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Sucesos históricos

Sangre en tierra de brumas

El remoto barrio de Timagada, en Tejeda, fue escenario en 1932 de un crimen brutal que transcendió más allá de Gran Canaria

El arriero asesinado, Damián Martín, con 24 años.

El arriero asesinado, Damián Martín, con 24 años.

El mundo rural canario es pacífico por naturaleza, pero la violencia que se desata por la disputa de un camino o por viejas desavenencias a veces puede ser brutal. Eso lo sufrieron dos familias del barrio cumbrero de Timagada, en Tejeda, que durante años estuvieron enfrentadas a la luz de una historia secular de rencillas. Hasta que se tensó la cuerda una tarde de otoño de 1932 y un campesino mató a otro de una pedrada.

A veces en la Cumbre, ese lugar que se esconde tras las brumas, algún campesino agraviado discute con su vecino y embrutece. La familia y la tierra, a la que se sienten muy apegados, forman su núcleo más próximo y por ellas son capaces de matar. Uno de estos crímenes atávicos sucedió a primera hora de una tarde espesa del 23 de septiembre de 1932 en un lugar llamado Timagada, un pequeño caserío situado en la vertiente sur del Roque Nublo, en Tejeda. Uno de los hermanos Pérez lanzó con toda su fuerza una gran piedra desde la ventana en la que se encontraba y quebró la cabeza del arriero Damián Martín Suárez, de 38 años, que pasaba por debajo.

El suceso se vivió con la extrañeza y el temor de quien se encuentra frente a páginas del pasado más lejano resucitadas con actores de carne y hueso. "Un movimiento de repugnancia se produce, ante el hecho, en todos los seres civilizados. Y un ansia de que la escuela llegue a estos enriscados lugares y acabe por ahogar la animalidad existente...", decía La Gaceta de Tenerife sobre un hecho que trascendió más allá de Gran Canaria.

El remoto barrio de Timagada, en Tejeda, fue escenario en 1932 de un crimen brutal que transcendió más allá de Gran Canaria

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Allí, en la remota Timagada, residían dos familias que constituían el verdadero grueso de la población y que desde hacía ya tiempo estaban enfrentadas. Al parecer, porque la parentela del arriero Damián Martín decidió vivir en el barrio tras comprar la vivienda en la que hasta entonces residía uno de los hijos de doña Narcisa García Melián. Éste salió de la casa a disgusto.

Esas desavenencias dieron lugar a que poco después un hijo de doña Narcisa, llamado Miguel Pérez García, denunciara a su nuevo vecino por haberlo agredido, "de una forma tan feroz que le desgarró a mordiscos una oreja". Una versión de cuya certeza niega en la actualidad la hija del fallecido. Pero fue otra gresca que hierve la sangre de este prolongado camino de desencuentro. Lo cierto es que el incidente creó una tensión desproporcionada entre las familias hasta tal punto que no les alcanzaba una vida para poder configurar una paz decisiva.

Aquel jueves se produjo el golpe de muerte. El arriero Damián Martín subía con su mula cargada de almendras desde El Espinillo. Ya entonces, uno de los hijos de doña Narcisa se encontraba en el alpendre de la Casa Blanca, limpiando la cama a las vacas, cuando vio aproximarse a su vecino. Al llegar éste a la altura de la ventana, una gran piedra cayó con fuerza sobre la cabeza de Damián Martín.

De la casa se vio salir corriendo a Juan María, quien un día después se entregó al juez de instrucción de Guía. El homicida relató a la autoridad judicial que encontrándose en la gañanía de su padre pasó Damián, que lo tenía amenazado de muerte desde hacía tiempo y que sin mediar discusión alguna, éste la emprendió a pedradas con él, amenazándole con estas palabras: "¡A tu hermano le arranqué la oreja y a ti te voy a arrancar el corazón!" Y prosiguió su relato. "Ante la lluvia de piedras que caía se cubrió la cabeza con la azada que utilizaba en su trabajo y al comprobar que Damián se dirigía hacia él en actitud agresiva, dejó caer la azada dándole en la cabeza a su contrincante, al que vio caer, pero sin suponer que lo había matado".

