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Ingenio

Isabelita Milán, memoria viva de la tradición de Ingenio

Una muestra en el Ayuntamiento rinde tributo a esta octogenaria vecina de El Carrizal

Isabelita Milán, en el hall del Ayuntamiento de Ingenio. | | LP/DLP

Isabelita Milán es una popular mujer en Ingenio. A sus 82 años es custodia de las tradiciones folclóricas de la zona de sureste de Gran Canaria de la que muchas agrupaciones son deudoras a raíz de la intensa labor que llevó a cabo cuando formó parte de la Sección Femenina y más tarde del magisterio que ejerció durante doce años enseñando los principales bailes populares y juegos infantiles antiguos por numerosos centros escolares del sur de la isla.

El Festival Internacional de Folclore de Ingenio le rinde tributo con una pequeña muestra que puede contemplarse en el hall del ayuntamiento del citado municipio, en la que se exhiben algunos materiales que formaron parte de su extensa colección, entre la que figuran discos folclóricos ya descatalogados editados en los años 70 del siglo pasado, libros y publicaciones sobre la vestimenta tradicional de Canarias, donada a su pueblo y conservada en su Archivo Histórico con un único propósito. «Lo que se custodia no se pierde nunca y queda para la memoria del pueblo», señala Milán, fundadora de la Agrupación Guayadeque que, en 2011, fue nombrada Hija Predilecta de Ingenio. La octogenaria mujer explica con generosidad que «lo poquito que me queda de vida estará entregada a Ingenio y a su cultura, porque amo el folclore», dice.

Milán reconoce que la mayoría de los objetos que ha preservado se los han obsequiado. Algunos de ellos, los que tenían relación con Nanino Díaz Cutillas, los ha depositado en la Fundación que lleva el nombre del recordado y querido periodista que gestiona en El Carrizal de Ingenio la Consejería de Cultura del Cabildo grancanario. Recuerda su paso por la extinta Escuela de Folclore del Cabildo (hoy Fundación Juan Negrín) a la que durante casi cinco años estuvo adscrita como alumna.

Su pasión por las danzas populares proviene de familia y aún recuerda su paso por la Sección Femenina de su barrio, El Carrizal. «Cuando venían los miembros de la Falange a supervisar el trabajo cantábamos el ‘Cara el sol’ en el patio». Fundó la Agrupación Folclórica de Guayadeque a principios de los años 80 del siglo pasado, con 90 niños y niñas y solo cinco tocadores. En ese grupo estuvo durante 30 años consecutivos.

Isabelita Milán también fue caladora, «aunque no muy buena», reconoce. Huérfana de padre y madre y con cuatro hijos, dice que su familia «siempre ha sido una piña. En el seno de ella aprendí los juegos infantiles y el sentido valor que tienen las malagueñas para expresar el alma del pueblo canario». Lamenta que hoy «la juventud quiere saber poco de las tradiciones. Hay tiempo para todo y a mis nietos les digo que si no conservan lo de su tierra, mañana se habrá perdido buena parte de la cultura ancestral que ha pasado de generación a generación. Por eso admiro mucho el trabajo que hace Coros y Danzas de Ingenio con la juventud».

Los trajes tradicionales que confeccionó los sacó de fotografías antiguas y patrones de su abuela, que trabajaba con las modistas de su familia realizando diseños para la burguesía de la isla. «Ahora me da pena la vestimenta que emplean algunos grupos de Canarias, porque son reinventadas con multitud de prendas añadidas que nada tienen que ver con los antiguos trajes campesinos. Hay que tener en cuenta que antes de que malamente empezaran a llegar las telas a Las Palmas de Gran Canaria, la vestimenta enteriza en los pagos del interior de la isla era muy sencilla y humilde. Ahora hay mucho disfraz», sentencia Isabelita Milán.

La octogenaria vecina de El Carrizal dice que no le gustaría haber nacido en este siglo. «He vivido una época muy bonita. Me he consagrado a los más necesitados. Desde niña fue muy creyente. Valoro mucho el trabajo que hice, pero ahora me duele ver por televisión tanto disparate: todo el mundo sabe y nadie se esfuerza por aprender. Antes para poder enseñar un baile tradicional tenías que saber quién te lo había enseñado a ti, quién se lo enseñó a esa persona que te lo enseñó a ti y dónde», concluye.

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