elemento esencial para la elaboración del azúcar y como material de construcción de la época. En este sentido, en el barranco de Aumastel ya desde 1539 está documentada la existencia de hornos de cal.

Sabemos gracias a la información oral y a la existencia de elementos etnográficos relacionados con esta actividad que hasta el siglo XX se siguió elaborando cal en dicho barranco.

Esta labor era posible debido a la existencia de depósitos de rocas carbonatadas, donde apreciamos restos vegetales fosilizados. De hecho, a poca distancia del ingenio de Bartolomé Páez, en la margen derecha del barranco se conservan los restos de un antiguo horno, probablemente de cal, que pudo pertenecer a la época del ingenio estudiado.

El más poblado de cañas

Según diferentes documentos de la época, La Costa de Layraga fue uno de los principales lugares de cultivo de caña de azúcar en la isla de Gran Canaria: “E dexó e repartió después en algunas personas a quien Su Alteza hizo merced de aguas entre algunos vecinos desta isla e está oy día el dicho heredamiento de Airaga el mejor e más poblado de cañas de açúcar que hay en la isla”.

Por último, la proximidad al mar, facilitaba la salida del azúcar, así como la cercanía al antiguo camino real que unía Gáldar y Las Palmas de Gran Canaria.

Eran estos elementos muy importantes a la hora de establecerse en esta zona el ingenio de azúcar. Así existe una declaración del año 1505 donde Hernán López, trabajador del propietario de plantaciones de caña de azúcar del también portugués Juan Fernández, dice que se lo encontró “saliendo de la arada al camino real que va al engenio de Bartolomé Páez que es en Ayraga”.

Algunas de estas ventajas determinaron que existieran al menos otros cuatro ingenios azucareros en este barranco de Aumastel. En este sentido, en 2007 pudimos localizar a unos 96 metros sobre el nivel del mar, en el tramo bajo de Azuaje y en su margen derecha, en el lugar conocido como La Trinidad en el municipio de Firgas, las ruinas del probable ingenio de Pedro de Lugo, el Señorino, hermano del Adelantado Alonso Fernández de Lugo, Gobernador de Tenerife y La Palma.

Este ingenio luego pasó a ser propiedad del banquero y magnate genovés Francisco Riverol. Los restos de este ingenio, fundado por Pedro de Lugo, son por el momento los más antiguos conservados en Canarias. Estos vestigios se hallan no muy lejos del ingenio de Bartolomé Páez, de hecho, existen antiguos caminos que conectaban ambos ingenios.

Un dato curioso que hemos observado fue el establecimiento de molinos de agua en los mismos lugares donde anteriormente se habían ubicado los antiguos ingenios azucareros, este hecho demuestra de manera clara que existía la fuerza hidráulica necesaria para mover las ruedas de molino, como así constatamos en los ingenios de La Goleta en Arucas, el de la Trinidad en Azuaje de la villa de Firgas o el de Soleto en Santa María de Guía.

Proceso inquisorial

Poco conocemos de Bartolomé Páez, se sabe que procedía de Sevilla, y ya en 1498 aparece como regidor, lo que se corrobora en 1505 con el mismo cargo de regidor de Gran Canaria, para en 1511 ser elegido como personero de Gran Canaria durante tres años, y según la información documental consultada de la época refleja que no era muy buen pagador de sus deudas ni cumplidor de sus contratos, hecho muy común entre los señores del azúcar.

A ello se suma un proceso inquisitorial entre 1503 y 1505, donde lo acusaron de judeoconverso. Pese a todo se le atribuye la fundación de la ermita de San Andrés, que estaría ubicada donde hoy se encuentra la parroquia del actual barrio costero, que se localiza a unos 300 metros del probable ingenio. En la segunda mitad del siglo XVI este ingenio, según algunos investigadores, tenía un nuevo propietario, el que fuera regidor de Gran Canaria Damián de Azuaje en Fagalayraga.

En cualquier caso, aún no se ha podido datar la fecha en la que dejó de funcionar este ingenio azucarero.

Estos primeros ingenios marcaron, sin lugar a duda, la genética de la mayoría de la población canaria actual, fruto del mestizaje de estos primeros momentos.

Nuevos colonos llegados de la Península Ibérica y de Italia, esclavos traídos del norte de África y de la parte subsahariana e indígenas de este archipiélago (canarios, gomeros y guanches), un crisol de diferentes lenguas se podía escuchar en estos antiguos ingenios, así como en las plantaciones de caña. Futuros trabajos de investigación y conservación determinarán la importancia y el futuro de este enclave, parte de nuestro patrimonio cultural que ha llegado hasta nuestros días, sobre los espacios vividos de otros tiempos.

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