Versión discutida

Sin embargo, varias personas que vieron el cadáver no creyeron la versión del autor y menos que “solamente dejó caer la azada, dándole sin querer”, sentenciaba la prensa.

El juez de Guía se personó en el barrio cumbrero de Timagada junto al médico forense, encargado de reconocer al cadáver. "De su informe se conocerá si efectivamente el suceso se desarrolló como lo cuenta el autor, pues si efectivamente tiene hecho pedazos los huesos frontal y parietales, forzosamente tiene que haberse dado el golpe con una gran violencia, pues de lo contrario, no hubiese producido tanto daño", deducía LA PROVINCIA. Por eso, el juez se llevó a Guía, en una bestia, la piedra hallada en el lugar del crimen.

Damián Martín estaba casado con doña Carmen Jiménez y dejaba huérfano a seis hijos de corta edad y uno que venía en camino, pues su esposa estaba embarazada de cuatro meses. La séptima criatura se llamaría Damián en memoria del padre que mataron junto a la Casa Blanca, la más antigua del valle de Timagada, pues data del año 1750, un lugar donde una mano anónima colocó poco después una cruz de madera en su memoria.

Un vecino junto a la Casa Blanca, en Timagada. Pedro Socorro

“¡Vamos a hacer justicia!”

“Narcisa era una mujer histérica, algo malo debía de tener porque siempre estaba peleando. Les decía a sus hijos: ‘¡Estamos en la República y hay que hacer la Justicia por nuestra mano!”, recuerda Rosita Martín, la hija del arriero asesinado. “Claro, a los hijos los fue envenenado, envenenando, mientras mi padre prosperaba”. Como en las malas películas todo trató de resolverse judicialmente. Sin embargo, la tradición oral mantiene que la madre fue la supuesta instigadora y que ni siquiera Juan María fue el autor material del crimen sino otro hermano, pero asumió la culpa porque su allegado estaba casado y debía sacar adelante a su familia, mientras él no había ido al cuartel. Y es que este suceso reúne las claves suficientes como para pensar que la averiguación no había concluido con la mera información del crimen.

Rosita Martín, en una imagen de 2010.

Rosita Martín, en una imagen de 2010. Pedro Socorro

“La piedra dejó a mi padre en el sitio”

Rosita Martín Jiménez, de 79 años en 2010, es una mujer amable y coqueta. Ella tenía 16 meses cuando mataron a su padre, Damián, un drama que marcaría por vida a su familia. “Siempre recuerdo ver a mi madre llorando”, aseguraba esta vecina de Tejeda cuando se hizo el reportaje original.

Rosita Martín soportaba en su memoria aquel suceso ya histórico. “Mis padres decidieron irse a Timagada y allí abrieron una tienda, tras comprar una casa en la que vivía el hijo de Narcisa. A ellos les pareció muy mal que tuviera que salir el hijo por haber comprado mis padres una casa. Mis padres pusieron allí una tiendita. Narcisa cogía fiao de la tienda hasta que mi padre le dijo un día: ‘Mire, yo le puedo fiar hasta cierto punto, pero no todo’. Aquello le pareció tan mal que a partir de entonces le cogieron tirria a mi madre”, contaba.

“A Narcisa”, proseguía, “le parecía mal hasta que mis padres se llevaran bien. Ahí fue cultivándose el veneno hasta que un día venía mi padre cargado con una mula y le tiraron una piedra desde la ventana que lo dejó en el sitio. Mire, de calumnias que levantaron, que ni se imagina. Dijeron que si mi padre era un borracho, que si se dedicaba a tirarles piedras... Hasta lo de la mordida en la oreja fue causada por un perro. Ésa fue la historia verdadera. El padre del acusado se buscó un montón de vecinos para que declararan en contra del mío. Fíjese, tres meses después de matar a mi padre, murió Narcisa a causa de una enfermedad.

Pues hasta eso lo aprovecharon en el juicio para decir que mi padre la había agredido y que murió por las heridas”, concluye. Pronto lo sacaron de la cárcel.

El arriero asesinado, Damián Martín, con 24 años.

El arriero asesinado, Damián Martín, con 24 años. Álbum Familiar

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