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Gáldar.

El milagro de las abejas de cristal

Juan Félix Díaz Quintana logra crear miel y panal en el mismo bote en el que la comercializa | El proceso solo es posible en años de gran abundancia de flora

El apicultor atendiendo sus colmenas en las medianías de Gáldar. | | LP/DLP

El apicultor atendiendo sus colmenas en las medianías de Gáldar. | | LP/DLP

Cien abejas dentro de un bote de cristal de unos 375 centímetros cúbicos trabajan a destajo, bajo un aparente caos que esconde una coordinación perfecta. El ambiente está a 32 grados, una temperatura que como la humedad, corre a cargo de una cuadrilla que agita las alas en el momento preciso para mantener los dos valores estables. Otro grupo se entretiene elaborando las celdillas, adhiriéndolas al cristal, acomodándolas con precisión a la curvatura del recipiente. Otro rancho más va llenando de miel cada una de las celdillas, y un cuarto equipo va cerrando los espacios que ya están colmatados de golosina.

En la imagen, las abejas de Juan Félix Díaz Quintana, trabajando en la fabricación de cera y miel dentro de los botes de cristal. | | LP/DLP

Un espectáculo ofrecido en 29 botes en lo que resulta un milagro transparente de la naturaleza, un momento insólito de la apicultura que solo se ofrece -y funciona-, cuando es tanta la producción de néctar gracias a la abundancia de lluvias que este año ha regalado las medianías del norte, que las abejas tienen que buscar cualquier sitio disponible para hacer frente a la demanda.

El alquimista de este trasiego se llama Juan Félix Díaz Quintana, de 57 años de edad, profesor de Lengua y Literatura del instituto Roque Amagro, coleccionista de estilográficas, apicultor, locutor de radio quinquenal, inventor, maquinador de propóleos y trajinador impenitente. Una fiesta el señor Juan Félix.

El propio Díaz Quintana está “maravillado”, y tilda el resultado “de un milagro que solo es factible en lugares y momentos de abundancia”. El por qué lo hace no solo tiene que ver por el propio festival en sí, que lo es, sino también por su afán de experimentar, y por que de ahí saldrá lo que viene a ser una suerte de caviar de colmena.

“Fue una idea que me surgió inesperadamente y decidí llevarla a la práctica, fabricando un artilugio donde poner los botes de forma invertida, y lo que provoqué fue su deseo de ocupar nuevos espacios”. Esto lo hizo hace un mes y medio, y lo que sucede es que ahora las abejas ponen la miel directamente dentro del tarro, y con ella también el panal que las contiene, tal cual ellas lo almacenan para su propio consumo, lo que implica en un mismo recipiente, disfrutar de miel, cera e incluso el polen.

A medida que se vayan rellenando, las propias abejas, por una simple cuestión de espacio, van saliendo y cuando todo acabe, dentro de mes y medio, Juan Félix Díaz desenrosca, lo saca de la colmena y le pone la tapa.

“Esto se consume sin mediación del hombre, yo no toco absolutamente nada, y solo hay que meter la cuchara tal y como está. No se separa nada, la miel y la cera, con la gran ventaja que también la cera es virgen ya que la han creado las abejas que tienen entre siete y quince días no para criar ni para ningún otro uso, sino para almacenar la miel, consiguiéndose una cera de color blanquecina que ha tenido un solo uso”.

Y abunda en la explicación. “Cuando la gente toma miel, ésta proviene de un panal que ha sido reutilizado por las propias abejas varias veces, y eso puede generar algunos residuos, al contrario que lo que ocurre con este sistema, que por lo tanto no ha entrado en contacto con ningún tratamiento dentro de las colmenas y no existe ninguna posibilidad de la presencia de un patógeno, aunque esto ya de por sí es muy difícil porque la miel es un antiséptico”.

Para ofrecer una idea de la sutil sustancia de este tabefe, Juan Félix ilustra que “algunos hoteles de alto standing sirven la miel con la cera en panal, de manera que el consumidor la degusta tal y como la usan las abejas, poniéndola en vertiente y dejando que vaya goteando, y de hecho algunos de estos establecimientos me la han pedido así. La diferencia en este caso es que ya la sirvo embotellada, y de la otra manera está expuesta a la intemperie”.

Esa pureza es algo único, si se atiende a que “el 70 por ciento de la miel que se vende en Canarias es pseudomiel, mezclada con sirope, y para comprar miel pura hay que ir directo al apicultor porque si no está comprando otra cosa”.

El apicultor comercializa su arcano de mieles -con cinco sonados premios insulares-, hidromieles, ceras, polen, vinagres de miel y propóleos, del que es el único productor con ficha sanitaria, bajo la marca Maraseo, pero hacerse con uno de estos botes es algo más complicado. Apenas se corrió la voz de este milagro de las abejas de cristal ya tiene más de la mitad de la producción apalabrada.

Y subiendo.

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